La puesta en escena que eligió Alberto Fernández para anunciar la dura propuesta de reestructuración de deuda a bonistas no dejó lugar para la improvisación política. La escena tenía claramente varios protagonistas. Alberto, central, junto a Martín Guzmán; Cristina de Kirchner involucrada en imagen con el anuncio como casi nunca se la vio en otras decisiones que tuvo que tomar este Gobierno sentada a la derecha del Presidente; y Horacio Rodríguez Larreta con la puntillosidad sanitaria que le daba el barbijo a su izquierda y colocado allí como neto jefe de la oposición. Ese cuadro monopolizó buena parte de la transmisión hacia Argentina y en especial a Wall Street.
Oposición a medida y una amenaza a Nueva York
Horacio Rodríguez Larreta acompañó como uno de los protagonistas centrales el anuncio del Gobierno sobre la dura reestructuración de deuda que se inicia.
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Con esa visión se cerró un círculo esencial en el mensaje que el Presidente y el ministro de Economìa querían enviar a los bonistas para este complicado tiempo de negociaciones que se avecina: no hay nadie en la Argentina dispuesto a prestarle el oído a otra propuesta que no sea postergar pagos hasta 2023 y podar intereses. La política argentina con poder de decisión estaba ayer sentada en el quincho de la residencia de Olivos, toda separada por un metro de distancia pero alineada en el mismo sentido. El jujeño Gerardo Morales voló desde Jujuy para ese acto en el que no habló, salvo por el apoyo que dio más tarde en redes. Igual que el correntino Gustavo Valdés. Importaba la presencia y así lo demostraron. Fue una presentación donde se jugó a la formación de una oposición ordenada detrás de la reestructuración, que a mostrar al propio oficialismo. Es cierto que no fue excluyente la cuestión: el peronismo eterno también dijo presente y sin fisuras incluso en los mensajes de apoyo como en el caso de Omar Perotti o Juan Schiaretti que mando representante.
El ambiente marcaba otro estilo. Alberto F. le dio protagonismo a la oposición desde el principio de la pandemia del coronavirus y el juego que se armó fue mutuo. Ayer, además, las necesidades de estos tiempos podían mas y le hizo olvidar inclusive a opositores que en ese acto se estaba repudiando deuda que se había tomado en el mismo gobierno de Juntos para el Cambio que ellos habían integrado. El dato que mostró Guzmán sirvió para despejar dudas y en parte también para dividir responsabilidades con anteriores gobierno: de los u$s66.238 millones que van a reestruturaciòn, u$s41.548 millones fueron emitidos en los últimos 4 años. No fue un dato menos, pero tampoco importaba tanto ayer; todos los caciques presentes saben que no existe hoy otra salida financiera para la Nación y para ellos que no pagar la deuda. Morales, de hecho, un precursor en Jujuy de politicas que en esta crisis luego tomò la Naciòn, avisò ayer le pone lìmite en $ 120.000 a los sueldos de abril que tiene que pagar en su provincia.
Cristina, sin gestos a la vista y mirando firme a Guzmán y la càmara, escuchó imperturbable una descripciòn doble de nuestras finanzas (lo dijeron el presidente y el ministro de Economía con el mismo tono) que en realidad fue la amenaza mas contundente que el gobierno querìa lanzar en este inicio de negociaciòn hacia los acreedores. “Esta situación es un default virtual”, dijo Alberto F. sin inmutarse y en realidad describió una realidad que, mas allà de los procedimientos técnicos de las calificadoras a la hora de declarar en cesación de pagos a un país, muestra con bastante precisión la situación que vive la Argentina.
¿Lo será en los papeles? El miercoles 22 de abril el país debe enfrentar un pago por US$500 millones por vencimiento de un bono global. El gobierno puede hacerlo; es decir, esta en condiciones de cancelar ese vencimiento pero claramente no el resto de los que vienen. En el mercado saben que ese vencimiento tambien es un elemento de presiòn con posibilidad de pago o no de acuerdo a como marche la negociaciòn.
Un mensaje final: Alberto formateó a fábrica su gobierno y con acuerdo de su vice. Lo dijo el mismo: “Del discurso del 1 de marzo no quedó nada. Lo hablaba con Cristina”. Tambien de esa amenaza tomaron nota todos los presentes.
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