Jaime Petras es un profesor de sociología que anida en la ciudad de Vestal, NY, en cuya universidad de Binghampton se jubiló. Desde ese mirador privilegiado pontifica desde hace años sobre América latina en artículos y monografías -algunos librostratando de seguir desde la óptica de la izquierda estadounidense ese singular proceso que no termina de entender: cómo las experiencias políticas se escapan de las páginas de los libros y qué habría que hacer para terminarcon esa molestia para intelectuales.Lo leen con fruición en un sector-de la izquierda, lo cual motiva que otro sector lo combata como una cumbre del error. El suyo no es el único caso de estos observadores que desde países centrales observan con mirada de antropólogos (una disciplina que nació con los conquistadores) las evoluciones de las sociedades en tierras calientes. Hacen lo mismo desde un centro moderado el francés Alain Touraine; desde la derecha, el periodista-Guy Sormand -la diferencia es que el primero por lo menos habla castellano, el segundo necesita intérprete para hablar sobre América latina-. Esta vez Petras ha tratado de convencer a sus seguidores de que Evo Morales es un infiltrado del neoliberalismo en las filas de la revolución. Lo expuso en una nota que publica el servicio "Argenpress" -que se identifica con la izquierda no partidaria argentina-de la cual damos los párrafos principales.
Una evaluación realista de la victoria electoral de Evo Morales requiere conocer el papel desempeñado en las recientes insurrecciones populares en Bolivia, su programa e ideología, así como las primeras medidas adoptadas por su gobierno. En el pasado inmediato, innumerables intelectuales de izquierda, académicos, periodistas y ONG se han subido neciamente al carro de una serie de nuevos presidentes «populares» electos (Lula en Brasil, Gutiérrez en Ecuador, Vázquez en Uruguay y Kirchner en la Argentina) que han respetado a las empresas privatizadas, que pagan rigurosamente la deuda exterior, que aplican las políticas fiscales del FMI y envían fuerzas militares a Haití para mantener al gobierno títere impuesto por EE.UU., y para reprimir las luchas de los pobres para restaurar el gobierno de Aristide elegido democráticamente. De nuevo, tenemos un líder popular elegido en Bolivia. Y de nuevo, un ejército de incondicionales entusiastas de izquierda dominan el debate, dejando de lado hechos significativos y los cambios de política de los últimos cinco años.
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• Se ha presentado a Evo en los medios, y a través de sus propios publicistas, como el primer presidente indígena de las Américas, lo que en sentido técnico es cierto pero debería haberse señalado que el presidente Chávez de Venezuela es mestizo, que un ex vicepresidente de Bolivia fue un ( neoliberal) indígena; que el presidente peruano, Toledo, proclamaba sus orígenes indios y llevaba un poncho durante su campaña electoral; que en Ecuador ha habido indígenas ocupando importantes puestos ministeriales en el gobierno del derrocado presidente Gutiérrez (entre ellos en Agricultura y Asuntos Exteriores). Con excepción de Chávez, la presencia de indígenas en altos cargos no ha servido para aprobar medidas progresistas en regímenes esencialmente neoliberales.
•Al menos, existen dos opiniones con ideologías contrapuestas sobre qué se puede esperar de la presidencia de Evo Morales. La izquierda eufórica y sectores de la ultraderecha (en particular en Estados Unidos y Bolivia) prevén un escenario en el que un presidente indígena radical de izquierda, para contentar a la inmensa mayoría de bolivianos pobres, transformará Bolivia desde una oligarquía blanca e imperialista, que domina el país con una economía neoliberal, hasta convertirla en un Estado de obreros agrícolas indígenas con una política exterior independiente, la nacionalización de la industria petrolera, una profunda reforma agraria y la defensa de los cultivadores de coca. Esa es la opinión de 95% de la izquierda y la de la extrema derecha en general, incluida la Administración Bush.
• Un escenario alternativo, el que mantengo yo, considera a Morales un político social liberal moderado que en los últimos cinco años ha evolucionado hacia el centro. No nacionalizará las multinacionales del petróleo o del gas sino que es probable que renegocie un aumento moderado de sus impuestos, y « nacionalice» los minerales del subsuelo, dejando que las compañíaslos extraigan libremente, los transporten y comercialicen.
• Promoverá tres variantes del capitalismo: protección de las pequeñas y medianas empresas; invitación a las inversiones extranjeras y financiación de las compañías estatales de petróleo y minería como socios menores de las multinacionales. Para compensar y estabilizar su gobierno, nombrará a una serie de líderes populares para puestos gubernamentales relacionados con el trabajo y el bienestar social, con presupuestos exiguos que estarán sometidos a los ministerios económicos y financieros dirigidos por economistas liberales. Morales promoverá y financiará actividades culturales indígenas así como la utilización de la lengua nativa en las escuelas andinas y en la Administración. «La reforma agraria» no implicará expropiación alguna de explotaciones agrarias sino que se reducirá a proyectos de colonización en zonas despobladas y sin cultivar. El cultivo de la coca se legalizará pero restringido a menos de medio acre por familia. Se prohibirá el tráfico de drogas. Morales propondrá trabajar con la DEA (Drug Enforcement Administración) estadounidense contra el tráfico y el blanqueo de dinero.
• Una enorme cantidad de datos -hechos relevantes para evaluar ambos escenarios- están disponibles para cualquier interesado en formarse un juicio completo sobre la dirección que va a tomar Evo Morales. Todos los datos sobre las políticas de Evo Morales, en particular desde 2002, indican un giro decidido hacia la derecha, desde las luchas populares a la política electoral; un deslizamiento hacia las actuaciones en el marco del Congreso y con las elites institucionales. Evo Morales ha cambiado desde el apoyo a las insurrecciones populares a dar su apoyo a uno u otro presidente neoliberal.Su estilo es populista, su manera de vestir informal. Habla el lenguaje de la gente. Es fotogénico, bien parecido y tiene carisma. Se mezcla a gusto con los vendedores en la calles y visita las casas de los pobres. Pero ¿a qué política sirven esos gestos y símbolos populistas? Su retórica antineoliberal no tiene sentido alguno cuando invita a más inversores extranjeros a expoliar el hierro, el gas, el petróleo, el magnesio y otras materias primas. No se van a producir transformaciones sistemáticas si se mantienen las privatizaciones ilegales, si se respetan las elites financieras y empresarialesde La Paz y Cochabambay las oligarquías de Santa Cruz. En el mejor de los casos, Evo impulsará algunos aumentos marginales de impuestos sobre el patrimonio y las patentes y quizás incremente un poco el gasto social o los servicios sociales (pero siempre limitados por un presupuesto fiscal muy reducido). El poder político se repartirá entre los nuevos pequeños burgueses en ascenso, que ocupan puestos dirigentes en el MAS, y la vieja oligarquía económica. Las relaciones diplomáticas con Cuba y Venezuela, sin duda, mejorarán enormemente.
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