Garrahan
Chiche Duhalde reclamó ayer que el gobierno deje cesantes a los activistas que promueven la huelga del hospital de niños Garrahan porque desatienden a los pacientes. Una audacia como candidata en un país en el cual los postulantes a cargos se deshacen en zalemas hacia los sindicalistas para halagarlos, buscar su anuencia y aparecer consintiendo la protesta. En ese hospital dirigentes de ATE han causado ya la suspensión de casi 200 operaciones de niños y el paro continúa. La candidata a senadora se dio el lujo además de hablar bien del ministro de Salud Ginés González García, que lo fue también de su esposo Eduardo y que ahora milita en las antípodas, el kirchnerismo. Es porque este funcionario acusó a los sindicalistas de ser «terroristas».
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Los trabajadores del Garrahan se mantienen firmes. Hilda Chiche Duhalde pidió que los delegados sean desplazados. El problema de los niños enfermos se agudiza.
Chiche Duhalde tampoco dejó escapar la oportunidad para deslizar una crítica a Solá: al advertir que esta serie de situaciones se producen porque «en Buenos Aires no hay gestión», que la provincia «está mal, muy mal» y citó lo que sucedía en hospitales del cordón bonaerense como en el propio Posadas. Los problemas existentes en el ámbito de la sanidad y seguridad en este momento son clave, por lo que según señaló se deben «recuperar los fondos de coparticipación que (Raúl) Alfonsín nos quitó de la provincia, para mejorar la calidad educativa y la salud».
Sin embargo, el juez Niklisson podría acceder al pedido del fiscal Troncoso si es que Carlos Tomada decide desde el Ministerio de Trabajo a su cargo tomar la responsabilidad de declarar la ilegalidad de las medidas de fuerza, que según trascendió ayer a última hora se estaba estudiando en la cartera laboral detenidamente. Más aún, las propias palabras de Niklisson son más que elocuentes: «En el juzgado estamos con las manos atadas mientras que Trabajo no declare la ilegalidad del paro del Garrahan», aseguraron.
Como se recordará, el sector duro de ATE viene planteando un sueldo básico de $ 1.800, más 600 pesos de adelanto, 2% de aumento por antigüedad y la renuncia del ministro de Salud, Ginés González García, que hace algunos días los calificó de «terroristas sanitarios».



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