20 de marzo 2002 - 00:00

Giro: PJ ahora avala la reforma laboral

El bloque PJ del Senado intentará desactivar hoy la derogación de la reforma laboral que promueve Luis Barrionuevo, con aliento de los «gordos» de la CGT, y que provoca dolores de cabeza a Eduardo Duhalde, especialmente, porque sería un gesto muy mal visto por los organismos financieros internacionales.

El efecto resultaría doblemente perjudicial, pues el gobierno sufrió ya el último jueves un desaire de la Cámara alta, donde se sancionó un proyecto de declaración para que la Argentina se abstenga de votar en contra de Cuba, en la comisión de derechos humanos de la ONU en Ginebra, Suiza. Aun cuando el presidente designado había decidido lo contrario y condenar la política castrista.

El gastronómico, que emitió dictamen de la comisión de Trabajo la semana pasada, tenía la intención de llevar la iniciativa al recinto hoy mismo. Pero la habitual sesión de los miércoles se pasó para el jueves, aunque sin garantía de quórum. Fue el primer síntoma de que los planes de Barrionuevo podían sufrir algún boicot doméstico.

Ayer se postergó la deliberación de bancada de los martes hasta esta tarde. La cuestión prioritaria, además de ponerle fecha a la ratificación del acuerdo federal sobre coparticipación (podría aprobarse mañana, si hay legisladores suficientes), es contener la embestida sindical. Duhalde envió varios mensajes a la cúpula del bloque en ese sentido.

Por si fuera poco, los legisladores disponen de criterio propio y son conscientes de que retrotraer la vida laboral a los convenios del año '75 podría equivaler a que las empresas desistan de habilitar nuevos puestos de trabajo en el país.

• Acuerdo

En la víspera, en dependencias de la presidencia del cuerpo, el cordobés Juan Carlos Maqueda recibió al salteño Marcelo López Arias y al sanjuanino José Luis Gioja, quienes compartieron cierto espanto con el dueño de casa por la movida de Barrionuevo. Bastante sensatos, acordaron bajar la polémica al resto de sus compañeros del peronismo y tratar de desarmarla democráticamente.

Están al tanto de que se trata de un tema sensible. Como la híbrida reforma laboral que votó el viejo Senado estuvo salpicada por sospechas de coimas,
resulta absolutamente impopular frenar la derogación y que esto trascienda más allá de las puertas del bloque justicialista.

Con picardía, el gremialista de mozos, cocineros, lavacopas y adicionistas aprovechó este sentimiento de culpa generalizado para sacar despacho de comisión y avanzar con este anhelo cegetista de practicar una regresión en el Derecho Laboral (como si no hubiera sido suficiente con la letra que metieron en aquella reforma, gracias a diputados y senadores, y al mismo gobierno de
Fernando de la Rúa que agasajó en la Casa Rosada a Rodolfo Daer y compañía, en vísperas de la sanción de la ley, llamada por algunos, Flamarique).

Obviamente, cualquiera podía imaginar las resistencias que despertaría en los senadores que lograron la reelección el 14 de octubre y, de una manera u otra, estuvieron vinculados con la reforma de 2000. El correntino
Angel Pardo fue mencionado por Antonio Cafiero en el juzgado federal de Carlos Liporaci: el bonaerense, que agitó las denuncias, señaló a Pardo como que sabía del affaire, aun cuando no lo sindicaba como partícipe.

Jorge Yoma, Eduardo Mevini busca prensa nem
y Carlos Verna levantaron la mano para sancionar el proyecto del gobierno de De la Rúa, si bien nunca fueron ligados al expediente de Tribunales.

• Complicidad

El caso de Gioja resulta significativo: formaba parte del bloque conducido por Augusto Alasino, pero se abstuvo de votar, aunque lo hizo disimuladamente y en complicidad con el santafesino Jorge Massat. Este último y Gioja fueron los únicos integrantes del PJ oficial que, estando en sus bancas, desobedecieron la disciplina de bloque de acompañar la iniciativa de la Alianza.

El grueso de la bancada -menos la santacruceña
Cristina de Kirchner, el propio Cafiero, la sanluiseña Liliana Negre de Alonso y Barrionuevo- parece decidido ahora a dar marcha atrás con la cruzada antirreforma, sin distinciones entre veteranos y biso-ños.

• Acompañamiento

No hay que olvidar una paradoja. Duhalde acaba de arriar una de sus banderas de campaña. Después de haber reclamado renuncias a granel de los senadores durante aquel escándalo, se juramentó a presentar un proyecto para voltear la ley apenas asumiera la senaduría. Lo acompañó con entusiasmo Mabel Müller, álter ego de Hilda Chiche Duhalde y esposa del número 2 de la SIDE. Hubo anuncios, pero -por supuesto-el ascenso a la Casa de Gobierno archivó esta (ahora alocada) propuesta.

En cambio, la señora de
Kirchner conserva la coherencia: sigue reivindicando la iniciativa -la primera del nuevo Senado-que presentó a las 8 del 10 de diciembre de 2001 para derogar la reforma que ella había defenestrado siendo diputada (llegó a confeccionar un capítulo sobre la materia en la comisión Antilavado creada por Elisa Carrió).

Negre
, de San Luis, no desistió de defender una de las cuestionadas decisiones que adoptó Adolfo Rodríguez Saá durante el corto provisariato. En plena visita al local de la CGT, aduló a los anfitriones y anunció que enviaría un proyecto del Ejecutivo para sepultar la reforma definitivamente. Estas damas del Senado, aun cuando no tengan otro tipo de afinidad con el gremialista, serán hoy las principales aliadas de Barrionuevo.

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