Aunque son muchos quienes cuestionan las elecciones de octubre por el alto costo -Carlos Menem habló de la conveniencia de suspenderlas-, hay otros gastos adicionales y complementarios que a veces no se tienen en cuenta. Por ejemplo, las internas partidarias. Naturalmente que estos procesos apuntan a otorgarles transparencia a los candidatos, pero todo el mundo duda de este servicio. Aun así, en la crisis, se insiste con estos trámites cuya justificación resulta a veces insostenible, ya que muchas internas sólo se realizan para promover o concederle fortaleza al candidato ya determinado.
Movilización
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Como ejemplo, aunque son múltiples en todo el país y no discriminan ningún partido, se puede citar el caso de Eduardo Duhalde en la provincia de Buenos Aires. Nadie ignora que su lista será triunfadora -inclusive hasta se sabe que ganará luego, cuando compita con Raúl Alfonsín-, pero igual llama a la interna. Para este fin, como para el otro de octubre, en cada distrito de los 134 bonaerenses habrá competencia, pegatina de afiches, carteles, movilización de punteros y activistas, viáticos y vehículos, «efectividades conducentes» -como diría Hipólito Yrigoyen-para capturar agrupaciones, voluntades indecisas y hasta un cardumen periodístico hoy magro en remuneración. Es parte de cualquier campaña y, al voleo, por reducir el número del gasto, podría decirse que las listas en pugna consumirán aproximadamente 150 mil dólares por distrito. Sólo resta multiplicar esa cifra por los 134 distritos bonaerenses y se obtendrá un consumo de 20 millones de dólares.
A la democracia le convienen las internas -se supone-, la realización de ellas en algunos casos ayuda a los desempleados, pero en Buenos Aires cuesta entender que un solo partido, antes de los comicios de octubre, gaste hoy 20 millones de dólares. Sobre todo, cuando la administración provincial no puede pagar el aguinaldo, entre otras carencias.
Dejá tu comentario