29 de noviembre 2005 - 00:00

Garré, otra frepasista, reemplazará a Pampuro

Nilda Garré se enteró ayer «tempranito» (como relató) de que reemplazará a José Pampuro como nueva ministra de Defensa. Fue la designación más sorpresiva de todas las que se conocieron. Esta ex diputada que fue en 1973 la más joven de la Cámara se caracterizó por la persecución de los jueces de la Corte de Justicia anterior y por un uso displicente de los secretos de Estado, algo que le valió una renuncia y un juicio cuando era funcionaria de De la Rúa. Es otra frepasista del gabinete e hizo estremecer a los militares por la designación, aunque lo único que quiere Kirchner es copiarse de Ricardo Lagos.

De embajadora en Venezuela, Nilda Garré pasó a comandar el Ministerio de Defensa. Su designación sorprendió porque se mencionaba en ese cago al jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga.
De embajadora en Venezuela, Nilda Garré pasó a comandar el Ministerio de Defensa. Su designación sorprendió porque se mencionaba en ese cago al jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga.
Nilda Garré es la designación más conflictiva de las cuatro que se conocieron ayer. Martillo de los jueces de la Suprema Corte que se fueron tras el embate Kirchner, figura en los récords por haber violado secretos de Estado cuando era responsable de la investigación del atentado de la AMIA. También porque fue en 1973 la diputada más joven de la historia argentina.

Lo primero es clave por el rol que le cabe al Ministerio de Defensa en el seguimiento de los juicios que les reabre a los militares acusados de delitos aberrantes durante la represión clandestina de las guerrillas. El saliente José Pampuro dedicó grandes esfuerzos a arbitrar discretamente con juzgados y defensores esos procesos de manera de sortear previsibles crisis políticas internas con los uniformados. Garré deberá demostrar si su presencia incentiva esas crisis o encuentra una forma de evitárselas al país y al gobierno.

• Sorpresas

Es comprensible el malestar que había ayer entre los habitantes del Edificio Libertador ante esta designación también por el antecedente de cómo ha tratado Garré los asuntos de Estado. Una cartera adonde se manejan decretos, leyes y dineros secretos y desde la cual se administran varias agencias de inteligencia militar estaba ayer ganada por el pánico. Si se confirman las tradiciones del oficio, son pocos los documentos secretos con que se encontrará la nueva ministra.

La designación de Garré fue la que más sorpresas motivó ayer, no por ser mujer. Una de las candidatas al reemplazo de Pampuro era su jefa de asesores Ruth Diamint, una profesional universitaria que frustró su ascenso con un discurso antichavista. También estaba anotada para ese puesto la filósofa mendocina Marita Perceval, a quien se le van los años y con promesas de ser ministro (Kirchner le tenía prometido en 2003 la cartera de Educación).

En la nueva responsabilidad Garré tendrá la oportunidad de demostrar si la inversión que ha hecho en ella el presupuesto público dará alguna vez algún rédito: está hace 32 años en la grilla del salario público, desde que fue elegida diputada nacional por la JUP en 1973, cuando militaba en la llamada «tendencia» de izquierda peronista (aunque una versión menos heroica le atribuye su ingreso en la Cámara a su padre, un demócrata cristiano bastante conservador).

Antes había sido pasajera en el avión que trajo a Juan Perón al país el 17 de noviembre de 1973.

No había sido su comienzo en política, algo que conoció de la mano de su primer marido, el dirigente de la izquierda radical
Jorge Castro, con quien derivaron hacia el peronismo en 1972.

El advenimiento del camporismo la encontró a ella ya casada con
Juan Manuel Abal Medina, delegado juvenil de Juan Perón por haber sido hermano de Fernando, muerto en un tiroteo después de protagonizar el secuestro de Pedro Aramburu en 1969.

