27 de julio 2005 - 00:00

Izquierda garantista ahora pretende una SIDE paralela

Alberto Iribarne y su reemplazante, Luis Tibiletti, en el Salón Blanco de la Casa Rosada. El garantista se desempeñará como secretario de Seguridad Interior.
Alberto Iribarne y su reemplazante, Luis Tibiletti, en el Salón Blanco de la Casa Rosada. El "garantista" se desempeñará como secretario de Seguridad Interior.
El reemplazo de Alberto Iribarne por Luis Tibiletti en la Secretaría de Seguridad del Ministerio del Interior reabrió varios enfrentamientos que, hasta ahora, permanecían aletargados. A Aníbal Fernández, por ejemplo, por segunda vez le designaron a un funcionario al que no controla en un área tan delicada como la de Seguridad, sin duda la más importante de su cartera. A comienzos de año debió asimilar la presencia de Marcelo Saín, a quien Néstor Kirchner le encomendó la formación de una fuerza de control de los aeropuertos después del escándalo de Southern Winds. Ahora aterriza un amigo de Saín, Tibiletti, quien cuelga de un brazo de la red del PJ Capital y, del otro, de la troupe de inquisidores que comanda Horacio Verbitsky.

El ministro del Interior no ha de estar cómodo con estas intromisiones. Su relación con la Policía Federal cobija cuestiones delicadas: desde el escándalo por drogas que se destapó en el Noroeste, cuando una camioneta manejada por personal policial tuvo un accidente que sirvió para que se descubriera que portaba un cargamento de drogas, hasta los pliegues de la «causa Cromañón», donde aparecieron algunas irregularidades difíciles de explicar, como los negocios de personal de bomberos que Fernández debió, discretamente, desplazar. ¿Habrá que explicarle a Tibiletti ahora los límites de su mando? ¿O este inquisidor no entenderá de complicidades y avanzará con todo en plena campaña electoral? Interrogantes que inquietan y eso que ni se rozaron las relaciones con la Gendarmería y el control de la frontera en la Mesopotamia, sobre los cuales Kirchner ya recibió varios informes.

Tibiletti todavía no se instalóen la sede de Gelly y Obes, en el edificio que Alberto Dodero le regaló a Eva Perón y donde los milicianos de la Revolución Libertadora decían haberse encontrado con la adolescente Nelly Rivas, a quien Perón había alojado en esa residencia en la que ahora el secretario de Seguridad cuenta con un departamento bastante cómodo. «Habladurías de gorilas», dirá Tibiletti, un «33» ortodoxo.

Mientras se aproxima al lugar, algunos de sus amigos se preparan para ocupar una oficina que, aun siendo virtual, desata todas las pasiones. Es la Dirección de Inteligencia Criminal que está prevista en el organigrama del Ministerio del Interior, pero que nadie ha ocupado todavía.

Para esa dependencia, Tibiletti ya tiene «in péctore» a un camarada de aquellos «33 Orientales» que se levantaron contra Leopoldo Galtieri: el teniente coronel retirado Norberto Pascale. Este militar ya merodeó por la zona cuando el subsecretario de Iribarne, Ricardo Colombo, lo aproximó como asesor de Inteligencia. Sin embargo, la escalera de Pascale ahora se formaría con otros escalones: de nuevo, los del PJ Capital, que se ha revelado una cantera de «james bonds». En efecto, Pascale orbita alrededor de Miguel Angel Toma, antiguo jefe de Tibiletti en las comisiones de Defensa del Congreso, adonde el nuevo secretario prestó servicios ( dependía de Eduardo Vacca).

El ex militar Pascale prestó servicios en la SIDE desde comienzos de los '90, cuando formaba una escuadra con otro «33», el coronel Jorge «Gordo» Correa. Como también es abogado, Pascale se vinculó al gravitante José Allevatto, figuraclave de la relación entre la SIDE y el Poder Judicial en todos esos años frente a quien Carlos Corach podría ser considerado apenas un aprendiz. Gracias a esos vínculos fue enviado a Roma durante varios años. Desde allí regresó para convertirse en director de Planeamiento, un cargo vacío de contenido que lo llevó a dedicarse a la pintura. No por pasión artística, sino por la empresa de un cuñado dedicada a ese ramo.

El eclipse de este militar terminó cuando llegó Toma a la SIDE y lo convocó como asesor, función que le permitió a Pascale retomar un viejo vínculo con un colega del derecho: nada menos que Hugo Gándara, el director de Asuntos Jurídicos (es decir, sucesor del habilidoso Allevatto) de la actual SIDE K.

La designación de Pascale al frente de la Dirección de Inteligencia Criminal debe sortear ahora dos obstáculos finales: uno es la competencia de un comisario inspector de la Policía de Santa Cruz que no tendrá los antecedentes del candidato de Tibiletti en el espionaje, pero que luce galones inapelables en su condición de comprovinciano del Presidente. Si pudiera optar entre uno u otro encargado de puentearlo, tal vez Aníbal Fernández prefiera al porteño Pascale.

• Recelo

La otra valla es el recelo que esta dependencia despierta en el mandamás de la SIDE, Francisco Larcher, quien entiende -con razón-que cualquier oficina que se dedique a hacer espionaje enfocado en crímenes sustituiría rápidamente a su organización, sobre todo en la llegada al oído presidencial, un órgano para el que «Paco» reclama exclusividad. Quienes no le tienen simpatía, como algunos diputados del Congreso, se han divertido últimamente haciendo pedidos de informes sobre la demora en constituir la dependencia que ahora ocuparía Pascale.

Lo que parece una interna de jurisdicción, alimentada por los celos de un grupo de hombres que reclaman para sí la condición de guapos de la cuadra en un área siempre vidriosa, puede tener esta vez derivaciones más delicadas. La llegada de Tibiletti a Seguridad y la de Pascale a la oficina de Inteligencia podrían desatar una ideologización riesgosa en un área de gobierno cuyos aciertos o desaciertos tienen repercusión inmediata. Para el «santo oficio» de Verbitsky sería un salto de calidad inapreciable: ya no jugarían a los soldaditos con militares que riegan las macetas con geranios en avenida Luis María Campos (como ilustra Jorge Asís en su página digital).

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