14 de diciembre 2004 - 00:00

Kirchner y Lula se distancian más

Igual se ven el viernes en Ouro Preto en otra reunión del Mercosur. El presidente argentino opera bien en cuanto a frenar el expansionismo permanente de los brasileños que ahora quieren agrupar a Sudamérica bajo su égida y lograr un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. No es correcto el enojo del gobierno argentino en cuanto a que Lula da Silva ejecuta un socialismo moderado sin ultras ni setentistas y tiene la economía de su país mucho mejor encaminada y con planes coherentes de desarrollo futuro con concentración de inversiones externas como no sucede aquí.

Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva
Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva
En casi todas las oportunidades en que estuvieron juntos, Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva debieron desmontar algún conflicto. Dos veces lo hicieron casi en público, durante la Asamblea de las Naciones Unidas, en Nueva York.

Tampoco hubo tantas ocasiones: más allá de cumbres iberoamericanas y encuentros del Mercosur, se han visitado bastante poco. Este viernes, en la encantadora Ouro Preto, deberán de nuevo aliviar un vínculo que se tensó demasiado.

Las razones de superficie del entredicho entre la Argentina y Brasil están identificadas en el plano comercial. Sin embargo, lo que inquieta en Brasilia tiene que ver con el mediano plazo. Angustiado el gobierno argentino por salir del default, ¿no terminará cediendo en la mesa de los Estados Unidos su alianza con Brasil en las negociaciones del ALCA, que se reanudan dentro de dos meses? Esta pregunta es la que trabaja detrás de la inquietud de la diplomacia brasileña ante los gestos de desdén o agresividad que se emitieron desde Buenos Aires últimamente.

El viernes pasado hubo una reunión decisiva en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en la que participaron dos delegaciones. La brasileña estuvo presidida por Samuel Pinheiro Guimaraes, el vicecanciller de Itamaraty. El jefe de la comisión local fue el secretario de Comercio y Relaciones Internacionales del Palacio San Martín, Alfredo Chiaradía. Sin embargo, los que levantaron el tono fueron funcionarios de Roberto Lavagna: el subsecretario de Programación Económica, Sebastián Katz, y el segundo de Hacienda, Luis Pereyra. Kirchner monitoreó las tratativas por vía telefónica, comunicándose con Rafael Bielsa y sus hombres en Cancillería. E intervino personalmente en la redacción del sobrio comunicado conjunto que se redactó al finalizar las tratativas.

Se decidió bajar el tono de cualquier disputa y derivar para una Conferencia Diplomática que sesionará el año que viene
los dos temas más delicados que afectan la relación Argentina-Brasil en el plano comercial: la eliminación de aranceles internos y la disposición de salvaguardias (tasas o cupos de importación) para los sectores en los que se produzcan desequilibrios comerciales graves.

Son propuestas que había realizado Lavagna en Brasilia, en setiembre. En Economía se quejaban porque los brasileños « dilataban la respuesta con distintas excusas, sin definir su posición, eternamente».

Claro, a Lavagna como a cualquiera no le gusta probar de su propia medicina. Y, ya lo sabe el ministro que es el preferido de aquel país desde hace veinte años, en Brasil todo se hace en tres etapas.

• Malestar

De todos modos, si Kirchner se preocupó por enfriar el partido no fue por cuestiones de calzados, heladeras o vestidos. Su preocupación se debió a diversos signos de malestar político que le llegaron desde Brasil, sobre todo a través de la prensa (el santacruceño ha tomado la costumbre, y Lula lo sabe, de que le provean una síntesis de los principales diarios de San Pablo y Rio).

La primera de estas señales tuvo que ver con su ausencia de la cumbre de Cuzco, donde se suscribió (con escasas firmas presidenciales por tratarse del «sueño trunco de los libertadores») el acta de fundación de la
Comunidad Sudamericana. Nadie sabe si, además de los problemas de salud que le produce la altura, su irritación ante la iniciativa se debió a que proviene de Itamaraty o a que fue gestionada por Eduardo Duhalde, sirviendo a los designios de esa cancillería. Sin embargo, en Brasilia suponen que predomina la primera razón, a pesar de la tirria de Kirchner con su padrino bonaerense.

