Kirchner de Dios
Néstor Kirchner decidió -contra su voluntad, dicen-que ya no quiere sólo un Partido Justicialista bajo su mando (a lo que se negó durante cuatro años). ¿Para qué algo tan pequeño como el PJ si puede aspirar a constituir un Tercer Movimiento Histórico, esa quimera hegemónica que después de Juan Domingo Perón varios intentaron sin éxito (Raúl Alfonsín, por ejemplo); inclusive, el propio Kirchner en su inicio en el gobierno cuando lanzó la "transversalidad" y luego la " concertación". Ya dispone de buena parte del peronismo, un tercio del radicalismo, el resto político casi en jaque mate, el sindicalismo de la mano de Hugo Moyano y los empresarios que, como se sabe, ni chistan. A los gobernadores, a su vez, se les impuso la regla de la "orga": dentro de su gobierno todo, afuera ni justicia. Su manto dionisíaco, entonces, hoy parece cubrir a todo el país; quien no se incluye se vuelve paria, marginal. Ya hubo modelos al respecto: terminaron mal como el PRI en México, ese ogro filantrópico.
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Otros elementos también le juegan en contra. No tiene Kirchner la seducción con que contaba Juan Domingo Perón cuando emprendió una tarea similar, pero sí más elementos que los sueños delirantes de quienes rodearon a Raúl Alfonsín y pensaron, como el caso de la vieja Junta Coordinadora Nacional, que desde un radicalismo triunfante en el 83 podrían conseguirlo.
Lo peligroso, entonces, no estaría allí. La cuestión la relatan muy bien los santacruceños que lo vieron actuar por años: «Kirchner te copta y en principio cumple con lo que promete. El problema es que cuando compró te guarda luego en la bodega». Lo entiende Moyano y por eso muta permanentemente del apoyo a una rebelión fingida.
Esa coptación proteccionista que pudo hacer durante cuatro años a fuerza de planes sociales, subsidios y obras públicas, le servirá para meter adentro del movimiento hasta a empresarios desesperados por estar allí.
Kirchner pasa a jugar en ese sentido otro papel, más parecido al del ogro filantrópico de Octavio Paz que acumula, como el avaro lo hace con las divisas, pero al solo efecto de guardar y controlar. Se olvida, quizás, de que la esencia de un movimiento que sume sectores está en la dinámica entre los interlocutores que lo integren. Dejar hacer y quedarse luego con el ganador.
Lo repetía Juan Domingo Perón en su archiconocida frase: «Los peronistas son como los gatos: todo el mundo cree que están peleando y en realidad se están reproduciendo». Se enfrentaban las fracciones y él se quedaba con el ganador.
La diferencia esencial con Kirchner parecería ser entonces que todo lo que toca lo esteriliza, de ahí que se frene en ocasiones el fenómeno de la reproducción. El ejemplo máximo no es sutil: si el Frente para la Victoria que armó en un inicio hubiera tenido libertad interna para reproducirse su esposa tendría que haber superado 45.29% de los votos que consiguió en octubre.
Con todo, el aparato y los fondos de que dispuso el gobierno debería haber opacado a Carlos Menem que en la primera elección llegó casi a 48 % y en la segunda a más de 49 %. O al propio Fernando de la Rúa que consiguió superar 50 % de los votos.
Otra prueba evidente de esa capacidad de esterilización vuelve a ser Lavagna. Desde el domingo al mediodía virtualmente caducó como candidato a futuro. Si le dijeron que podría ser un buen representante del gobierno para competir en la Capital Federal en 2009, debería fijarse bien el ex ministro si los votos que hoy le quedaron le alcanzan para competir por un cargo en la Legislatura. Error que comete Alfonsín también cuando lo pone a Lavagna como Plan B ante un eventual fracaso de Martín Lousteau. Quizás el INDEC despierte hoy en el electorado más confianza que la que Lavagna puede demostrar.




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