7 de marzo 2006 - 00:00

Giro: antes de mayo habría cumbre Kirchner-Bergoglio

Enérgico con los débiles pero dúctil con los fuertes, Néstor Kirchner usa los resquicios de las agendas para ensayar nuevos posicionamientos, como el que buscó ayer con la Iglesia. Nunca se explicará bien por qué avanzó en agravios y desaires sobre una de las representaciones más legítimas de la comunidad. Sí se entiende ahora que mande a su gente a buscar bendiciones como las que se llevaron ayer Aníbal Fernández y el senador José Pampuro. Fueron a la presentación de un libro que hizo el primado Jorge Bergoglio y a negociar una reunión con éste para antes de mayo.

El cardenalJorgeBergoglio ríejunto aAníbalFernández;JoséPampurosaludaafectuosamenteaRaúlAlfonsín.Después, elministro delInteriorestuvoreunido 20minutos apuertascerradas conautoridadeseclesiásticasy manifestóla predisposiciónaldiálogo delgobierno.
El cardenal Jorge Bergoglio ríe junto a Aníbal Fernández; José Pampuro saluda afectuosamente a Raúl Alfonsín. Después, el ministro del Interior estuvo reunido 20 minutos a puertas cerradas con autoridades eclesiásticas y manifestó la predisposición al diálogo del gobierno.
La visita sorpresa de Aníbal Fernández a la cúpula de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), ayer durante la presentación de un libro realizada por Jorge Bergoglio, fue interpretada por las autoridades eclesiásticas como un gesto de acercamiento del gobierno nacional. Por eso, ahora creen que deben demostrar reciprocidad de acción y dar un paso para fomentar un encuentro entre Néstor Kirchner y el arzobispo de Buenos Aires antes de mayo.

Tan deteriorado estaba el vínculo entre la Iglesia Católica y el gobierno nacional que la presencia de José Pampuro y del ministro del Interior alcanzó para entusiasmar a los jerarcas de la CEA con una visita de Bergoglio, segundo cardenal más votado detrás de Joseph Ratzinger para la elección papal, a la Casa Rosada. «Habemus Aníbal», parecía ser la sorprendente noticia que empezó a correr cerca de las 11 de ayer cuando se confirmó la presencia de Fernández.

Más allá del entusiasmo clerical, la versión kirchnerista marca que, ante la masiva afluencia de casi todos los sectores políticos al acto encabezado por el arzobispo de Buenos Aires en la coqueta sede del Episcopado en la calle Suipacha al 1000, el gobierno quiso reforzar su presencia con un integrante del gabinete. Para ello envió al multifuncional Aníbal, único de los políticos presentes que, sin embargo, no compró el libro, que costaba 25 pesos.

En la primera fila de la presentación de «Iglesia y democracia en la Argentina», que reúne documentos del Episcopado de los últimos 30 años, estuvieron, además, Raúl Alfonsín; el neoarista y radical porteño Enrique Olivera; la senadora Hilda Chiche Duhalde; Marta Oyhanarte; el lopezmurphysta Pablo Tonelli; el secretario de Culto de la Nación, Guillermo Olivieri, y Antonio Cafiero.

Algunos integrantes de la CEA hasta imaginaban parte del discurso que Bergoglio debería recitar ante Kirchner: la opinión aislada de algunos obispos no representa el pensamiento de la cúpula de la Iglesia. El mensaje iba claramente dirigido a las declaracionesde Antonio Baseotto, a quien acusan de haber sugerido arrojar al ministro de Salud, Ginés González García, al mar por estar a favor de la despenalización del aborto.

Otra señal enviada a la Casa Rosada por Bergoglio fue su condena a la última dictadura, al asegurar que nunca como durante ese período (1976-83) «se vio tan comprometida la integridad de las personas y sus derechos individuales».

• Explicación

En la presentación del texto, de unas 700 páginas, Bergoglio explicó que la compilación muestra «una misma preocupación y una misma actitud ante gobiernos de distintas orientaciones políticas», ya que los textos fueron elaborados en «contextos sociales y tiempos políticos diferentes».

En ese sentido, el cardenal pidió una «hermenéutica totalizante y adecuada» para interpretar los documentos episcopales, ya que «la instrumentalización de un documento por medio de un reduccionismo fragmentario desnaturaliza el mensaje constructivo y profético de la Iglesia».

Por eso, al término del acto, cuando Fernández saludó a Bergoglio, le sugirió al oído que también apliquen esa hermenéutica totalizadora para leer las declaraciones del gobierno. Consultado sobre el libro, Fernández dijo que iba a leerlo «completo» antes de emitir una opinión. «El secreto de muchas expresiones está en la hermenéutica totalizante y adecuada que pidió el cardenal. Para no met zobispo de Buenos Aires. «Nunca uno puede estar enojado con la Iglesia, que tiene 2.000 años de vida», agregó en tono conciliador.

Tras el acto,
Fernández estuvo reunido durante 20 minutos con el vicepresidente segundo del Episcopado, monseñor Agustín Radrizzani; el secretario general, Sergio Fenoy; y el titular de la Pastoral Social y obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto. Durante ese encuentro, el ministro expresó la disponibilidad al diálogo del gobierno para con la Iglesia.

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