Ibarra se complica, no puede juntar votos kirchneristas

Política

Néstor Kirchner ha demostrado otra discapacidad para controlar la política en territorio porteño: tampoco conduce el bloque que decidirá la suerte de Aníbal Ibarra. Esa disgregación es inconveniente para el alcalde y puede resultar fatal para la aspiración política del frentista de continuar como jefe de Gobierno después del 14 de marzo.

Al kirchnerismo porteño los desune una furiosa interna y un exacerbado recelo contra Ibarra, gestado en la última elección de la Ciudad y en una supuesta ingratitud del suspendido jefe porteño. Así planteado, la votación final de este juicio puede terminar en un generoso 10 a 5 o en el peor de los casos en un 13 a 2.

En la Sala Juzgadora esas diferencias kirchneristas tienen nombre y apellido: Elvio Vitali, Helio Rebot y Sebastián Gramajo. Todas las veces que les tocó votar, los tres lo hicieron en forma diferente. Algo parecido sucede en la sala grande del Palacio de las leyes; los seis votos K fueron para lados distintos cuando se trató el tema Ibarra.

El gran problema que tiene el «bloque», es que no es un bloque. No funciona como bloque, no tiene conducción de bloque, visión, ni sentido de bloque. La culpa de que así suceda recae sobre la joven espalda de
Diego Kravetz, un ex asesor de empresas recuperadas, que adquirió protagonismo en la Legislatura anterior dando vida a los contravertidos proyectos de expropiación de IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentina) o de la textil Bruckman. Entró con la lista de Ibarra y hoy es el nexo con el gobierno nacional. Conduce el bloque kirchnerista, aunque su continuidad esta atada al futuro del jefe de la Ciudad. Hay quienes sostienen que «El Gordo» Juan Manuel Olmos, un hombre del SUTHER que responde a Víctor Santamaría, ya se prueba ese traje.

Kravetz
despierta desconfianza en los tres kirchneristas que están en la Sala Juzgadora. Helio Rebot es uno de los casos. Le molesta que Kravetz intente disciplinarlo diciéndole cómo votar y sobre todo no explique por qué debe hacerlo así. Además, lo de Rebot es casi por naturaleza, ingresó por el macrismo y luego se pasó al kirchnerismo. Está convencido de la culpabilidad de Ibarra en la tragedia de Cromañón. Siente que Ibarra ha sido un desagradecido político y entonces, no está dispuesto a inmolarse.

•Situación límite

El caso de Elvio Vitali es parecido. Es un militante de los '70 que tiene que aguantar los tropezones de un Kravetz que está jugueteando con la política. El juicio de Ibarra encuentra a Vitali en una situación personal límite (padece de una enfermedad terminal) y sin voluntad de someterse a la caprichosa disciplina partidaria. Va a actuar por convicción y el semblanteo muestra que votará por la culpabilidad de Ibarra.

Sebastián Gramajo
ha mantenido un distanciado silencio que hacen pensar que puede votar a favor de Ibarra. El abogado y politólogo ( cursa el último año) fue funcionario de Ibarra, como director general de CGP. Ese cargo parecería condicionar su decisión. Sin embargo, el treintañero legislador quiere basar su voto a lo estrictamente jurídico. De él se dice: «No le paga a Alberto Fernández ni a Kravetz, fue funcionario de Ibarra, entonces dos más dos son cuatro. Vota a favor de Ibarra». Sin embargo, sería un acto de ilusionismo creer que todo será así.

Además, bien puede ocurrir un
«efecto dominó», y aquellos que no estaban muy convencidos de votar contra Ibarra terminen haciéndolo temerosos de «quemarse» políticamente cuando los votos sobrepasen el fatídico número 10.

Hay una frase que corre en los pasillos del Palacio Legislativo de Perú 130, que pinta en todas sus formas lo que hoy sucede con el juicio contra el alcalde porteño y su especial relación con el kirchnerismo:
«Ibarra entró al ' veraz' de la política como mal pagador. Si se salva, nadie sabe cómo pagará después. Y si se estrella, para qué lo vamos a acompañar hasta la puerta del cementerio, no lo vamos a llorar si nunca nos dio una sonrisa».

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