16 de septiembre 2004 - 00:00

Jefe de senadores del PJ pidió por Galeano; gobierno enojado

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
Molesto estaba ayer el gobierno con Miguel Angel Pichetto. El rionegrino cometió el mayor yerro de su carrera política: desautorizar una decisión política del propio presidente Néstor Kirchner. Y, además, enfrentar a Cristina Fernández de Kirchner, implorando piedad por el casi condenado juez federal Juan José Galeano. Y ya a se sabe como actúa el matrimonio Kirchner con los que osan cuestionar una línea política.

Es que Pichetto consideró que el gobierno «debería aceptar» la renuncia de Galeano, para que sea investigado por la Justicia penal.

El pronunciamiento hubiera pasado inadvertido si no fuera por dos cuestiones: el rionegrino es el jefe de la bancada de senadores del peronismo e integrante del Consejo de la Magistratura, el órgano que -precisamente- tiene que juzgar la actuación de Galeano en la investigación del atentado a la AMIA.

«La sociedad tiene derecho a saber qué ocurrió con la investigación de este atentado, y la instancia para que se llegue a la verdad sobre este hecho es la Justicia y no el Consejo de la Magistratura», intentó explicar Pichetto cuando lo llamaron de Presidencia para recriminarle por aventurarse en una opinión que es diametralmente opuesta al pensamiento de los Kirchner.

El Ejecutivo ya tiene decidido dejar que el consejo de jueces avance en la destitución de Galeano; por eso no aceptó la renuncia. No quiere poner en su contra a la comunidad judío-argentina, que reclama que el magistrado federal explique su papel en la causa AMIA y que reciba el castigo moral y público que significa la destitución, amén de no percibir el beneficio de una jubilación del Poder Judicial ni volver a ocupar un cargo público.

Pero, fundamentalmente, el gobierno sólo conoce rasgos del veredicto del Tribunal Oral Federal N° 3, que fue duro con Galeano, e ignora por completo la dimensión que tendrán los fundamentos que se darán a conocer el 29 de octubre. Por lo tanto, cualquier definición fuera de tiempo podría ser fatídica para la relación que pretende reconstruir con la comunidad judía.

Pichetto
está ajeno a esta visión que lograron unificar Kirchner con Alberto Fernández, el ministro Horacio Rosatti y el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zanini.

Tan ajeno como la catarata de argumentos que
Fernández de Kirchner lanzó, en la soledad de Olivos, sosteniendo su postura de que el juez Galeano debía atravesar el espinoso camino del juicio político y no irse por la puerta grande de Comodoro Py.

La senadora ya había castigado a
Galeano durante una de las audiencias del juicio oral, cargando las tintas sobre el desempeño del magistrado y también sobre el gobierno de Menem (su obsesión). Una irritación que, posiblemente, la condujo a la amnesia, porque en ese trámite olvidó mencionar que como integrante de la comisión bicameral firmó, en 1997, una conclusión en la que se sostenía que: « Debe reconocerse la labor desarrollada por el señor juez federal Juan José Galeano, así como por los fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia...», pese a que no se había logrado el esclarecimiento del atentado.

Pichetto
recibió ayer todos los retos y se supo «usado» por su propios líderes. Es que el senador fue el nexo entre Galeano y la administración Kirchner cuando el juez federal hizo los primeros amagos de poner en manos del gobierno su dimisión.

Servicial,
Pichetto se ofreció a llevar los cantos de despedida a los jefes máximos. Así lo hizo y recibió como respuesta el compromiso de un decreto aceptando la dimisión.

El lunes por la noche
Galeano concretó su promesa y firmó su renuncia, pero Pichetto no le devolvió nada. Sólo pudo entregar un mutismo del gobierno, que inexorablemente abría las puertas hacia la destitución del juez.

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