5 de septiembre 2006 - 00:00

Kirchner, sin apuro para normalizar PJ

Néstor Kirchner no tiene en agenda ningún plan de corto plazo para normalizar el PJ nacional. Con el foco en el diseño de la «concertación» con los radicales K y, más sobriamente, con una porción del socialismo, el Presidente adormeció todas las aventuras ligadas al peronismo.

A pesar de que la jueza María Servini de Cubría había programado la tercera semana de noviembre como probable fecha de internas para votar autoridades, esa alternativa está descartada y salvo una contraorden, el proceso de normalización quedará congelado hasta 2007.

«El Presidente está abocado a construir la concertación plural. Para él la normalización del partido hoy no es prioridad», admitió ayer Ramón Ruiz, interventor judicial del partido que quizá debería limitarse a las artesanías administrativas.

Palabras idénticas pronunciaron un dirigente del kirchnerismo y un operador peronista.

Mañana se cumplirá un año desde que, el 6 de setiembre de 2005, a poco más de un mes del duelo entre Cristina Fernández y Chiche Duhalde en Buenos Aires, Servini de Cubría ordenó la intervención del PJ nacional con el argumento de que estaba «acéfalo».

Luego del tumultuoso congreso de Parque Norte en marzo de 2004, el partido quedó frágilmente administrado por el congreso que presidía Eduardo Camaño, dirigente que al romperse el pacto entre Kirchner y el duhaldismo quedó de la vereda de enfrente del gobierno.

Fue la excusa perfecta. Pero desde entonces poco cambió. La intervención, a cargo de Ramón Ruiz, encaró un plan de limpieza de padrones de alcance limitado porque el PJ de cada provincia tiene autonomía en ese sentido y operó sobre las franquicias de los distritos en problemas.

  • Ironías

    Más allá de las intenciones de Ruiz y las charlas que se organizan en la sede de Matheu -hoy estará Carlos Tomada; el jueves, Alicia Kirchner-, no hay indicios de avance. De algún modo, como bromean algunos peronistas, «Servini es la presidenta del PJ».

    Al margen de la humorada, Kirchner no tiene ninguna intención de asumir la jefatura del peronismo como piden gobernadores, intendentes y dirigentes del PJ. En el verano pasado, esa chance no estaba nada lejos. Ahora, de tan distante parece imposible.

    Todo tiene su razón. Un sujeto hábil para los recovecos legales -por caso, un Jorge Landau, que pergeñó la triple candidatura de 2003 que gestó el congreso de Lanús- podría diseñar un cronograma casi fugaz para que en 50 o 60 días el partido vote autoridades.

    Pero aunque breve, el proceso electoral sembraría un debate que, como potencial candidato, empujaría a Kirchner a una situación incómoda: lo dejaría encorsetado al peronismo cuando su pretensión es, justamente, mostrarse múltiple, diverso y sin aduanas partidarias. Además le daría una tarima a sus rivales del PJ que hace tiempo reclaman la normalización. Adolfo Rodríguez Saá fue el primero en montar un show con ese fin cuando reunió en sus oficinas de Venezuela a Camaño y Ramón Puerta. Fue la foto de los tres ex presidentes.

    El fin de semana, en Salta, Juan Carlos Romero organizó su propio mitin donde, además de Puerta, computó una visita tan silenciosa como relevante: Alberto Coto, negociador de Roberto Lavagna. Con esa pirueta, el salteño puja por un lugar en el podio partidario.

    Ni el ruidoso acto de Rodríguez Saá -que contó con la presencia de los ultraopositores de El General- ni el encuentro en Salta preocuparon a Kirchner. En rigor, aunque en el peronismo dicen que necesita del PJ, sobran las dudas sobre si Kirchner querrá en algún momento normalizar el partido.

    «Necesita un soporte operativo para armar la concertación», especuló ayer un dirigente del PJ. No está tan claro: si en la provincia, en 2005, construyó en torno al Frente para la Victoria, ¿por qué no podría repetir la fórmula en 2007 para la presidencial?

    Por lo pronto, en caso que necesite del partido, hay una opción de emergencia: convocar a un congreso para que éste proclame a las nuevas autoridades. De ese modo, no habría internas ni puja electoral. Sí, en cambio, mucho ruido porque ese formato sería legalmente poco sólido.

    «Si llamamos a un congreso, habría muchos reclamos. Salvo que ese congreso sea autoconvocado», se explicó ayer, casi dando una sugerencia. Pero recién en 2007 ese asunto entraría en el cajón de arena de Kirchner.
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