28 de abril 2003 - 00:00

Juego limitado de L. Murphy, R. Saá y Carrió en el ballottage

El tercer lugar que Ricardo López Murphy aseguró anoche en el recuento provisorio abre la principal incógnita de la elección del 18 de mayo.

El primer diagnóstico en que el candidato puede poner en la mesa de algún acuerdo parte del voto que respaldó lo que es una formidable elección - si se piensa que hace 30 días, con la excepción de la encuesta de «Ambito Político», nadie lo tenía en cuenta para los primeros lugares. No todo ese voto, ya que la clave del ascenso del ex radical ha sido el respaldo del voto antiperonista de las grandes ciudades. «La opción ante los candidatos del peronismo es el gorila más eficiente, y ése es Ricardo», dice Hernán Lombardi cuando explica la mecánica de su candidato.


En convertirse en el gorila más eficiente López Murphy le sacó varios cuerpos a Elisa Carrió, también respaldada por el mismo padrón no peronista pero que naufragó en un misticismo sospechoso para esa franja de centroizquierda que en 1995 estuvo detrás de José Bordón, en 1997 detrás de Alvarez-Meijide y en 1999 con la Alianza. El emblema es la foto de López Murphy junto a los escritores Marcos Aguinis y Santiago Kovadloff (biógrafo y también escriba de los discursos de Graciela Fernández Meijide hasta su aterrizaje forzoso) o el rol de Juan José Sebreli, otro ingenio para la ubicuidad política, defendiendo a López Murphy por la TV.

Es difícil que el voto que se referencia en esas imágenes, o que el propio candidato, se expresen en favor de Carlos Menem en el ballottage. Menos lo harán, claro, por Néstor Kirchner y el modelo productivo, por relación con el peronismo ortodoxo de Eduardo Duhalde.

El cambio en la relación de Menem con López Murphy fue uno de los datos clave de la última semana de la elección. El riojano se dejó llevar por la tendencia de los demás candidatos de minimizar las posibilidades del economista. Antes de la campaña admitía que podía convertirlo en funcionario de un eventual gobierno desde el 25 de mayo. Tres semanas antes de los comicios López Murphy recibió el último mensaje de los cuarteles menemistas: 1) que piense en la gobernabilidad; 2) que sabían que se estaba quedando sin dinero para la campaña; 3) que sabían que estaba físicamente exhausto. En suma, una invitación a comenzar a hablar del día después, es decir de hoy y mirando al ballottage. En el acto de cierre del jueves pasado, la irritación de Menem rozó la violencia. Descalificó a López Murphy por haber sido ministro de De la Rúa y renunciar por una sentada de los universitarios. Lo remató acusándolo de desleal con De la Rúa por una infeliz mención de helicópteros.

Perdida la carrera en la interna por convertirse en vicaria de los votos antiperonistas en el último tramo de la elección, Carrió parece más cerca de Kirchner que de acercarle alguna ayuda a Menem, algo que sabe además es imposible pedirle a la tropa que logró juntar en una campaña que parece más cerca de una cruzada por la temperancia que por lograr votos y acumular poder político. Su gente y ella misma mantienen lazos con el peronismo «calafate» que rodea a Kirchner. Duhalde la ha halagado con todo lo que estuvo a su alcance. Cuando alguien le solicita una medida costosa en lo político dice, en broma y en serio, «primero pídanselo a Carrió en el Congreso, que después me hace astillas» (a los petroleros el año pasado). Cuando ella le pidió que los partidos con lista única quedasen eximidos de ir a internas obligatorias para los demás, no le tembló el pulso para darle el gusto. No se dice, ni se habla, pero el principal lugarteniente de Carrió ha sido quien ahora negociará con Kirchner los apoyos mutuos, el diputado Rafael Romá. Este político bonaerense fue nada menos que el vicegobernador de Duhalde durante sus dos mandatos en la provincia. Nunca perdió su buena relación con el presidente y actúa respecto de Carrió como Pierri lo hace manteniendo algún tipo de relación pacífica también entre Duhalde y Menem.

Adolfo Rodríguez Saá seguía peleando anoche la denuncia de fraude y confrontaba la lectura de las barrosas bocas de urna con el voto a voto que salía del recuento de su gente en mesas donde le tenía que ir bien por necesidad. Sin apoyos firmes en ningún distrito más que San Luis no logró mantener al voto peronista dividido en tres, que es lo que movió a Duhalde a imaginar el disparate de las «fórmulas» autorizada por el PJ. Unidos por rencores mutuos e innegociables es impensable que el sanluiseño haga algún además en favor de Kirchner; lo que pueda lograr en el manejo del voto que pudo concentrar en torno de su ardiente personalidad lo moverá seguramente en favor de Menem. Nunca dejó de acusar de todos sus males a Duhalde; lo castigó a Menem por una presunta complicidad con el Presidente, pero se cuidó de personalizar los agravios.

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