Kirchner habla más tarde en Congreso para callar al campo

Política

Entre velas y veneraciones, la invocación a Santa Evita,en la Plaza del Congreso, pedía anoche «protección de los oligarcas». Con un tono místico y circense, el kirchnerismo hará hoy su quinta marcha desde que, en marzo, estalló el conflicto con el campo.

Más pragmático, Néstor Kirchner postergó su mensaje para las 18. Con eso, busca quedarse con la última palabra: un rato antes, a las 16.30, comenzará en Palermo la concentración de los productores, a la que se sumarán sectores de la oposición, entre ellos el PJ disidente.

Unico orador, el patagónico relegará así a su esposa, Cristina de Kirchner, que se encerrará en Casa Rosada para ejecutar, en persona, la captura de votos que le garantice en el Senado la aprobación de la polémica Resolución 125 que fijó las retenciones móviles.

Como en un ajedrez, el ex presidente respondió con un movimiento propio a cada movimiento del campo. A horas de que los ruralistas anunciaron su marcha al Monumento de los Españoles, dispuso una movilización al Congreso para el mismo día a la misma hora.

Cuando ayer, para evitar confrontaciones, la Mesa de Enlace rural demoró para las 16.30 su acto, Kirchner resolvió que la tropa K se instale frente al Congreso a las 15, pero avisó que él hará su discurso a las 18, cuando comience a caer la noche sobre la Ciudad.

Golpe a golpe, ese juego de posiciones será apenas una réplica menor, anecdótica, de la fractura que se traslucirá en los dos actos que en paralelo se realizarán esta tarde en la Capital Federal. El gobierno frente al Congreso; los productores en Palermo.

Sea como fuere, Kirchner quiere ser la última voz en la noche porteña. Supone que la palabra final apaga todas las palabras anteriores.

  • Sumas y restas

    Obsesivo, el patagónico se puso al frente de la organización de su propio show. Un escenario, montado sobre Entre Ríos, de espaldas al Palacio Legislativo donde unas horas después se discutirán las retenciones. Dice, Kirchner, que tiene ganada la votación.

    Esa seguridad manifiesta confronta con un dato: en persona, coordinó cada detalle del acto y llamó, uno por uno, a los principales caciques del PJ, la UCR K, piqueteros y sindicalistas, para comprometerlos a sumar sus columnas al mitin oficial.

    De ese modo, Hugo Moyano mostrará su gente al igual que Luis D'Elía; los radicales K compartirán playón con los intendentes del conurbano profundo; el socialismo K coincidirá con Daniel Scioli y Hebe de Bonafini, y hasta el PC pondráa su gente junto a la JP camporista.

    Por unas horas, para hacer espacio, los K levantarán las múltiples carpas que desde que empezó la discusión por las retenciones móviles en Diputados instalaron en la plaza que hoy copará el kirchnerismo en sus diversas vertientes.

    En el tumulto, el gobierno espera que pasen inadvertidas las ausencias. Y las habrá: a gobernadores como Juan Schiaretti, crítico desde el inicio, se sumará el chubutense Mario Das Neves, que expresó su disconformidad con el mecanismo de actos y contraactos.

    Anoche, en Casa Rosada, descontaban una concentración masiva. Más de 100 mil personas, decían. Ese número mágico es el que siempre promete el gobierno, pero nunca puede alcanzar. Por eso, Kirchner se encargó de la organización. Quiere una plaza sin huecos.

    Su regreso, dice, debe ser a lo grande. Es la forma, cree, de alejar el riesgo de que huela a despedida.
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