Si la renuncia de Roberto Lavagna al Ministerio de Economía causó dudas ayer en el Congreso, muchas más provocó el nombramiento de Nilda Garré en el Ministerio de Defensa. Pocos, salvo el oficialismo, vieron ayer ese perfil a lo Michelle Bachelet que, con toda obviedad, se le quiso endilgar a la ex frepasista devenida en fervorosa kirchnerista.
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Quizás la aseveración más curiosa sobre el nombramiento de Garré fue la del radical Ernesto Sanz, que en pocos días asume la jefatura del bloque UCR del Senado: «No lo entiendo, no tengo una explicación», dijo.
Los diputados y senadores de partidos provinciales fueron igualmente críticos: creen que la designación acentúa un giro a la izquierda del gobierno. A diferencia de lo que sucedió con el nombramiento de Felisa Miceli -muy alabado por el oficialismo-, al kirchnerismo le costó mucho ponderar la llegada de Garré al Ministerio de Defensa.
No hubo, es claro, manifestaciones públicas en su contra ni en Diputados ni en el Senado, pero quedó claro que no fue la designación más aplaudida por los kirchneristas del Congreso.
Ninguno de ellos, de todas formas, criticó la decisión de su jefe máximo. Miguel Pichetto marcó claramente esa sensación en el oficialismo: «Es un hecho novedoso», dijo por todo concepto sobre la nueva ministra en referencia a que por primera vez una mujer ocupará en la Argentina esa cartera.
En los últimos tiempos, el Congreso no trató demasiado bien a Garré. No gustó el papel que había desarrollado como integrante del triunvirato acusador ante el Senado en el juicio político a Antonio Boggiano.
No por la calidad de su trabajo allí, sino por la cantidad. Cuando debió informar a los senadores junto a Ricardo Falú sobre las causas de la acusación a Boggiano, faltó a la cita alegando que se encontraba en los trámites previos a su nombramiento como embajadora ante Venezuela.
Esas ausencias fueron criticadas en el recinto de sesiones y luego fueron cobradas por los senadores como sólo ellos saben hacerlo: ni los más oficialistas apuraron la votación de su pliego que la Casa de Gobierno reclamaba con insistencia. Es más, se dio la curiosidad de que Hugo Chávez le diera el placet para su embajada cuando el Senado aún no la había ratificado.
Esos recelos de los senadores y diputados del PJ y la UCR tienen origen en las posturas que Garré tomó durante los últimos gobiernos.
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