Haré política, pero no dejo sinagoga ni seré candidato

Política

Confirmó ayer a este diario el rabino Sergio Bergman que se dedicará a la política -cívica, no electoral-, aunque sin abandonar su ejercicio religioso en la sinagoga de la calle Libertad. A pesar, inclusive, de que incorpore -como lo había advertido este diario- a otro rabino, del Uruguay, a su servicio. Veamos el breve diálogo con este brillante personaje que alcanzó popularidad con sus duras declaraciones contra el autoritarismo del gobierno a través de los actos del ingeniero Juan Carlos Blumberg.

-Casi sorprende que un rabino piense en dedicarse a la política.

-Si hubo frailes en el Cabildo y en las Juntas, ¿por qué no puede haber un rabino en la política de hoy? Si, además, nosotros los religiosos judíos tenemos una tradición política, pues los profetas eran los que denunciaban a los reyes cuando éstos violaban las leyes.

-Debe admitir que es raro un rabino en la política; finalmente uno ha visto que los sacerdotes católicos han tenido problemas con su jerarquía, el Vaticano.

-Le aclaro que los rabinos somos maestros, no consagrados ni sacerdotes. De ahí que no tenemos restricciones para la acción cívica o moral. Podemos desarrollar esa actividad como guías espirituales; no estamos, como los sacerdotes católicos, en un marco eclesiástico.

-Entonces, ¿será o no candidato?

-No, por ahora. Soy candidato a la política cívica, no electoral. No quiero que me identifiquen con lo electoral o partidario, más bien con el sentido aristotélico de la cultura ciudadana.

-Pero la contratación del rabino de Montevideo, ¿no significa una deserción de su actividad religiosa?

-Mire, Alejandro Bloch nos comunicó que cesaba su actividad en Montevideo y, entonces, le pedimos que se uniera a nosotros. No me va a reemplazar, nos va a ayudar. Y no será el único rabino que actuará con ese criterio; serán varios más y en distintos puntos del país.

-¿Y qué hará, enseñará instrucción cívica?

-Haremos cabildos abiertos para convocar a la sociedad civil, encuentros mensuales y en tres etapas. Uno, el estudio de textos fundacionales (Sarmiento, Alberdi, Avellaneda, Sáenz Peña, Moreno), luego construir una agenda de lo público y la gestión para cerrar con un consejo ciudadano de políticas públicas al que los funcionarios le podrán pedir asistencia.

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