Aquel grupo del cual formaron parte, entre otros,
Julio Mera Figueroa, Carlos Kunkel y Julio Bárbaro, se dividió con la condena de Perón a los montoneros. En la recordada reunión de Olivos del 22 de enero de 1974, cuando los diputados de la «tendencia» fueron a rechazar el endurecimiento del Código Penal que promovía Perón tras el asalto al cuartel de Azul por el ERP tres días antes y salieron renunciando a sus bancas, Garré no estuvo. Tampoco renunció y durante varias semanas les explicó a sus ex compañeros de bancada que ella buscaría una solución desde adentro, no desde afuera.

Julio Mera
, que tampoco estuvo en Olivos ni resignó la banca, relató años después que recibieron un aviso de Perón a través de su jefe de custodia, Juan Esquer, de que no debían concurrir. Sabía algo también Abal Medina, con quien Garré tuvo una hija.

El golpe del '76 motivó el asilo de su esposo junto a
Héctor Cámpora en la Embajada de México, adonde vivieron hasta 1979, cuando se les dio el permiso para salir del país. Garré no se asiló y aunque visitaba a su marido en ese encierro diplomático, rompió la relación matrimonial con él.

• Asesora

A comienzos de los años '80, siempre cerca de Mera Figueroa, Garré participó con Kunkel de la mesa directiva del sector del PJ Intransigencia y Movilización, conducidos por el catamarqueño Vicente Leonides Saadi, quien los lleva a los tres como asesores del Senado.

De los tres,
Garré fue quien más permaneció en el Senado. Kunkel -a quien Garré recibió en La Plata al salir de una larga cárcel- migró hacia Florencio Varela, adonde desarrolló su carrera política. Julio Mera se dedicó a reconstruir el PJ de la provincia de Buenos Aires con dineros que le acercaba Antonio Tróccoli, convencidos los radicales de que el nuevo jefe del salteño, Carlos Menem, era el mejor adversario porque nunca podría ganar una elección.

En 1988,
Garré y Kunkel cayeron abrazados a Antonio Cafiero en la interna del PJ contra Menem. Ninguno de ellos se subió al menemismo, como sí lo hicieron tantos cafieristas de aquellos años. Ese estallido de la renovación hizo que Garré se refugiase ya en los '80 en dos registros del automotor concedidos por el gobierno alfonsinista con cargo a una de las más tradicionales «cajas» de la política criolla.

Completó sus emolumentos con una jubilación especial de $ 4.498 que le concedieron por su protagonismo en la primavera camporista de 1973
.

Se mantuvo fuera del peronismo, pero tampoco se anotó en el Grupo de los 8 liderado desde 1989 por
Chacho Alvarez. Le gustaba la música, pero ya era una leyenda viviente del peronismo y le costaba romper con el sello. La pudo convencer recién en 1995 José Bordón, con quien formó el partido PAIS por el cual fue elegida ese año como diputada nacional bajo la sigla Frepaso. Sus amigos destacan que ella fue del Frepaso de Bordón, no del Frepaso de Fernández Meijide.

Se quedó en la banca hasta 2003, con el interregno de la Alianza, cuando pidió licencia para desempeñarse como viceministra de Interior con
Federico Storani y después, Jorge de la Rúa, como responsable de la Unidad Especial de Investigación del atentado a la AMIA del Ministerio de Justicia.

Volcó al revelar la identidad de uno de los investigados de la AMIA, lo cual le costó también un juicio del que nadie se olvida. Regresó al Congreso, de donde la sacó
Kirchner -en realidad se la trajo su viejo amigo Kunkel- para ofrecerle el cargo de embajadora en Venezuela, adonde reemplazó a un profesional de carrera que no estaba a la altura de «las necesidades bolivarianas» de los dos países.

Se enteró de que iba a Defensa ayer por la mañana, antes que su antecesor Pampuro, que estuvo en Olivos comiendo asado con los Kirchner y no le dijeron nada, prueba del destrato del Presidente a sus ministros y que el nuevo senador cree se librará en su nuevo destino del Senado.

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