Kirchner habla más tarde en Congreso para callar al campo
-
Rafael Grossi reclama una ONU más activa ante el avance de los conflictos globales
-
Impacto en aprendizajes: advierten que los alumnos pierden hasta un año de clases
Sea como fuere, Kirchner quiere ser la última voz en la noche porteña. Supone que la palabra final apaga todas las palabras anteriores.
Obsesivo, el patagónico se puso al frente de la organización de su propio show. Un escenario, montado sobre Entre Ríos, de espaldas al Palacio Legislativo donde unas horas después se discutirán las retenciones. Dice, Kirchner, que tiene ganada la votación.
Esa seguridad manifiesta confronta con un dato: en persona, coordinó cada detalle del acto y llamó, uno por uno, a los principales caciques del PJ, la UCR K, piqueteros y sindicalistas, para comprometerlos a sumar sus columnas al mitin oficial.
De ese modo, Hugo Moyano mostrará su gente al igual que Luis D'Elía; los radicales K compartirán playón con los intendentes del conurbano profundo; el socialismo K coincidirá con Daniel Scioli y Hebe de Bonafini, y hasta el PC pondráa su gente junto a la JP camporista.
Por unas horas, para hacer espacio, los K levantarán las múltiples carpas que desde que empezó la discusión por las retenciones móviles en Diputados instalaron en la plaza que hoy copará el kirchnerismo en sus diversas vertientes.
En el tumulto, el gobierno espera que pasen inadvertidas las ausencias. Y las habrá: a gobernadores como Juan Schiaretti, crítico desde el inicio, se sumará el chubutense Mario Das Neves, que expresó su disconformidad con el mecanismo de actos y contraactos.
Anoche, en Casa Rosada, descontaban una concentración masiva. Más de 100 mil personas, decían. Ese número mágico es el que siempre promete el gobierno, pero nunca puede alcanzar. Por eso, Kirchner se encargó de la organización. Quiere una plaza sin huecos.
Su regreso, dice, debe ser a lo grande. Es la forma, cree, de alejar el riesgo de que huela a despedida.




Dejá tu comentario