Néstor Kirchner viaja hoy a una cumbre sudamericano-árabe. Mañana se encontrará a solas con su par brasileño, Lula da Silva, y esta noche los dos cenarán con el venezolano Hugo Chávez . Lula hablará de su sueño de integrar el Consejo de Seguridad en la ONU . Kirchner debe zafar del brete de agresividad armado contra los anfitriones por el canciller Rafael Bielsa . Además, querrá asegurar energía brasileña para el invierno . La UIA discutirá hoy con ministros de Brasil reclamos comerciales . Casi todo el gobierno argentino, también Roberto Lavagna, estará en viaje difícil.
Néstor Kirchner viajará hoy a Brasilia para asistir a la cumbre de países sudamericanos con países árabes. Si bien ese encuentro comenzará mañana, esta noche Luiz Inácio Lula da Silva ofrecerá un asado a Kirchner y Hugo Chávez. En esa oportunidad se hablará de energía, sobre todo de la posibilidad de constituir la empresa Petrosur, y también de ciertas angustias que atraviesa la región y en las que siempre se sospecha o se descubre alguna participación de Chávez. Desde las turbulencias bolivianas y su impacto directo sobre la provisión de gas a Brasil, Argentina y Chile (aquí al bolivariano lo presumen alentando al cocalero Evo Morales) hasta la caída de Lucio Gutiérrez en Ecuador (donde Chávez estuvo asociado al principal sostén del viejo gobierno, Abdalah Bucaram). ¿Compra de armamento a escalas inquietantes? ¿Organización de milicias populares? Todo querrán saber Lula y Kirchner del pintoresco venezolano, aunque más no sea «para contenerlo», como le explica el argentino a George W. Bush cada vez que le piden explicaciones sobre sus amistades. Habrá otras incógnitas en la noche de la Granja do Torto, la casa de descanso de los presidentes brasileños, referidas a preocupaciones de Kirchner: por ejemplo, si Chávez podrá colaborar para que la Argentina cuente con fueloil nuevamente, una vez que fracasó la idea de pagar las importaciones en especie (algún día se conocerá todo el entramadode esta operación, con traders internacionales y locales que hicieron un espectacular negocio amparados en la memoria de Simón Bolívar y en la crisis energética de 2004). • Agenda
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La entrevista bilateral entre Kirchner y Lula ocurrirá recién mañana, a las 20.30. Tal vez se realice en el mismo hotel donde se llevan adelante las deliberaciones con los representantes de los países árabes. La agenda de la reunión, tal como la preparó la Cancillería local, no contempla que se hable de la pretensión brasileña a ocupar una banca permanente en el Consejo de Seguridad. Pero Lula hablará de eso, sin duda. Kirchner deberá superar la mala situación en la que lo dejó su ministro Rafael Bielsa, quien al endurecer extraordinariamente la postura pública del gobierno obligará al Presidente a tener que contemporizar, aunque más no sea retóricamente. Inexperto, «el Cubanito» se ufanó durante todo el fin de semana de haber convertido un gol de media cancha « porque ahora Brasil tendrá que aflojar». Alguien debería informarlo sobre lo que significa la banca en el Consejo de Seguridad para su colega Celso-Amorim: tanto, que hasta levanta oleadas de críticas en el propio Itamaraty (ver aparte). O hacerle llegar el texto de la entrevista que concedió Lula a la TV francesa durante el fin de semana, defendiendo la pretensión de su país, « aunque la Argentina necesite reflexionar».
El pronóstico de una crisis energética en el sector eléctrico también podría ponerse sobrela mesa en esa conversación de Kirchner con Lula. Todos los cálculos indican que la Argentina requerirá importar electricidad desde Brasil para cubrir la demanda del invierno. Delicada pretensión ya que cuando la seca afectó la generación hidráulica en el país vecino las exigencias del gobierno sobre las usinas locales impidieron que se envíe todo el flujo eléctrico comprometido en contratos con clientes brasileños.
• Petitorio
La disputa comercial, que se expresa en un petitorio remitido por Roberto Lavagna el año pasado, formará parte de las conversaciones, aunque tal vez los presidentes sólo deban bendecir un principio de acuerdo: el que intenten alcanzar los industriales argentinos en la reunión prevista con el canciller Amorim y el ministro de Industria, Luiz Furlan, cónclave para el que viajará especialmente Roberto Lavagna a Brasil (ver nota en pág. 8). Itamaraty no contestó nunca la nota enviada por Economía, por más que Lavagna sea el predilecto del gobierno brasileño. Es seguro, por lo que se adelantaba ayer desde Brasil, que no se admitan las salvaguardas exigidas en su nota. Amorim ya se encontró con el ministro de Economía en París para discutir este punto: dijo que su país estaba dispuesto a cooperar con la transición argentina y encarar ese proceso complejo con «buena voluntad». Lula también se mostró comprensivo con «la angustia del gobierno argentino frente al potencial económico de Brasil y del comercio brasileño, que es mucho mayor».
Es posible que Kirchner insista esta vez con su obsesión: que se lleven adelante negociaciones comunes con el Fondo Monetario Internacional. De nuevo, el gobierno brasileño se mostrará reticente a involucrarse con una administración que no consiguió todavía salir del default, sobre todo cuando la deuda local tampoco deja margen para grandes exhibiciones.
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