26 de julio 2004 - 00:00

Hace 52 años moría Evita

Su participación en la historia contemporánea del país se extendió desde enero de 1944 hasta el 26 de julio de 1952. En esos 7 años y medio, ya sea como partícipe o como protagonista principal, la personalidad avasallante de Eva Perón, muchas veces autoritaria, marcó hitos que aún perduran o permanecen en la memoria de los argentinos, transmitidos de generación en generación. Tuvo admiradores y detractores. Produjo hechos positivos y también negativos. Adorada por sus seguidores, enarboló como bandera de lucha la palabra «descamisados», lanzada en tono despectivo para identificar las columnas que en octubre de 1945 avanzaron sobre la Plaza de Mayo. Esas mismas columnas que, multiplicadas, la despidieron en 1952. Ese 17 de octubre, la Fundación, el voto femenino y su renunciamiento nunca aclarado a la candidatura vicepresidencial son sólo una parte de esos hitos.

El día que Perón asume su segunda presidencia, su esposa ya estaba muy enferma. No obstante, lo acompañó en el recorrido entre la Casa Rosada y el Congreso. Moriría un mes después.
El día que Perón asume su segunda presidencia, su esposa ya estaba muy enferma. No obstante, lo acompañó en el recorrido entre la Casa Rosada y el Congreso. Moriría un mes después.
Sobre el primer encuentro de Eva Duarte con el coronel Juan Domingo Perón se han tejido mil versiones. Desde que fueron presentados por el escritor y poeta Homero Manzi hasta que el intermediario fue el coronel Francisco Imbert, a quien se asoció -en ésas y otras versiones- sentimentalmente a Eva Duarte.

Se conocieron el 22 de enero de 1944 en el Luna Park, durante un festival destinado a recaudar fondos para auxiliar a las víctimas del terremoto que había sacudido a San Juan pocos días antes.

La periodista Vera Pichel, en su libro «Evita íntima», atribuye a la misma Eva Perón el siguiente relato de los hechos de esa noche: «Había llegado al Luna Park acompañada por su amiga Rita Moreno cuando se iban cerrando las puertas de acceso debido a la cantidad de público que había concurrido. A fuerza de ruegos y sonrisas, consiguieron que uno de los porteros se demorara un poco y, de este modo, lograron entrar. El único hueco que encontraron fue precisamente cerca del escenario, y allí quedaron las dos».

• Silla vacía

«De pronto, la persona que estaba junto a Perón (*) se levantó, dejando la silla vacía. Bastó ese segundo para que Eva Duarte se precipitara hacia ese lugar burlando todo protocolo, frente al asombro general», continúa la versión.

En un reportaje que Vera Pichel le realizó años después de se episodio, Evita lo relató en los términos que siguen:

«Yo no puedo decir ahora cómo me animé a hacerlo. No lo pensé, porque si lo hubiera hecho me habría quedado donde estaba... Pero el impulso lo hizo todo. Vi el asiento vacío y corrí hacia él, sin pensar si correspondía o no. Me vi de pronto junto a Perón, que me miraba con aire un tanto asombrado y empecé a hablarle... Que sé yo... Ni me acordaba de mi amiga, ni miraba las caras de los presentes, sorprendidos, quizá, por mi desparpajo. Lo real es que yo estaba allí, conversando con Perón, roto ya el hilo inicial, y sin que nadie hiciera nada por sacarme de ese lugar. No podían hacerlo.Ya estábamos hablando como si nos conociéramos de toda la vida... Los números artísticos se iban sucediendo, y compartimos los aplausos y el entusiasmo de la gente. Cuando el acto terminó, Perón me invitó a que lo acompañara a comer algo por ahí. Acepté y fuimos. Quedé marcada a muerte. Fue como lo dije tantas veces: mi día maravilloso»
.

(*) Testigos de aquel festival nos relataron en varias oportunidades que quien estaba sentada al lado de Perón era Libertad Lamarque, que se levantó para subir al escenario a cantar.

