La confusión entre deseo y análisis es el mayor obstáculo para proyectar escenarios probables. Prueba de ello es que –a una semana del plazo final fijado por el fallo que declaró inconstitucional la actual conformación de 13 miembros- continúan las especulaciones acerca de cuál será el futuro del Consejo de la Magistratura, paralizado a la espera de una nueva ley y hundido en elucubraciones y pronósticos fatídicos. Pero tal como adelantó Ámbito, no habrá sorpresa alguna: la Corte Suprema tomará control del órgano de selección y remoción de jueces a partir del 16 de abril a partir del desembarco de Horacio Rosatti en su cabecera y con la mayor parte de sus miembros nuevos designados por sus estamentos. La explicación para descartar por qué no ocurrirá nada distinto surge de una pregunta simple: si los jueces, los abogados y los académicos acataron la decisión, ¿La Corte no va a cumplir su propio fallo? La respuesta implica una rotunda confirmación de lo que sucederá. Sin embargo, esa misma línea de razonamiento implica que el Congreso –es decir, la política- sea el único que enfila hacia un incumplimiento de la sentencia del 16 de diciembre pasado por la imposibilidad de designar a sus representantes por la segunda minoría. No hay ninguna intencionalidad ni audaz jugada para bloquear a un adversario por detrás. Es la imposibilidad de abrir, siquiera, la discusión ante resultados imprevisibles que puedan rifar dos bancas por las que todos pulsean. A partir del 16-A es la política la que se convierte en calabaza.
Consejo: Corte desembarca el 16-A y la política se convierte en calabaza
Continúan las especulaciones acerca de cuál será el futuro del Consejo de la Magistratura, paralizado a la espera de una nueva ley y hundido en elucubraciones y pronósticos fatídicos. Pero tal como adelantó Ámbito, no habrá sorpresa alguna: la Corte Suprema tomará control del órgano de selección y remoción de jueces a partir del 16 de abril a partir del desembarco de Horacio Rosatti en su cabecera y con la mayor parte de sus miembros nuevos designados por sus estamentos.
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La metáfora de cuento de hadas grafica qué tan al margen se queda la discusión política del ideal de continuidad institucional sobre el órgano constitucional de conducción del Poder Judicial. Como telón de fondo existe otra discusión naciente que plantea un giro en el foco de atención luego de años de una sobrerrepresentación de las disputas partidarias en el seno del Consejo: las cuestiones que interesan al mundo judicial, como prioridad, tienen decenas de necesidades desatendidas. En su ombliguismo, la política suele pasar todos esos tópicos por el tamiz del enfrentamiento partidario como una explicación permanente a los intereses en pugna. A veces, los techos de los juzgados que no entienden de abstracciones se caen simplemente por falta de mantenimiento.
Ese eje discursivo se plasmó con intensidad en la campaña por la banca para una jueza que el jueves pasado quedó finalmente para Agustina Díaz Cordero, por la lista Bordó. El triunfo genera un doble desafío para los vencedores. Los deja bien posicionados para noviembre (cuando haya un nuevo recambio de integrantes) pero también fuerza una discusión de líneas internas de cara a una renovación de la dirigencia entre los jueces. Eso motivó el gran interés que se plasmó en la concurrencia a las urnas respecto al padrón. El escenario opuesto que solo interesó a un 10%, lo transitaron los abogados y allí donde se impuso la representante de Mauricio Macri, Jimena de la Torre. Sin casi la colaboración del kirchnerismo, hubo un doble mérito en la candidata retadora, la decana de la facultad de Lomas María Fernanda Vázquez, que recortó la ventaja que el martes a las 18 horas se percibía. Hubo temor de que la lista “amarilla” pudiera ingresar a sus dos representantes. En ambas trincheras tenían la misma información. Tal vez eso explique que De la Torre tuviera un festejo sobrio. Se habían ilusionado con un doblete.
Semana corta por los feriados de Pascuas, el 16 de abril, plazo límite de los 120 días que otorgó la Corte cae –con toda ironía del destino- en Sábado Santo. Luego del Domingo de Resurrección llegará la elección de la académica que debe integrar la última de las plazas factibles de cubrir. Por eso, la fecha simbólica se correrá en el calendario apenas para la semana siguiente cuando la Corte cuente con el quórum necesario ya con el formato de 20. El Congreso quedará así al margen aportando un ladrillo más a la inédita situación que atraviesa la política en todos sus frentes, pero que trasuntan en que no pueda haber el más mínimo acuerdo ni siquiera para enviar suplentes temporarios.




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