17 de octubre 2002 - 00:00

Insiste Jaunarena en su servicio social; Duhalde lo descarta

Decidido a bajar los decibeles de la polémica que generó la idea de implementar el servicio militar, el gobierno se empeñó ayer en descartar una y otra vez el regreso de este sistema.

Sin embargo, el ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, pareció desoír las recomendaciones del propio presidente Eduardo Duhalde e insistió en su proyecto, aunque con el nombre de servicio social obligatorio.

La posición de Jaunarena abrió una brecha interna en el gobierno, que afirma que semejante plan no es viable en esta transición. Sin embargo, el proyecto existe y en el Congreso son varios los legisladores que pretenden impulsar una ley que abra las puertas al retorno del servicio militar abolido durante la gestión de Carlos Menem.

En defensa de su proyecto, Jaunarena alegó que la iniciativa consiste en enrolar durante al menos seis meses a jóvenes que tengan entre 18 y 19 años, con instrucción militar, aunque sus funciones apuntarían esencialmente a tareas sociales.

Sostiene el ministro que su puesta en práctica serviría como un ámbito de contención para muchos jóvenes que en este momento están desocupados y sin contención y para generar «un ámbito solidario».

Así detalló que los jóvenes convocados tendrán funciones en el área de la medicina, de la salud, de la prevención de enfermedades, de la construcción.

También aludió como argumento que los voluntarios no alcanzan para realizar tareas de asistencia social en momentos en que 53% de los argentinos vive por debajo de la línea de la pobreza.

Pero, amén de las aclaraciones, el jefe de Gabinete,
Alfredo Atanasof, actuó como el verdugo de las aspiraciones del ministro de Defensa. Ayer, y desde La Plata, descartó de plano la implementación de este proyecto. Postura que fundamentó en tres ejes: uno político guiado por el proceso electoral en curso. Otro económico: el presupuesto elevado para 2003 no contempla erogaciones y gastos que podría significar este mecanismo. Y una tercera, que es el rechazo que genera en la mayoría de la sociedad volver a reimplantar el sistema creado por Riccheri en 1900. En las Fuerzas Armadas, hubo mucha cautela tras la reacción que generaron los dichos de Jaunarena. Y se puso mucho énfasis en que, por caso el Ejército, no está interesado en la recreación del servicio militar obligatorio. Considera que el servicio voluntario ha sido exitoso y que cumple no sólo con la función social sino también con la de Defensa.

En esa misma línea se expresó el ex jefe del Ejército
Martín Balza, para quien la posible reinstauración del servicio militar no tendría éxito, porque es un esquema que fue superado.

En sintonía con Atanasof, el general Balza consideró que el viejo sistema fue eliminado por el descrédito en el que fue cayendo por diversas causas, principalmente por la detección de prácticas viciosas dentro de la fuerza.

Según el ex jefe del Ejército, con el servicio militar obligatorio no se lograría la excelencia profesional alcanzada desde la implementación del servicio militar voluntario.

También el gobernador bonaerense, Felipe Solá, se despegó del proyecto del ministro de Defensa y sostuvo que su iniciativa no prevé instrucción militar sino la utilización de las instalaciones militares para contener a los chicos de más de 14 años, en edad escolar, que no estuvieran concurriendo al Polimodal por falta de recursos.

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