Intenta el duhaldismo salvar del fracaso interna en Bs.As.
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Pero como ocurre con los fumadores compulsivos, la pasión de los dirigentes por aprobar esas normas de reforma quedó en las intenciones. En el orden nacional, se aprobó la ley de internas abiertas (25.611) por unanimidad e incluyó hasta un veto negociado entre el gobierno y el Congreso (liberar a las listas únicas de ir a las urnas). En la Legislatura platense la Ley 12.915 tuvo más debate, pero por internismos (la facultad que logró arrancarle Solá a Duhalde para que el gobernador decida por sí la fecha de internas) no porque faltase en los legisladores pasión por alardear un reformismo en las palabras. Pasaron pocas horas desde la sanción de las dos normas para que fueran devaluadas. En el orden nacional, sin que nadie diese explicación alguna, las dos cámaras del Congreso por pedido de Duhalde- suspendieron por esta vez su aplicación. En Buenos Aires, la norma se distorsionó con el artículo 22 de su reglamentación que permite hacer alianzas después de la interna entre candidatos, consagrados con urnas o sin ellas.
Esa autorización forzó a los postulantes a hacer listas únicas para sacar patente de aliado antes de los comicios del 14 de setiembre, es decir, conociendo ya quién será presidente. Se presume que si ganasen las elecciones Menem o Rodríguez Saá, esa facultad de nuevas alianzas le serviría al duhaldismo para negociar con el nuevo esquema de poder las listas de candidatos para setiembre.
Si el ganador fuera Kirchner, ese artículo de la reglamentación sería derogado y el duhaldismo atornillaría la hegemonía que logró con el resultado del domingo. Que de paso nadie conoce, ni conocerá hasta dentro de 30 días, que es cuando las juntas electorales de los partidos tienen la obligación de comunicar los datos finales del escrutinio.
En ese lapso los datos estarán sujetos al arbitraje de los dirigentes, que no sólo podrán ajustar el resultado sino, una clave para cualquier interna criolla, la cantidad de votantes que participaron de la elección.
Es difícil que los partidos muestren con sinceridad estas últimas cifras porque los padrones de afiliados no se han depurado desde 1983. Es la manera que tienen los partidos de hacer figurar grandes cantidades de adherentes sobre las cuales se estiman aportes partidarios y repartos de fondos de campaña.
Para evitar esas picardías, la Legislatura de Buenos Aires aprobó la polémica ley de internas abiertas, simultáneas y obligatorias que debutó el domingo. Buscaba quebrarles el espinazo a las burocracias partidarias, abrir a la participación de la sociedad la decisión de las candidaturas, fomentar la competencia y sacarles a los gobiernos el manejo de las fechas electorales en beneficio propio.
Aunque habrá que esperar 30 días para conocer el resultado de ganadores y concurrencia, el público, con la abstención, ya dio el dictamen sobre el nuevo sistema y sus gerentes:
1) La participación fue escasísima: si es cierto que votaron entre 1,2 y 1,4 millón de ciudadanos del distrito, no justifica el esfuerzo de simular que ha habido alguna reforma. Si se compara este nivel de participación con internas anteriores, según el viejo sistema (ver cuadro), no ha cambiado mucho.
2) No se abrió la participación en la elección de candidatos. El duhaldismo atornilló listas únicas a gobernador y legisladores; sólo mandó a la pelea un porcentaje de intendencias. Para evitar la competencia, muchos se ampararon en partidos «por afuera» y evitaron el juicio de los vecinos.
3) No se evitó que los gobiernos usen las fechas electorales en beneficio propio. Si no, no se entiende que Duhalde-Solá hayan llamado a esta interna seis meses antes de las elecciones generales como una manera de asegurarse las candidaturas para su gente y ampararlas de un resultado adverso en las presidenciales del 27 de abril.




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