Agresiones desmedidas protagonizaron ayer sindicalistas de la izquierda contra legisladores porteños. Lograron, arrojando botellas y objetos contra los diputados, que se suspendiera la sesión. El debate era exclusivamente para considerar el veto que Aníbal Ibarra decretó para una ley que reduce la jornada laboral de los empleados de subterráneos. Los gremialistas, junto con militantes del Partido Obrero y de Izquierda Unida, llenaron las tribunas del recinto y los accesos para abuchear a cada uno de los legisladores que estaban a favor del veto por no corresponder que esa medida la adopte una Legislatura. Un escándalo intolerable en momentos en que la sociedad requiere calma.
Una escandalosa protesta colmó ayer el recinto de la Legislatura porteña, que debió suspender la sesión en la que se trataba el veto a una ley que impone la reducción de la jornada laboral a los trabajadores de la empresa Metrovías, en los subterráneos.
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El gremio afectado por la medida, acompañado por militantes del Partido Obrero, que lidera el legislador Jorge Altamira, e Izquierda Unida, coparon la tribuna de la sala de sesiones, los accesos a las bancas y se instalaron también en la calle ante la fuerte custodia policial que había dispuesto la Legislatura para la ocasión. Las barras tensionaron el clima desde el inicio de la sesión con insultos y gritos a los legisladores del Frepaso, de la UCR y a otros que estaban dispuestos a votar por la vigencia del veto que Aníbal Ibarra hizo a la norma que bajaba de 8 a 6 horas la jornada laboral por considerar que el trabajo en subterráneos es insalubre. La aprobación del veto o la insistencia con la ley requiere de 40 votos, dos tercios de los legisladores, pero ni unos ni otros lograban reunir el número. De esa manera el destino de la ley y su veto era el archivo, en medio de la conciliación obligatoria que impide a los empleados de subte, por caso apelar a medidas de queja como los paros en el servicio.
La protesta se tornó incontrolable cuando los sindicalistas comenzaron, pasadas las 19, a arrojar objetos a las bancas. Elevaron su irritación después de insultar a varios a los gritos. El diputado Julio Crespo Campos, sensible a esos ataques se levantó de la banca, tomó una silla y amenazó a la tribuna con el mobiliario. Las barras respondieron entonces arrojando botellas plásticas con líquido dudoso hacia Crespo Campos y monedazos a los radicales Cristian Caram y Jorge Enriquez, todo con buena puntería.
La sesión quedó así interrumpida hasta mañana a las 14. Ibarra consideró que la Legislatura no puede legislar sobre la duración de la jornada laboral por un lado, porque eso corresponde a convenios colectivos. También indicó que si hay condiciones de insalubridad -para lo cual aseguran estar haciendo un estudio-deben corregirse. De esos controles, el Gobierno porteño admitirías las condiciones perjudiciales de trabajo en 500 de los 1.900 empleados de las 5 líneas porte-ñas de subte. Con esos argumentos vetó la ley, pero el radicalismo -que la votó- en principio estaba dispuesto a rechazarle la medida, de modo que se reunían los 40 votos para que la norma tuviera vigencia. El jefe de Gobierno ante esa situación, la semana pasada, citó en su despacho a todo el bloque radical y logró cambiar la posición, pero no juntar los votos para que se le apruebe el veto. El conflicto terminó desarmando al bloque UCR, ya que dos diputados plantearon en el recinto una medida intermedia: votar una nueva ley correctiva pero aprobar las seis horas laborales. Si esa situación se mantiene mañana, la ley pasa a archivo a secretaría legislativa y entra en vigencia el veto, es decir, queda todo como antes del planteo de los empleados que lograron que los diputados les aprobaran la jornada de seis horas para todo el personal que se desempeñe «tripulando sus trenes, en los talleres, puestos de venta de pasajes y cualquier otra dependencia subterránea».
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