La española ENCE se reacomoda tras anuncio de irse
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Pero un análisis de la situación no indica necesariamente que esa posible reducción en la empresa se deba exclusivamente a los problemas en Uruguay. En realidad, eso que hoy parece una causa podría ser sólo el efecto de otros problemas.
Cuando este año cambió la conducción de ENCE -de la mano de una rápida modificación del capital controlante-, los nuevos directivos empezaron a poner énfasis en la construcción de lo que llamaron la «nueva ENCE», planeada para dejar atrás definitivamente todos los rasgos de una ex empresa estatal que todavía mantiene la pastera.
Uno de los pilares de esas reformas se puede encontrar en el comunicado que emitió la empresa el 29 de junio pasado. Allí el nuevo presidente, Juan Luis Arregui, le prometió a la junta de accionistas que en un plazo de cinco años duplicaría el tamaño de la empresa y los resultados para repartir. Ese «Plan Estratégico 2007-2011» contempla el aprovechamiento de residuos y excedentes forestales para volcar al otro negocio que la empresa explota en España: la producción de energía limpia utilizando esa biomasa para generarla.
No es extraño, entonces, que Arregui, a quien se le conocen antecedentes importantes en materia ambiental, haya puesto la proa en conseguir que la producción de celulosa no sea el único negocio de la empresa, aunque se ubique hoy como segundo productor mundial de celulosa.
Por lo tanto, las nuevas directivas de los españoles parecían ser: ajustar costos y diversificar productos. En esa línea no sorprenden, entonces, los despidos y paros en España.



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