28 de abril 2003 - 00:00

Kirchner cedió a Scioli el comando en la Capital

Néstor Kirchner anoche, desde Santa Cruz, intentó explicar el resultado electoral que lo ubica en la segunda vuelta del próximo 18 de mayo. El gobernador, que pasó la jornada en su provincia, apareció recién cerca de las 22.30, con un discurso en el que dio paso a la próxima campaña por el ballottage en el que se preocupará de captar multivotos antimenemista y atrapar los de Ricardo López Murphy. Dijo que las urnas «dieron una lección a cualquier gesto de soberbia» y que «me votaron todos, radicales, frepasistas, socialistas, todos».

Una hora antes, Hilda «Chiche» de Duhalde, desembarcó en el búnker del kirchnerismo, en un hotel de Capital Federal, para festejar, como embajadora presidencial, y también arremetió contra Carlos Menem.

«La gente va a elegir entre un modelo de concentración de la riqueza y el de Kirchner, que es el de la producción y del trabajo»
, dijo la primera dama para referirse a la competencia del próximo 18 de mayo y dijo que su marido «está en paz».

Kirchner decidió pasar la jornada electoral en su provincia, ante la posibilidad del resultado adverso, y delegó en Daniel Scioli la presencia en la Capital Federal, quien esperó largas horas la compañía de «Chiche», como caras visibles del resultado de los comicios.

La esposa del Presidente se acercó recién pasadas las nueve y media de la noche, junto con algunos ministros, como Ginés González García, Graciela Giannettasio, mucho después de que llegara al lugar.

• Dos motivos

Mientras el gobernador de Santa Cruz jugueteaba con su perro boxer -su cábala, dice- el secretario de Turismo llegó poco después de las cinco de la tarde al porteño hotel Intercontinental, donde el kirchnerismo atendería los cómputos y los boca de urna que comenzaron ni bien se cerraron los comicios a las 18.

A esa altura, en el segundo subsuelo del hotel, comenzó la algarabía, ante dos televisores que arriesgaron resultados y se hablaba del «efecto Scioli» en los resultados.

Scioli
estaba con su esposa, Karina Rabollini -justo cumplió 36 años ayer- su hija Lorena y una docena de colaboradores, además de adherentes, entre los que se vio al ex frepasista Darío Alessandro, al ibarrista Ariel Schifrin, a los peronistas Alberto Fernández, Guillermo Oliveri, Eduardo Valdez, Julio Vitobello, al bonaerense Eduardo Sigal y más tarde el ex ministro Gustavo Béliz.

Por lo menos tres veces, antes del cierre del cuarto oscuro a las 18,
Kirchner se comunicó con Eduardo Duhalde. El Presidente designado le aseguró, a partir del mediodía, que tenía asegurada la segunda vuelta electoral, pero el santacruceño, recién cerca de las tres de la tarde comenzó a llamar a sus coroneles en diversos distritos y la Capital Federal: «estamos», les dijo en tono de contraseña, para alentarlos a reunirse a la espera del resultado que auguraba el posicionamiento para el 18 de mayo. De todos modos decidió mantenerse en su provincia, por dos motivos: la cábala, ya que allí festejó tres veces resultados favorables y la otra «porque todos van a Capital Federal». Cree, Kirchner, que esos gestos le dan una particularidad como candidato.

Ya cerca de las 19, después que
Scioli hiciera un discurso triunfalista, subió al menudo escenario Roberto Lavagna, quien se refirió «esto es lo que quería Eduardo Duhalde», con respecto a la realización de los comicios con tranquilidad.

En Santa Cruz, donde
Kirchner gobierna desde 1991 -reelecto dos veces con más de 50% de votos de sus 128.000 electores- simpatizantes del gobernador se reunían ante la sede de gobierno para vivar al candidato, antes de que se conocieran los primeros cómputos oficiales.

Desde la provincia de Buenos Aires,
Felipe Solá salió a hablar a las 20, con tono módico, el gobernador, aseguró que en su territorio «gana claramente la fórmula Kirchner-Scioli» y adjudicó a esos resultados que «llegue a la segunda vuelta». Solá dijo además sentirse «orgulloso de que el ballottage sea entre dos peronistas». Como un espectador, más que protagonista, de las elecciones de ayer, Solá espera ahora atribuirse -junto con Duhalde- el acceso a una segunda oportunidad que se dirimirá en las urnas, y luego el patrocinio de la hegemonía en el PJ bonaerense.

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