Kirchner busca ahora intervenir el PJ
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María Servini de Cubría
Sin embargo, en la otra vereda, la de Kirchner, no avanzan tan lejos. Algunos dirigentes ligados a esta operación arguyen que «sería muy torpe, demasiado favorable a los Duhalde intervenir el PJ provincial en este contexto de pelea». Alivio para Díaz Bancalari, quien preside esa fuerza desde que el ex presidente «se retiró de la política». En cambio, la guillotina se acerca al cuello de otro duhaldista parlamentario, Eduardo Camaño, quien conduce el congreso del partido que también sería intervenido.
Quienes miran con más profundidad reconocen que hubo en 2004 un error estratégico de Kirchner: no haberse preocupado por convertirse en jefe del PJ nacional, lo que le evitaría hoy una cantidad de contradicciones durante el proselitismo de su gobierno. Ahora la figura del «Pelado» Ruíz no alcanza. Con menos pretensiones analíticas, alguien apuntó ayer: «Ojo que en el PJ nacional hay como 5 millones de pesos de los fondos que asigna el Ministerio del Interior, además de lo que habrá que recaudar en el futuro». Cuestiones menores, que mueven montañas.
Finalmente, hay una dimensión que, aunque no se verifique en el corto plazo, no debería perderse de vista: con el PJ bajo el control de un interventor cualquier composición política entre Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá y Duhalde quedaría abortada. Los dos primeros podrían sumar al bonaerense a su campaña de reclamo por la normalización del peronismo a través de elecciones internas. Ahora esta pretensión resultaría extemporánea pero, pasadas las elecciones, tal vez estos tres zorros quieran poner en apuros a Kirchner desafiándolo con la disputa por la presidencia partidaria. Visto desde este ángulo, el golpe de mano que darían a través de Ruíz conllevaría un costo futuro: por el sólo hecho de intervenirlo, los gerentes de Kirchner le estarían dando al PJ una densidad política que volverá más relevante cualquier discusión o disputa referidaa esa entidad. Una evidenciade elemental física política. Pero estas responsabilidades no deben cargarse sobre las espaldas de Ruíz. Este dirigente histórico y de bajo perfil hará su tarea con profesionalismo, casi sin que se note.
• Vínculos
Es posible que termine trabajando para el gobierno, pero consiguiendo que se crea que no trabaja para nadie. Sus vinculaciones son infinitas. Como Servini, tiene una antigua « terminal» en el piso de la calle Paraná donde vive Jorge Antonio. Combinó esa lealtad con la de Diego Ibáñez, el sindicalista petrolero fallecido a comienzos de 1995. Gracias a la amistad con Ibáñez, vivió desde el primer día en las entretelas del menemismo, donde ganó alguna notoriedad fugaz cuando le atribuyeron aquellos carteles que retrataban a Eduardo Menem, Roberto Dromi, Eduardo Bauzá y José Luis Manzano con apodos acusatorios y peyorativos. Fue un instante de extravío, inducido tal vez por la vehemencia con que Zulema Yoma pedía ciertas cosas. Estos antecedentes no dañaron el vínculo de Ruíz con Duhalde, al servicio de quien puso su alquimia para legalizar congresos partidarios, determinar conducciones, habilitar procedimientos. El servicio más notorio en este sentido fue la consagración presidencial de Kirchner. Como tantos otros que, por ayudar a Duhalde, llevaron al santacruceño al poder, también a Ruíz le llegó la hora de optar. Con la intervención que se aproxima, ya lo hizo.




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