26 de junio 2001 - 00:00

Ibarra imagina el reglamento para la nueva Policía porteña

Aníbal Ibarra avanza ahora en su estrategia para conseguir el traspaso de la Policía Federal a la Ciudad, convencido de que los problemas de inseguridad en la Capital han puesto en jaque su gestión y que la confusión de los porteños sobre las competencias sobre sus integridades físicas y patrimoniales le hacen pagar un costo que no puede revertir. El jefe de Gobierno ordenó a su secretario de Justicia y Seguridad, Facundo Suárez Lastra, la confección de una ley orgánica de la Policía de la Ciudad. « Quiero tener todo listo para que no haya más excusas», sentenció el frepasista sobre su molestia por el letargo en el que cayó el trámite con el que se había comprometido Domingo Cavallo cuando lo visitó en su despacho municipal: acordar un proyecto de norma para derogar la llamada ley Cafiero que impide que la Capital tenga Policía y Justicia propias y que ese proyecto lo firme Fernando de la Rúa y lo envía al Congreso para que quede clara la decisión política. Incluso Enrique Mathov desafió a Ibarra hace 15 días, cuando públicamente dijo que no habría traspaso, que la Federal quedaría intacta y que, en cambio, la Ciudad de Buenos Aires debería crear su propia fuerza y recién entonces el gobierno nacional asistiría con agentes y partidas presupuestarias.

Nueva organización

Ibarra quiere tener lista la ley orgánica de la futura Policía de la Ciudad, antes de fin de año, para forzar esa transferencia y una vez que logre derogar la ley Cafiero. En ese borrador se consigna una organización nueva de las 53 comisarías que hoy cubren la seguridad porteña y se contempla además sumar cerca de 2.000 agentes a los más de 13.000 que se encargan actualmente de la custodia ciudadana. La idea que manejan en el Gobierno porteño es agregar a esa modificación una suba en los haberes de los policías. «Tienen que ganar más, cumplir un horario normal y no necesitar hacer adicionales para vivir», aseguró Eduardo Thölke, subsecretario de Seguridad de la Capital.

Para el funcionario «el tema de la seguridad será cada vez más serio, pero no sólo aquí sino en el mundo, porque la gente simplifica, habla del Código de Convivencia o de derogar el «2x1», cuando la realidad es que cada vez hay más cantidad de grandes ciudades con gran concentración urbana, agudas diferencias sociales y desempleo que obliga a crear políticas alternativas y una policía culta que esté preparada para resolver y prevenir problemas».

Ibarra
cree que si no logra tomar la cuestión en sus manos, seguirá pagando el costo de las quejas de los vecinos, a los que ya no quiere explicarles que el Gobierno de la Ciudad puede dedicarse hoy exclusivamente a montar planes de prevención del delito, poco eficaces, pero no puede «darle una orden a un cabo».

Ayer incluso hizo un acto de adjudicación de la licitación de 110 patrulleros que donará la Ciudad a la Federal, con la intención de remarcar que quiere contar con Policía propia antes de fin de año. Esos autos representan una parte del equipamiento por un valor total de $ 8 millones que hará durante el 2000.

Ibarra
y De la Rúa han reeditado la vieja pelea que supo mantener el gobierno radical de la Ciudad, que comandaba el Presidente, con el ex ministro de Interior Carlos Corach, quien hacia fines de 1997 ofertó la transferencia y comenzaron los rodeos. Por entonces había una razón política que esgrimía De la Rúa para dudar de la generosidad del peronista: el distinto color partidario del gobierno nacional y el porteño conviviendo separados sólo por la Plaza de Mayo. Por eso ahora piensan que «es absurdo que un gobierno de la Alianza no nos acompañe en la derogación de la ley Cafiero».

En los lineamientos generales de lo que será la ley orgánica y de personal policial los funcionarios de Ibarra esbozan un personal policial más cercano a la gente, casi exclusivamente dedicado a la cuestión de seguridad en la calle. Si logra convencer a De la Rúa, Ibarra sabe que después deberá convencer a la Policía para que acepte sus órdenes. Lo que descartó el Gobierno de la Ciudad en cambio es sellar un convenio como el que había bocetado Mathov (cuando era secretario del Gobierno porteño de De la Rúa), que obligada a los agentes a una doble dependencia de los dos distritos, el nacional y el capitalino.

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