• La Fundación

La labor asistencial de Evita comenzó junto con el gobierno de Perón en 1946. Para ello se instaló primero en una oficina del Correo Central que pronto le quedó chica y, luego, en el Ministerio de Trabajo que funcionaba en el edificio del Concejo Deliberante, hoy Legislatura de la Ciudad Autónoma que fue blanco de la violencia de activistas la semana pasada.

Perón
relató alguna vez: «Mi mujer decidió dedicarse a la asistencia social y se instaló en el Ministerio de Trabajo, del que era titular José María Freire. Su competencia era distinta. Eva intervenía para los casos, que eran infinitos, que escapaban a la competencia del ministro. Nació así la Fundación Eva Perón, un organismo para la ayuda social de niños, muchachos, hombres, mujeres y ancianos, creando escuelas, hogares, clínicas y preventorios a los que el pueblo accedía sin ningún desembolso».

«Para los primeros fondos, Eva recurrió a mí. Una noche, en la mesa, me expuso su programa; parecía una máquina de calcular. Por fin, le di mi asentimiento. Le pregunté:

-¿El dinero? -ella me miró divertida.

-Muy simple -dijo-, comenzará con el tuyo.

-¿Con el mío? -dije-, ¿y cuál? -Tu sueldo de presidente.» «El primer decreto ley de protección a la Fundación fue creado por mi mujer en la mesa; no estaba lleno de artículos, pero fue más drástico que cualquier ley escrita.»

Para la labor asistencial iniciada en 1946 en la oficina del Palacio de Correos,
Evita contó con la importante ayuda del ministro de Hacienda, Ramón Cereijo, quien se convirtió en uno de los hombres de su máxima confianza. En ese año, el ministro estableció en el Banco Central una cuenta denominada «Ministerio de Hacienda-Obras de Ayuda Social», a la que contribuían ministerios y secretarías de Estado.

La cuenta fue institucionalizada mediante el Decreto 11.116 de setiembre del '46 y determinaba que sus fondos «servirán para la adquisición de ropas, calzado, medicamentos, artículos alimenticios, farmacéuticos, excluyendo sueldos y jornales».

La Fundación fue puesta en marcha en junio de 1948, y el 8 de julio de ese mismo año el Decreto 20.564 fue suscrito por Juan D. Perón y por el ministro de Justicia e Instrucción Pública,
Belisario Gache Pirán.

Ramón Cereijo
se hizo cargo, como administrador general y apoderado, de todo el sistema financiero de la Fundación, tarea que no abandonaría hasta setiembre de 1955, cuando, tras el golpe de Estado, fue encarcelado; y la entidad, disuelta.

Cuando la Fundación fue disuelta,, reunía, en diversos conceptos,
2.673.877.074,53 pesos moneda nacional, que de acuerdo con los estatutos de la institución, aprobados por ley de la Nación, debían ser destinados al sistema previsional, algo que nunca ocurrió, pese a reiterados reclamos formulados por Cereijo, fallecido hace pocos años.

• La muerte

Alrededor de las 20.30 del 26 de julio de 1952, un locutor leyó por la cadena nacional de radiodifusión, desde un micrófono instalado en la residencia presidencial ubicada en la calle Agüero y avenida Del Libertador (en el mimo terreno que ocupa hoy el edificio de la Biblioteca Nacional), el siguiente mensaje: «Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 ha fallecido la señora Eva Perón, jefa espiritual de la Nación. Los restos de la señora de Perón serán conducidos mañana, en horas de la mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente».

La última aparición pública de Evita se había producido el 4 de junio de ese mismo año, acompañando a Perón en los actos de asunción de su segundo mandato presidencial.

Las elecciones del 11 de noviembre del año anterior la encontraron postrada en el policlínico Presidente Perón, de Avellaneda, donde había sido sometida a una intervención quirúrgica, y hasta allí fue trasladada una urna en la que depositó su voto.

El historiador
Ernesto Palacio relató sobre la muerte de Eva Perón que «una enfermedad irreversible y sostenida con dignidad voltea melancólicamente una pasión que durante 6 años entibió la caridad argentina, por todos los rincones de su tierra».

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