6 de mayo 2003 - 00:00

Kirchner, mañana, a Lula: "Cambio foto por voto-Cuba"

Kirchner parte mañana, dentro de una singular anticampaña que lo fuerza a casi no aparecer, hacia Brasilia, donde pedirá que Lula haga gestos de apoyo como retribución del último favor de su jefe, Duhalde, al seguir a Brasil en la abstención en el caso Cuba.

Néstor Kirchner trata de no referirse a Carlos Menem en sus discursos y prefiere hablar del «fantasma del pasado». Sin embargo, es él quien escogió convertirse en fantasma como estrategia para llegar al ballottage, siguiendo el consejo de sus asesores, para los cuales «es mejor que siga siendo un papel en blanco sobre el que cualquiera puede escribir el mensaje que quiera para derrotar a Menem». Pero Kirchner decidió abandonar esa posición por un momento para visitar Brasilia y sacarse una foto con Luiz Inácio Lula Da Silva. Irá hasta allá acompañado por su jefe de campaña, Alberto Fernández, por Roberto Lavagna y por su vocero, Miguel Núñez.

El presidente de Brasil recibirá a Kirchner con los brazos abiertos y le recordará que hace unos meses, cuando le preguntó a Duhalde quién sería su sucesor, escuchó por primera vez su nombre de boca del mandatario. La afinidad con el duhaldismo se incrementó más recientemente, cuando la diplomacia argentina se plegó a la postura de Itamaraty respecto de las violaciones a los derechos humanos de Fidel Castro. Fue a pedido de Lula que Duhalde adoptó esa política, que ahora cobrará en la ventanilla del proselitismo.

• Antipatía

A Lula le resultará placentero apoyar a Kirchner, a quien no conoce. Su antipatía hacia Menem se mantiene viva más allá de las gestiones amistosas del embajador José Botafogo Gonçalves, quien exploró vía Carlos Corach alguna recomposición entre el riojano y su presidente. Pero Lula avanza en política exterior por caminos ajenos a los de la diplomacia profesional, como demostró cuando incluyó a Menem entre los presidentes que habían «cometido latrocinios» en América latina (con el argentino figuraban también Fernando Collor de Mello, Carlos Salinas de Gortari y Alberto Fujimori). Ahora, para evitar que se diga que se inmiscuye en peleas de extranjeros, dirá que si no recibe a Menem es porque éste no le pidió una entrevista.

El gestor del encuentro fue Martín Redrado, quien con esta gestión (y otra que lleva adelante en Chile con Ricardo Lagos) avanza hacia el cargo de canciller, para el que también se preparan Juan Pablo Lohlé y Lavagna. Aunque el ministro de Economía debería permanecer un tiempo más en su cargo, lo que, se supone, sería la gran venganza de Kirchner para quien quiso birlarle la candidatura presidencial: que negocie, ahora en serio, un acuerdo con el Fondo.

En ninguno de los organigramas figura Carlos Ruckauf, enemistado con Kirchner y ausente con aviso por un implante de pelo del que se beneficia momentáneamente el vicecanciller (ociosos bromistas de la política exterior llaman ahora «Ceferino Namuncurá» a «Rucucu», por la densidad de su cabellera).

• Pretensiones

Para Kirchner, la asociación con Lula no puede ser más propicia. En rigor, utiliza el icono del sindicalista del PT como toda la izquierda argentina, con la intención de realizar una pasable mejora de imagen. Como Chacho Alvarez, Víctor De Gennaro, Elisa Carrió y -sobre todo- Aníbal Ibarra, también Kirchner pretende que, cuando se busquen antecedentes para vislumbrar lo que sería un gobierno suyo, no se mire al gobierno de la Alianza, que estalló en pedazos antes del año, con las denuncias de corrupción de Alvarez, sino la experiencia brasileña, tanto más sensata y moderada.

Lula, a su vez, pretende constituirse en un líder sudamericano no por la vía de la gravitación de su país, al que siempre se le sospecharon ínfulas imperiales, sino por las afinidades ideológicas. Además, el gremialista está dispuesto a financiar esa preponderancia, como demostró ayer, cuando resolvió que el banco de desarrollo (BNDS) de su país financie exportaciones argentinas. Una medida que ya se había concedido a Bolivia y a Venezuela.

¿Qué rédito podrá obtener Kirchner? Seguramente, la foto con un presidente-estrella por estas horas. ¿Qué costo afrontará? Tal vez algunos más que el voto a favor de Cuba: es posible que Lula, sindicalista al fin, le cobre el acto de campaña. La venta de PeCom a Petrobrás, la disputa por el mercado azucarero y la postura argentina en relación con el ALCA forman parte de cualquier factura en un escritorio brasileño que se precie. Son materias en las que Brasilia no tiene ideología.

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