Elvio Vitali (Biblioteca Nacional), J. González Fraga (FNA), Néstor Kirchner y Nacha Guevara, ayer, en Casa de Gobierno. Torcuato Di Tella estaba en un acto en el Cabildo en ese momento.
El ex presidente del Banco Central Javier González Fraga es desde ayer el nuevo titular del Fondo Nacional de las Artes, cargo de la que fue apartada Amalia Lacroze de Fortabat a fines del año pasado y cuyo vacío, desde entonces, contribuyó a lesionar más la imagen del secretario de Cultura, Torcuato Di Tella. En la nueva estructura del FNA también tendrá un lugar Nacha Guevara como directora ejecutiva, tal como fue anticipado por este diario en Charlas de Quincho en su edición del pasado 4 de mayo. Di Tella también designó ayer al librero Elvio Vitali como director de la Biblioteca Nacional, de la que había desplazado al poeta Horacio Sal as.
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Para timonear el Fondo, el decreto que nombra a González Fraga se atiene a los fundamentos de creación del organismo, que prevé como perfil para el cargo a un economista (por eso había llamado la atención el desfile de candidatos de los últimos meses, que fueron desde «Pino» Solanas hasta Beatriz Sarlo, pasando por Nacha, a la que se honra ahora con un puesto ejecutivo, pero subalterno). El FNA es una creación del gobierno de la Revolución Libertadora (febrero de 1958) con el criterio de una entidad de crédito. González Fraga presidió el Banco Central durante la gestión de Carlos Menem, aunque sólo hasta el advenimiento de la convertibilidad. Hombre de Harvard, neokeynesiano, tiene desde luego más afinidad con el gobierno Kirchner que con el que lo tuvo al frente del BCRA. Es profesor en la Universidad Católica (instruyó también a algunos alumnos en forma particular, como Carlos Chacho Alvarez cuando era vicepresidente de Fernando de la Rúa). Entre otras iniciativas, le sugirió a Eduardo Duhalde la supresión de las AFJP y el retorno total al sistema de jubilación estatal.
Asesor de la Unión Industrial Argentina, íntimo de Alfonso Prat-Gay y Pedro Lacoste, consejero de Francisco de Narváez en materia económica y también cercano a Mauricio Macri (con quien almorzó el miércoles de la semana pasada), González Fraga intentó, a su manera, una cruzada patriótica: imponer el dulce de leche en los Estados Unidos. Lo hizo con su empresa particular, La Salamandra, que llegó a distribuir en Nueva York con una peculiaridad para paladares extranjeros: su sabor no era empalagoso, como el típicamente criollo. También tenía su fundamento el nombre que le puso al producto: la salamandra es aquel animal que pasa por el fuego sin quemarse, condición básica y necesaria para presidir, por estos días en que la cultura oficial está en la lupa de las suspicacias, un organismo como el Fondo de las Artes. Finalmente, desde hace tiempo se le reconocen también vínculos familiares con lo cultural, ya que su hermana Elvira es la compañera actual de Ernesto Sabato: ambos estuvieron en el casamiento real de Felipe y Letizia.
La designación de Vitali en la Biblioteca, en cambio, es ditellismo puro. Conspicuo librero socialista de azarosa suerte en los negocios, silueta habitual en la calle Corrientes, Vitali ayudó a fundar la librería Gandhi en México y su sucursal en Buenos Aires, hasta que, debido a las deudas, se la vendió a Hugo Levin, de la Editorial Galerna. Hasta ahora, se desempeñaba como director del sector Acción Federal e Industrias Culturales. El sociólogo Horacio González, editor de la revista «El Ojo Mocho», será el vicedirector de esa entidad. Vitali, en las últimas elecciones, fue tercer candidato en la lista del Partido de la Revolución Democrática de Miguel Bonasso. Vitali también es conocido por su pasión tanguera. Cuando aún era dueño de Gandhi, hizo recitales de tango donde impulsó al desaparecido cantante Luis Cardei.
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