Para los observadores brasileños existe un puente entre la inasistencia a la cumbre de Cuzco y la emisión de un comunicado conjunto con Pakistán desaconsejando que se establezcan nuevas bancas permanentes en una reforma hipotética del Consejo de Seguridad de la ONU.
La suscripción de esa proclama fue para Itamaraty más dura que la ausencia de Kirchner en el Cuzco. O, mejor dicho, aquel papel explicó este faltazo. De un modo u otro, el malestar se dio a conocer por la prensa. Hace dos domingos el muy conservador «O Estado de Sao Paulo» publicó un furibundo editorial bajo el título «De amigos así Brasil no precisa». En ese texto, que reproduce los argumentos que se escuchan entre los diplomáticos de Brasil, se acusa al gobierno de Kirchner de dar a Brasil el mismo trato que Pakistán da a la India. Y se recuerda que los dos países del Asia mantienen un vínculo prebélico desde hace décadas. De esa recriminación, el editorialista pasa a zamarrear a la diplomacia brasileña por si se le ocurre hacer concesiones comerciales a las empresas argentinas.

Si quisiera mostrarse duro en Ouro Preto este viernes, Lula no tendría más que sacar a relucir ese artículo que Kirchner ya habrá leído. Si el pronunciamiento de Bielsa con el canciller paquistaní encendió luces de alarma en el gigantesco despacho de
Celso Amorim, la noticia (publicada por este diario) de que el ministro de Kirchner se instalaría durante un mes en Nueva York para presidir el Consejo de Seguridad (inaugura una modalidad que hasta ahora ningún canciller adoptó) haciéndose asesorar por el ex vicecanciller de Guido Di Tella, Fernando Petrella, terminó de ofuscar a los brasileños.

Es posible que Amorim haya superado en su furia a
César Mayoral, el representante de la Argentina ante la ONU, quien debe explicar a sus colegas en Nueva York que su jefe lo reemplazará en la presidencia del Consejo (habitualmente la ejercen los embajadores) y que para asesorarse trae a un antecesor suyo durante el gobierno de Carlos Menem.

• Cuentas pendientes

Entre Bielsa y Mayoral debe haber viejas cuentas pendientes, de tiempos en que ambos militaban en el Frepaso. Si no, es difícil entender por qué el canciller no firmó el pedido de ascenso del diplomático a embajador y, en cambio, se lo hizo suscribir al propio Kirchner, a pesar de que en la operación puede saltar algún antecedente administrativo de carácter dudoso en la foja de servicios del representante en la ONU (recuerdos parisinos).

La pelea por el Consejo y su banca parece bastante prematura. Es cierto que para Amorim es un sueño antiguo, de cuando era representante en la ONU. Pero es difícil que pueda concretarlo durante su mandato como ministro, aún cuando éste dure 8 años, como podría ocurrir. La reforma del Consejo depende de la voluntad de los Estados Unidos y esa voluntad está lejos de favorecer la iniciativa ahora. Además, la simpatía del Departamento de Estado por el canciller brasileño no es demasiada: allí recuerdan aquel «Informe Amorim», donde el actual ministro de Lula sostenía que el embargo contra Irak castigaba al pueblo de ese país pero no movía un pelo a
Saddam Hussein.

En este marco, con su cancillería convertida en un centro de operaciones desembozado contra las pretensiones brasileñas que todavía son imaginarias, Kirchner dio la voz de «alto», el viernes, desde su despacho. ¿La habrá escuchado Bielsa, quien ayer se vio con Kofi Annan y hoy tiene turno con
Colin Powell? Con ellos el canciller pensaba hablar de la operación combinada con Pakistán, que quedó escrita en un papel en el que los dos conjurados hicieron su «división internacional del trabajo». Tal vez la conversación cambie de rumbo en homenaje al encuentro de Ouro Preto, adonde Bielsa llegará desde Alemania, otro país candidato a miembro permanente del Consejo.

Allí, en esa reliquia urbana del barroco portugués, los brasileños podrán desentrañar su última incógnita. A saber: si la embestida argentina contra sus designios comerciales o políticos se debe solamente a una rivalidad de vecindario o si, como sospechan algunos, es la antesala de otra divergencia. Sucede que
en febrero se retomarán las conversaciones sobre el ALCA con un nuevo representante comercial de los Estados Unidos. ¿Seguirá la Argentina acoplada a Brasil en sus determinaciones? ¿O aceptará las posturas más independientes a las que invita Washington? Como se sabe, Kirchner cuelga internacionalmente del piolín norteamericano por lo menos hasta que la Argentina salga del default. Y es esa fragilidad la que preocupa a Lula y su gobierno cuando miran la agenda regional de 2005.

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