9 de noviembre 2007 - 00:00

La Argentina y Uruguay, peor. El rey, un fracaso

Era previsible el final, pero nunca que fuera tan violento. La gestión de Juan Carlos de Borbón para facilitar el diálogo entre la Argentina y Uruguay demostró su inutilidad: no sirvió ni para resguardar las mínimas reglas de convivencia. Ayer, desde Santiago de Chile, Tabaré Vázquez dio la orden para que Botnia comenzara a operar inmediatamente. Fue el final de un día de desaires entre los dos presidentes. A la noche, Néstor Kirchner se encargó de demostrar que estaba "indignado". Tomó la decisión de Uruguay como una provocación innecesaria y "una falta de respeto". Resta para hoy otra reunión con el facilitador español que aparecía anoche imposible.

Antes deconocer ladecisión deTabaréVázquez deautorizar elfuncionamientodeBotnia todoera sonrisasen ladelegaciónargentina.NéstorKirchnerabrazó,como unpadre, aMichelleBachelet y asu esposaCristina.
Antes de conocer la decisión de Tabaré Vázquez de autorizar el funcionamiento de Botnia todo era sonrisas en la delegación argentina. Néstor Kirchner abrazó, como un padre, a Michelle Bachelet y a su esposa Cristina.
El peor pronóstico, el que ni los más apocalípticos se atrevían a imaginar, se cristalizó: sobre la medianoche, Tabaré Vázquez ordenó desde Chile, que se le otorgue «de inmediato» la habilitación a la pastera Botnia para que comience a funcionar en las próximas horas.

Luego de convocar a «un abrazo fraterno entre los hermanos del Río de la Plata» en la apertura de la XVII Cumbre Iberoamericana, el presidente uruguayo le ordenó a Alicia Torres, titular de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (DINAMA), que le extienda la autorización a la compañía finesa.

Anoche, en el San Cristóbal Tower, Torres se lo confirmó a Ambito Financiero. Evitó, no obstante, dar más precisiones hasta que el gobierno uruguayo emita un comunicado oficial sobre el tema.

Fue la coronación, extrema y definitiva, de un diálogo frustrado. Las escasas expectativas que sobrevivían sobre un mínimoacuerdo entre la Argentina y Uruguay se esfumaron. Se produjo, además, en el escenario menos deseado: ante la presencia del rey Juan Carlos de Borbón que ensayó una mediación.

Todo a contramano. La cumbre de presidentes que comenzó anoche en esta ciudad aparecía como la última instancia para intentar una salida común sobre el conflicto de la pastera. Pero ocurrió todo lo contrario: fracasó la negociación y, con Botnia habilitada, no queda otra instancia que La Haya.

La decisión de Tabaré es una apuesta de todo o nada tras dos días de ásperos cruces entre los dos países, con pequeñas treguas para conversaciones escasas y poco redituables. El miércoles empezó el uruguayo; ayer lo retrucó Néstor Kirchner. Anoche, Vázquez jugó su carta más brava. Como en una pelea de pandilleros, en un golpe por golpe, apenas llegado a Chile, Kirchner le agregó la pólvora que faltaba para que la facilitación real en el conflicto por Botniaquede al borde del estallido. El patagónico toreó la intransigencia de Uruguay con un reclamo quimérico: la relocalización de la pastera.

Kirchner armó un cóctel incendiario de gestos y palabras: de arrebato, en un movimiento inesperado, se acercó a saludar a los asambleístas de Gualeguaychú que viajaron hasta Chile a protestar ante los que defendió «la causa» de la mudanza. Luego encapsuló la crisis a «la resolución en La Haya».

  • Condicionamiento

    Fue una respuesta directa a los dichos del miércoles de Tabaré Vázquez que expresó su pesimismo sobre el diálogo bilateral y condicionó cualquier atisbo de entendimiento entre la Argentina y Uruguay a que se levanten los «piquetes» que, desde hace meses, llevan adelante los vecinos de Entre Ríos.

    Con Kirchner y Tabaré en la trinchera, el facilitador José Antonio Yáñez Barnuevo y el canciller español, Miguel Angel Moratinos, trataban de parar una hemorragia con curitas. Una reunión clave entre los mediadores y funcionarios de ambos países se agotó sin resultados. El trato fue «amable»; el balance cero.

    Salvo un milagro, nada bueno queda por esperar de lo que ocurra hoy: sólo por cortesía, para no intoxicar la cumbre con un incidente que sólo atañe a dos países, y particularmente para no despreciar la intervención del rey Juan Carlos de Borbón, está previsto que por la mañana se retomen las conversaciones.

    Con Botnia a punto de empezar a humear, es probable que queden en suspenso las reuniones bilaterales que estaban programadas para hoy entre las comitivas de la Argentina y Uruguay con la delegación de España. Eso sí: no habrá contactos formales entre argentinos y uruguayos.

    Temprano, Juan Carlos desayunará con los presidentes; a las 9 recibirá a Cristina de Kirchner y es probable, aunque anoche no estaba confirmado, un mano a mano entre Kirchner y José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Y una foto de Kirchner y Tabaré con el rey? Nunca más lejana.

    Anoche, antes de que trascienda la novedad sobre la habilitación, el único objetivo era cuidar las formas: agradecer, entre elogios de todo color, la colaboración de la Casa Real que «permitió establecer un diálogo» entre los dos países, según el canciller uruguayo Reynaldo Gargano, a pesar de que «no dio resultado».

    Los voceros argentinos eran menos drásticos. «La facilitación dio resultado porque permitió el diálogo aunque no se haya logrado resolver una de las cuestiones de fondo que es Botnia.» Y destacaban un dato: recordaban que la mudanza de ENCE, la otra pastera, fue por gestión de la corona española.

    La historia de ese fracaso se escribió en poco más de cinco horas. Kirchner llegó a Santiago a las 17; apenas pasadas las 19 ya había naufragado la reunión convocada porYáñez Barnuevo y Moratinos con las comitivas de la Argentina y Uruguay para intentar acercar posiciones. A las 22, trascendió la noticia de la autorización.

    Un movimiento del patagónico fue determinante. Antes de encabezar un acto en la residencia del embajador argentino en Santiago, salió a la calle a saludar a un grupo de 20 asambleístas que querían entregarle un petitorio. Cuando le hablaron de relocalización, les lanzó una sola frase: «Yo siempre defendí la causa».

    Luego, ante la prensa, insistió con la propuesta de mudar Botnia o, de no ocurrir eso, dejar la resolución en manos del tribunal de La Haya. Las charlas que Yáñez, Moratinos, los cancilleres Gargano y Jorge Taiana, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, fueron apenas malabares en el aire.
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