Larreta, entre el "anticuarentenismo" y las presiones ahora sanitarias

Política

El contrapunto con la provincia de Buenos Aires arriesga manejo de la pandemia. El jefe porteño no quiere retroceder en medidas aún. Insisten con control de transporte.

No es la vida anterior, la que precedió al 20 de marzo, pero para los porteños se va pareciendo bastante. El contacto social es extrañado por algunos, pero otros, se sabe, mantienen una cuarentena en la ilegalidad con la libertad que otorgan los bajos controles. A la actividad económica tampoco le falta tanto, aún con restricciones que seguramente se mantendrán más que otras. Peluquerías, shopping, gimnasios y unas 40 mil pymes en espera, en un distrito que en un mes dio permiso para el funcionamiento de 120 mil locales comerciales con atención al público.

Faltan, claro, parques y plazas, transporte público a pleno, la hotelería, el turismo, entre otros rubros, y el reinicio de las clases. Como sea, en la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta viene avanzando con una modalidad en la batalla contra el coronavirus muy similar a una anticuarentena. Las razones para esa decisión atraviesan los argumentos sanitarios y los políticos.

Ayer, un hecho menor tal vez, que podría ser intrascendente mostró parte de esa arista. Un DJ del barrio porteño de Recoleta al que el coronavirus está brindándole un protagónico inesperado provocó -con su música desde el balcón- un baile callejero que, como el comportamiento de los runners, fue muy criticado por las posibilidades de contagio ante el no cumplimiento de las normas básicas. Se quejó la ministra de Gobierno de Axel Kicillof, Teresa García. Es que apuntar a Recoleta pega en el corazón del PRO (concentra la mejor marca en votos), y el PRO sacude también a Larreta.

Es una arriesgada mezcla de razones políticas y epidemiológicas. Entre esas cuestiones sigue haciendo equilibrio Larreta. Por un lado, conformar a su base de adherentes en la Ciudad de Buenos Aires, con tendencia al “anticuarentenismo” y al mismo tiempo elegir un camino que no lleve al fracaso en el manejo de la pandemia, donde la cuarentena parece tener signo oficialista en su mayoría. Una pelea en medio de una suba crítica de enfermos.

De esa manera, el jefe de Gobierno se aferra, como ya anticipó este diario, a un aislamiento en “ronda” donde se hace permisivo hasta que considere que debe restringir, si es necesario al máximo. Mientras, admite un relajamiento para conformar tanto a quienes de hecho se exceden en su comportamiento, como a quienes le piden reiniciar la economía en crisis y apuntalar la recaudación que viene en derrumbe. El aumento de los casos de contagio en el último mes es una alarma para la provincia y la Nación, pero todavía no encendió las luces rojas en la Capital. En cambio, algunos funcionarios que rodean a Larreta creen que “en la provincia se la ven venir, con un desborde, y están buscando a quién le echan la culpa”.

Ahora que en territorio bonaerense se dan más casos de contagio por día que en la Ciudad (aunque el distrito porteño está peor por la cantidad de enfermos en relación con el número de habitantes), el Gobierno porteño sostiene que si la situación “se desmadra al punto de no poder controlarse, no creo haya forma de no cerrar en solidaridad con la provincia de Buenos Aires para cuidar a nuestros vecinos”. Una manera, de rebotar esa responsabilidad que desde la gobernación bonaerense se le viene endilgando a la Capital. Sería una formalidad para mostrarse solidario con su vecino también en crisis y aplacar la críticas de los propios, porque para retroceder también hay estrategia.

“Después de lo que se vio anoche, ¿cómo le explicás a alguien del conurbano que está mal salir a jugar un picadito en una cancha?”, dijo la ministra de Gobierno bonaerense en alusión al baile callejero en el barrio de Recoleta.

La misma funcionaria sinceró que la relación entre Capital y provincia se tensa “en función de las diferencias por los intereses que uno representa” y remarcó que crece la “preocupación” porque “los casos se están multiplicando de manera importante” en tierra bonaerense. “Las diferencias atienden a cuál es la composición socioeconómica. Capital Federal se abastece de comercio y servicios, y la provincia con la actividad industrial y productiva”, explicó García.

Por ahora, desde el Gobierno nacional insisten en más control en el transporte, un lugar de alta probabilidad de trasmisión del virus, y como respuesta, la Ciudad, que atiende ese caso, sostiene que del lado de la General Paz que administra “está saturado de controles” y que, en cambio “hay que hacer mucho más foco en la movilidad y el transporte público para que se cumpla la consigna de que es exclusivamente para trabajadores esenciales. Más controles en las estaciones de tren de provincia de Buenos Aires o en los centros de transbordo bonaerenses”. Así, Larreta intenta mantener el equilibrio entre las razones sanitarias -procurando no saturar el sistema de salud- y las políticas.

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