Hubo trompadas e intrigas en el piso 13
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«¿Ustedes están locos? ¿Qué es esto? ¿Son tarados? Se suspende la reunión», dictaminó el canciller, como pocas veces fuera de las casillas. Parecía Kirchner. Mudo, un solo testigo miraba la escena: el rosarino Lisandro Brebbia, un ex concejal amigo de Bielsa.
La disputa entre «Topo» y «Maradona» viene de lejos. Ambos expresan a dos corrientes del galimbertismo, su izquierda y su derecha. Como se sabe, ese movimiento -llamémosle así- del que Bielsa ha sido un adherente fervoroso cuenta con distintas formaciones según sus etapas. Devoto militó al lado de Rodolfo Galimberti en los '70, fue su lugarteniente,para decirlo en el lenguajesiempre militarista de los «montoneros». Su pieza literaria más memorable, en rigor la única, fue la solicitada que publicó en los diarios para denostar el casamiento de su amigo, «el Loco», en Punta del Este, rodeado de ricos y famosos.
¿Habrá sido ese glamour el que entusiasmó al joven Schmmelingpara acompañar a Galimberti en su última etapa empresarial? El contrincante de Devoto fue durante los años del delarruismo un fervoroso colaborador de Cecilia Felgueras. Cuando su jefa se eclipsó como el resto de aquel gobierno, «Maradona» fue rescatado laboralmente por Galimberti, quien lo adoptó como una especie de rareza sushi. A esta etapa «bungeyborniana» del amigo de Bielsa pertenece el competidordel «Topo». Hay que presumirque estas trompadas ya estaban inscriptas en aquellas alineaciones.
Para el canciller, que adquirió estaño diplomático en estos dos años y medio de desempeño en la política exterior, tranquilizar a Devoto fue un juego sencillo. Bastó una comida y esa calidez que en Bielsa nunca falta para que el «Topo» vuelva al redil. Dicen que Néstor Kirchner hizo lo suyo, recomendando una rápidareconciliación: él le tiene aprecio a Devoto, quien se ufana de recibir visitas presidenciales en su oficina de Hipólito Yrigoyen y Balcarce. En cambio, al que habría que darle alguna explicación es al rosarino Brebbia. Hasta hoy no entiende nada: «Estábamos en la Cancillería pero ese tipo de conductas no las he visto siquiera en la empresa 9 de Julio». Hablaba de la compañía recolectora de residuos de su ciudad.




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