19 de julio 2005 - 00:00

La crítica fácil y caso Moria Casán

El periodista Edgar Mainhard escribió en la revista «Edición i» una descarnada nota sobre el casquivano electorado porteño y un inesperado elogio sobre Moria Casán como candidata de Carlos Menem en la Capital Federal para diputada. Son respetables ambos enfoques. Los habitantes de Buenos Aires viven votando como si fueran los fiscales de la República y como si los disminuyera pensar en el voto a intendente cuando -piensan- sólo está a su altura el voto para gobernar el país.Y suelen terminar por eso maldiciendo cada bache en las calles, cada pintada de paredes. A su vez el periodismo involucró en «farándula», bastante despectivamente, a figuras del mundo artístico que aspiran a ingresar a legislaturas. Los cargos se ganan con figuras que emergen de la sociedad, y se integran con fuerte presencia al mundo del espectáculo. ¿O acaso la figura del gran cambio de Estados Unidos para despegarse definitivamente del «complejo Vietnam» no la produjo Ronald Reagan a quien difundió el cine? ¿O no fue alcalde de su pueblo, Carmel, Clint Eastwood? ¿No gobierna hoy California el actor de «Terminator»? Que la política argentina se nutra esencialmente del club del barrio y de la Facultad de Derecho no ha sido garantía de calidad y menos hoy día cuando el nivel del Congreso Nacional es francamente deplorable y amenaza con ser mucho peor cuando predominan las figuras elegidas sólo por fidelidad sin mirar la calidad. De ahí el valor de esta nota de Mainhard cuyos párrafos salientes reproducimos.

Así, en la Ciudad de Buenos Aires, hay un electorado que compartirán Elisa Carrió y Rafael Bielsa, y otro que se disputarán Macri, Cavallo y Casán, entre otros partidos y candidatos. Una atomización que difícilmente permita encontrar a un ganador absoluto de los comicios.

En total, más de 30 partidos políticos oficializaron sus listas ante la Justicia electoral para participar de las elecciones legislativas del 23 de octubre. Cavallo ha disparado « munición de gran calibre», probablemente a destiempo, porque otro impacto hubiese tenido en diciembre de 2001 y enero de 2002 revelar que María Isabel Escasany financió a Elisa Carrió para que derribara al Banco Galicia, de Eduardo Escasany; que Lorenzo Borocotó y Alberto Fernández eran reemplazantes de Duhalde en las listas de Acción por la República.

La metrópolis, tan orgullosa y ostentosa, deberá alguna vez asumir sus graves deficiencias, porque la Alianza fue promovida desde la Ciudad, también el Frepaso y el presidente que huyó en helicóptero. A la vez, fue/es profundamente «antimenemista» pero no logró que ninguna de las experiencias alternativas que alentó superase lo que le brindó su odiado y despreciado Menem. Jorge Domínguez resultó mejor intendente que su sucesor, De la Rúa; y todavía no se entiende por qué los porteños prefirieron darle la gestión de la Ciudad a Aníbal Ibarra antes que a Cavallo; y luego un 2º mandato al ineficiente Ibarra, antes que una oportunidad a Macri.

El nuevo «invento porteño» es Elisa Carrió, quien fue socia electoral de la Alianza (De la Rúa-Chacho), y de Ibarra contra Macri. También Bielsa fue un aliado de la Alianza (que le otorgó la Sindicatura General de la Nación) y de Ibarra.

En el caso de Casán, resulta una candidatura interesante porque es un personaje muy popular que ha asumido el desafío con humildad y sin ocultar su ignorancia; al fin de cuentas un legislador nacional debe representar a sus electores, no tener una preparación profesional, para lo que habitualmente se recurre a asesores.

Con esta estupidez de las listas sábana, no se sabe a qué llegan los legisladores; y el discernimiento previo es muy dificultoso porque el debate deriva en otras temáticas que no son realmente importantes.

Por ejemplo, Cristina Fernández de Kirchner e Hilda González de Duhalde son candidatas a senadoras nacionales por la provincia de Buenos Aires, y hasta ahora ninguna explicó para qué quiere su escaño, qué proyectos atractivos para el electorado dicen que impulsarán. Simple, casi elemental, Moria Casán recordó cuál es el rol de un legislador.

No es un tema menor, porque el Poder Legislativo ha sufrido un daño considerable en su reputación a partir de una renuncia a asumir su rol republicano.

Es verdad que Cavallo tiene bastante responsabilidad en este deterioro en la credibilidad porque él abusó de solicitar superpoderes, una transferencia extraordinaria de funciones del Congreso al Ejecutivo, que luego han mantenido Duhalde y Kirchner, aun cuando ya no exista una situación de emergencia que lo justifique.

En 1983 nadie crecía que un legislador de la Nación derivaría en una suerte de eunuco de la política. Por esto es tan importante exigirles que expliciten sus proyectos, para tener una vara con la cual evaluar su gestión.

Casán encabezará la lista del Movimiento Federal de Centro, y con ella el «menemismo» recupera una experiencia de los '90: los candidatos no políticos profesionales, como fueron los casos de Carlos Alberto Reutemann, en la provincia de Santa Fe, y de Ramón Ortega, en la provincia Luego, de Tucumán. el éxito depende de cada uno. Reutemann sigue siendo el político más popular de su provincia y hasta fue lo suficientemente hábil como para faltar, sin estridencias, al lanzamiento de Cristina de Kirchner en el Teatro Argentino de la ciudad de La Plata, lo que sin duda le reportará algún beneficio futuro a la hora de que cada uno dé cuenta de sus actos. En cambio, Ortega se estrelló. Hoy es una piltrafa política.

Casán reconoció no sentir culpa de andar en un coche importado y polarizado porque «todo lo gané con mi esfuerzo», y en privado no oculta su amenaza de preguntarles a sus eventuales contendientes: «Yo hice la guita con mis tetas, ¿y vos con qué la hiciste?». Por supuesto que es chabacano pero, ¿qué no lo es en la Argentina 2005? Cristina de Kirchner tiene aspiraciones de intelectual, pero no lo es y sus discursos tan publicitados han resultado elaboraciones controvertidas, hasta fácilmente rebatibles.

Otra virtud de Moria es asumirse como una propuesta de centroderecha, independiente.

¿Cuál es el problema de ser de derecha? Al fin de cuentas, cuando la Argentina fue una nación con aspiraciones, no era gobernada por la izquierda, ni siquiera por «progresistas» sino por políticos conservadores, pero visionarios, con proyectos muy definidos. Así ocurrió con Sarmiento, Pellegrini, Avellaneda y algunos más. La identidad es esencial para toda persona. Nunca hay que olvidarlo.

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