Los piqueteros más radicalizados están divididos en 2 grupos: el Bloque Piquetero Nacional, ligado a facciones tradicionales de la ultraizquierda criolla (PC y trotskistas como el Partido Obrero y el MST), y la Coordinadora de Desocupados Aníbal Verón, copada por los jóvenes de Quebracho y desligada de sellos partidarios, status que la transforma en una organización impredecible a ojos extraños.
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A este último núcleo pertenecían las víctimas fatales de los incidentes en adyacencias del Puente Pueyrredón, Darío Santillán y Maximiliano Costequi, militantes de las células de Lanús y Guernica, respectivamente, de la coordinadora Verón.
Ahí no se oculta la determinación de enfrentar a la Policía o a Gendarmería, en sintonía con el criterio que impera en otras organizaciones de izquierda radicalizadas como HIJOS y las Madres de Plaza de Mayo -línea Hebe de Bonafini-, conocida internacionalmente por haber justificado el horror: desde el terrorismo de ETA hasta la voladura de las Torres Gemelas de Nueva York.
A la Coordinadora de Desocupados Verón se la ha caracterizado como la organización más violenta. Y esto tiene una explicación ideológica, más que orgánica: los muchachos de Quebracho -famosos por haber protagonizado protestas virulentas en épocas de Carlos Menem y casi siempre encapuchados-están convencidos de que la actual es una etapa revolucionaria, con las masas dispuestas a tomar el poder.
A contrario sensu, Néstor Pitrola (Polo Obrero), Beto Ibarra (Partido Comunista de Liberación) y los demás caciques del Bloque Piquetero Nacional asumen que, en todo caso, se está en presencia de una etapa prerrevolucionaria, diagnóstico que condiciona una actitud menos confrontativa con las fuerzas de seguridad y que responde al análisis que hacen las matrices partidarias. Después de todo, son el brazo piquetero de Izquierda Unida y del PO de Jorge Altamira, y responden a una lógica.
Puede que la efervescencia de la Verón esté directamente relacionada con los orígenes anárquicos de Quebracho, una agrupación estudiantil que nació en La Plata con fuerte presencia de peronistas de izquierda y chicos de filiación marxista, mayoritariamente simpatizantes de Ernesto Che Guevara. De entrada, estuvieron huérfanos de la contención de directivas partidarias.
•En pie de lucha
Liderados por Alfredo Esteche, considerado el primer militante de Quebracho, demostraron anoche que no están dispuestos a bajar los brazos. Según un documento que hicieron conocer ayer, «la miseria y la desatención médica, educacional y alimentaria en nuestros barrios no nos deja margen para asustarnos, ni siquiera después de los brutales crímenes. Por lo tanto, seguimos en pie de lucha y no nos detendremos hasta que los responsables de los crímenes sean enjuiciados y castigados», amenazaron públicamente.
Por supuesto, acusaron al gobierno de Eduardo Duhalde de haber preparado una «mise en scène» en Avellaneda. Los piqueteros más furiosos recordaron que en cuatro años de movilizaciones en el Puente Pueyrredón «nunca hubo una vidriera» rota y que «la situación del miércoles sólo se explica si se comprende el montaje de una escena que justificó la represión criminal». Finalmente, desmintieron cualquier diferencia entre agrupaciones que pudiera haber derivado en escaramuzas entre sectores del mismo movimiento de cortadores de rutas (aún son públicas las diferencias con el Bloque Piquetero Nacional y, sobre todo, con la Corriente Clasista y Combativa y el más famoso de los piqueteros, el ex farinellista de La Matanza Luis D' Elía).
La relación con el duhaldismo es lo que distancia, tanto a la Verón como al Bloque Piquetero, de la CCyC (rama del PTP o Partido Comunista Revolucionario), que comanda el reemplazante de Carlos «Perro» Santillán, Juan Carlos Alderete-, y D'Elía.
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