19 de abril 2007 - 00:00

Insiste Moyano con bancas bonaerenses

Hugo Moyano
Hugo Moyano
El más puro kirchnerismo de la Cámara de Diputados visitó ayer a Hugo Moyano y la cúpula de la CGT en sus oficinas. La excusa fue un almuerzo para discutir la marcha del modelo económico y las «necesidades del movimiento obrero». La realidad es que fue todo un ejercicio para intentar compensar las presiones sobre la suba salarial y las leyes que el sindicalismo quiere sancionar en el Congreso pero el gobierno tiene frenadas.

Las declaraciones públicas fueron casi todas de circunstancia: «Hay que trabajar para el triunfo de este modelo y consolidarlo», le dijo Moyano a Alberto Balestrini. Pero los tópicos más interesantes fueron: salarios y los cargos en las listas del kirchnerismo bonaerense que el sindicalismo pretende ocupar.

Antes habían hablado de definir con «responsabilidad y armonía» la política salarial, en un momento en que el gobierno quiere hacer aparecer, como puede, que los incrementos en sueldos no superarán 15% y el sindicalismo no quiere frenar hasta niveles superiores a 20%, aunque la CGT siga ayudando al gobierno.

Esa «armonía» de la que se habló incluiría una suba en el sueldo mínimo, previa convocatoria al consejo del salario, llevándolo a $ 1.050, como ya habían acordado los caciques.

Esas presiones contrastaron con las declaraciones oficiales de Piumato al final del encuentro que, como secretario de Derechos Humanos de la CGT, fue el encargado de hablar de negociaciones salariales: «Uno de esos temas es la política de los salarios, que se debe definir con responsabilidad, armónicamente». (Ver nota aparte.)

  • Sin sorpresa

    Por el contrario, aunque hubo sintonía con los proyectos sindicales que esperan votación en Diputados -como la eliminación de tickets de compra como adicional del salario o el control de las ganancias de empresas, entre una media docena de ideas que maneja Recalde-, no hubo promesa de los legisladores.

    A esa comida en la CGT se sentaron también Julio Piumato, Andrés Rodríguez, Omar Viviani y Abel Frutos. Frente a ellos no podía haber más representantes del kirchnerismo parlamentario: Carlos Kunkel, Héctor Recalde -en realidad, actuaba allí también como anfitrión-, Cristina Alvarez Rodríguez, Carlos Cuto Moreno, Dante Dovena, Nora César, Mariano West, María Teresa García y Graciela Rosso.

    No causó sorpresa que Edgardo Depetri no estuviera presente: él fue quien consiguió que se le diera un lugar a la CTA en el nuevo directorio del PAMI cuando la ley se votó en Diputados, aunque ahora teme que el Senado lo modifique. Esa inclusión es el primer aval oficial a la CTA como representación sindical, y la CGT teme que sea antecedente para que el gobierno avance en el reconocimiento de su personería en la Asamblea de la OIT en Ginebra de este año.

    Desde que comenzó el armado electoral de 2007, la CGT le dejó claro al kirchnerismo que pretendía volver al esquema de representación gremial en las listas que imperó en los gobiernos de Juan Domingo Perón y en alguna medida en el de Carlos Menem también.

    Tanta peronización no convence a Kirchner, y por eso el tanteo ayer con diputados de los lugares reservados a futuros dipu-sindicales. Nunca existió un mejor momento entonces para los gremialistas, con el gobierno acorralado por la presión inflacionaria que agregaría una nueva suba salarial descontrolada, para negociar listas en el distrito que les interesa: la provincia de Buenos Aires.
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