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«La elección viene de culo y no hay plata», dijo uno de los presentes, entre quienes estaban Romero, Menem, los gobernadores Maza y Marín (a quien le pidió que no viajase a La Pampa y que concurriese al hotel Panamericano), y el mariscal de campo de la campaña, el salteño Luis Giacosa.
Marín, que había estado con Maza en la noche del lunes en Olivos para la cena a Enrique Iglesias, llevó la cuestión al terreno partidario y fue quien mencionó con más crudeza la hipótesis de resignar la pelea.
Citó la necesidad de defender el triunfo del 27 de abril como un logro de la mayoría del peronismo y evitar que una baja de Menem del ballottage perpetuase una división en el partido hacia adelante.
Maza, más callado, asintió con la cabeza mientras que Romero -que ha pensado lo mismo que los demás gobernadores desde la noche del 27 de abril en el sentido de que es una pelea inútil-se limitó a repetir que él hará lo que Menem decida. «Mi lealtad es a lo que Carlos decida en uno u otro sentido».
• Argumentos
Eduardo Menem, a quien se le atribuye haber planteado la idea de resignar la pelea, dio los argumentos que al final adoptó su hermano para justificar la resignación: que ésta ha sido una pelea sucia, que es un proceso tramposo desde el comienzo cuando el PJ duhaldista impidió la interna, que el gobierno se ha volcado abusivamente a favor del santacruceño y que participar del ballottage sería convalidar una simulación que no se puede permitir.
El salteño Giacosa puso sobre la mesa del primer piso del hotel Presidente la justificación final: no hay plata para pagar las elecciones del domingo. ¿Cómo -se sorprendió Menem-no están impresas las boletas? Sí, están impresas, le dicen, pero hay que pagar el movimiento de fiscales en todo el país y no hay fondos.
¿Cuánto hace falta? Doce millones. ¿Dólares o pesos? Primera sonrisa de la mañana: «Pesos, Carlos, pesos». Explican, entre todos, que desde la semana anterior hay promesas de fondos que nunca llegan. Los «amigos» prometen, pero esperan que nosotros pongamos la propia. ¿Cómo la propia? Sí la propia. Pero yo hablé con todos. Sí, pero nadie pone. «¿Es cierto Juan Carlos (a Romero)?». «-Si, Carlos». «¿Es cierto Lorito (así le dicen a Giacosa los amigos)?». «Sí, Carlos».
Menem escuchó y no dijo nada a los presentes, una forma de evitar concederles la razón a quienes les sobran argumentos en defensa propia y les faltaban para defenderlo a él. Se levantó y pasó a un sala más pequeña, donde esperaban los asesores, entre ellos De Narváez, Angel Torres (lugarteniente de Romero), el sindicalista Antonio Cassia, un hijo de Romero que llegó de Estados Unidos, donde estudia y también Kohan. A De Narváez lo llevó a otro aparte y le dijo que le preparara un equipo de grabación de TV porque iba a registrar un mensaje sobre su decisión sobre el ballottage. Le dio a entender, y así lo relató el empresario a sus amigos a lo largo de la jornada, que se bajaba del ballottage.
De Narváez lo llamó a un experto en mensajes de despedida, Ramiro Agulla, quien esperó hasta la tarde a un Menem que tardaría en llegar.
Algo similar le indicó a Kohan, de cuyas oficinas de prensa salieron las primeras señales a los medios sobre la renuncia a la segunda vuelta. Decían que ya se había bajado y manejaba la misma idea De Narváez: que habría grabación por TV y viaje por la tarde junto a Romero a La Rioja.
Pidió subir a la suite adonde indicó los lineamientos del mensaje que diría y pidió varias llamadas. La primera a su esposa Cecilia en Santiago de Chile -que ya sabía la noticia desde la noche anterior-.
En adelante pareció forzarse a disimular la decisión. Pidió una llamada con Carlos Melconian, que estaba comprometido para hablar ayer en el pre coloquio de IDEA en Rosario, y le recordó que lo quería junto a De Narváez en el almuerzo con Iglesias en el hotel Alvear.
Al llegar al almuerzo Melconian dijo no saber nada de la renuncia. De Narváez, que tenía el secreto y comenzó a dudar porque Agulla le decía desde el hotel Presidente que Menem no había aparecido a grabar nada.
Cuando se sentaron a comer, Menem habló durante dos horas de economía no sólo como candidato sino como si hubiera ya ganado las elecciones.
«Necesitamos un acuerdo rápido con los organismos», pidió en un pasaje del almuerzo el presidente del BID. «Por supuesto, y si ganamos nosotros va a ser ultra rápido», retrucó el riojano con tono optimista. Tampoco interrumpió a Melconian cuando Iglesias le pidió al economista el «view» del programa que aplicaría un Menem presidente. La exposición terminó con un diagnóstico sobre la coyuntura que Melconian simplificó en estos términos: «La enfermedad es distinta a la de los '90 y se necesitan otros remedios». El ministro «in pectore» apuró la salida porque lo esperaba el avión para irse a Rosario.



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