Kirchner en EE.UU.
También en Nueva York el Presidente convirtió al FMI en el centro de sus críticas. Le reclamó a Rato «ayuda en serio» y, ante el plenario de la ONU, cuestionó las políticas «arcaicas» del Fondo. Rato respondió contundente: dijo que no se negocia porque el gobierno no quiere. La corrección política la aportó Kirchner en la asamblea al avalar las políticas antiterroristas.
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Néstor Kirchner dio ayer en Nueva York su tercer discurso en la Asamblea Anual de las Naciones Unidas desde que es jefe de Estado. El tema central: castigar al FMI.
Del conjunto de presidentes que hablaron por la mañana se destacó Blair al introducir un nuevo argumento: que el terrorismo es anterior a la ocupación de Irak, que es una causa y no una consecuencia. Argumento que Kirchner también expuso, como en intervenciones anteriores, al recordar los atentados a entidades judías en la Argentina. La sobriedad del discurso de la mañana (Consejo de Seguridad) se convirtió por la tarde (Plenario de Alto Nivel) en una batucada de campaña que tuvo todos los ingredientes del discurso oficial: defensa de la revisión de las leyes de punto final, reconocimiento del fuero internacional para perseguir a los autores de hechos de terrorismo, lectura minuciosa de la cartilla con los números azules de la economía y condena de los subsidios agrícolas.
Este punto, infaltable en todos los discursos de Estado de los presidentes argentinos, había estado también en la intervención inaugural de Bush, que insistió en que Estados Unidos está dispuesto a eliminar todos los subsidios al agro si lo acompaña el resto de los países que subsidian. Esta oferta, cargada de ideología, pero utópica hoy como muchas desregulaciones pendientes, la vinculó Bush con su hipótesis de que el terrorismo crece en países donde no hay libertad, y que la primera libertad es la económica. Por eso dijo que había que dar de comer, pero también promover la libertad de comercio en todo el mundo.
• Sistema injusto
Kirchner no se animó a tantaespesura doctrinaria, pero cumplió en pedir el fin de los subsidios al decir que la Argentina se perjudica por la existencia de un «sistema de comercio internacional injusto para los productos agrícolas, donde los subsidios y la medidas paraarancelarias de los países desarrollados continúan impidiendo que nuestros países puedan crecer plenamente con sus recursos genuinos».
El clímax del segundo discurso, dicho pensando en las pantallas de TV de Buenos Aires, fue la andanada contra el FMI. Recordó que la Argentina pagó u$s 13 mil millones en los días de la última crisis. « Lamentablemente, en ese proceso de recuperación, expansión y transformación, no contamos con la ayuda del FMI, que sí apoyó y financió hasta semanas antes del colapso el régimen de convertibilidad.»
En otro tramo duro del mensaje, que festejaron sus adláteres, defendió el canje de la deuda privada como una forma de ganar libertad para aplicar políticas de desarrollo, forma palabrera de decir que no se pagó mucho para contar con más dinero, algo parecido a « desendeudamiento» con el FMI. El final fue el clásico llamado pro Malvinas de todos los presidentes, que fue celebrado por la barra de acompañantes, algunos regocijados por el rap anti-FMI, como el cónsul Héctor Timerman, que, exagerando, dijo que era uno de los mejores discursos que había escuchado. Al salir, lo esperaba a Kirchner el premier sueco, Goran Persson, con un papelito que decía «Astiz».




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