• Media hora antes de la sesión, los peronistas improvisaron a puertas cerradas una despedida a Humberto Roggero. El jefe de la escudería oficialista marchará a la embajada en Roma. «Nunca nos sentimos tan cómodos con un presidente del cuerpo», homenajeó Roggero a Eduardo Camaño en lo que, a primera vista, sonó a recordatorio crítico de las temporada 2000-2001 de la Alianza, a cargo del radical Rafael Pascual. En ausencia de los menemistas -que armaron una transitoria bancada propia con 30 legisladores-, quedó tácito un mandoble indirecto del cordobés hacia Alberto Pierri, quien encabezó una década la conducción de la Cámara baja y hoy se desempeña como jefe de campaña bonaerense de Menem-Romero. No hubo una buena evocación del matancero de boca de Roggero.
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• Obligado por las circunstancias y las palabras, Camaño devolvió gentilezas y ponderó las virtudes de Roggero que le permitieron -gracias al estilo que lo hizo famoso, «pase y conduzca»- mantener el equilibrio interno, aun en los peores momentos de la interna partidaria. Eso no impidió, claro, la reciente deserción del menemismo. Aunque, en este desenlace, tuvo más que ver Camaño que Roggero, ya que enfureció a los riojanos que el primero comandara un par de Congresos anti-Menem y renunciara a la imparcialidad que lo llevó a la cúpula de Diputados. Por esa razón, se escucharon reproches de Camaño a Roggero.
• Digno de un libro de curiosidades legislativas, resultó el episodio posterior que presenciaron unos 60 integrantes del bloque. El sanluiseño Oraldo Britos quiso despedir a Roggero, pero quedó bañado en lágrimas. En un hecho más que significativo para el veterano representante del adolfismo, apenas pudo llegar a decir que «se nos va El Gringo (apodo de Roggero)...» y estalló en llanto. Profesional en su efusión, no pudo seguir con el discurso y terminó abrazado al futuro diplomático y al ratificado titular de esta ala del Congreso.
• Después de que los aristas levantaron campamento del recinto -furiosos porque no le dieron al profesor Alfredo Bravo la vice 3°-, los socialistas y varios lilistas se refugiaron en la sala de periodistas para seguir por circuito cerrado de TV el resto de la sesión (preocupados, obviamente, por lo que decían de ellos en su ausencia). El metalúrgico Francisco «Barba» Gutiérrez prefirió relajarse en un cómodo sillón del salón de Pasos Perdidos. Distendido como en un spa, se permitió dormitar unos minutos, rodeado de colaboradores.
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