La familia Ibarra agita interna tras Cristina K

Política

Todavía discute el kirchnerismo porteño si realmente la franquicia electoral otorgada al destituido jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, aportó tanto como pensaban en votos en las elecciones porteñas de Daniel Filmus para el puesto que finalmente ocupará Mauricio Macri. Un sector, menos afecto a la sociedad política con el ibarrismo, sostiene que apenas 4% es lo que aportó ese ex funcionario. Abona a ese cálculo magro una porción que anima las tenidas del sindicalista Víctor Santa María (porteros), mientras que otros -menos pejotistas- consideran que fue el ibarrismo el que sumó para que Filmus al menos llegara al ballottage.

Lo cierto es que más que cálculos, el resultado electoral -aun de derrota- le ha otorgado protagonismo en la escalada dirigente a la familia Ibarra. Por un lado, el ahora legislador electo estaría hasta dejando viejos rencores para sumar como diputado de su futuro bloque a su ex jefe de Gabinete, Raúl Fernández, quien en realidad ingresará al recinto por la lista que llevó Jorge Telerman. Irrita a un sector del kirchnerismo esa posibilidad, ya que nunca sintonizó con ese funcionario, al que, en algún momento hasta pedían interpelar. Más claro, irrita a Telerman -si así sucede-, que lo dejó en su gobierno, le dio pista y lo postuló a legislador.

Por otro, la senadora Vilma Ibarra aparece piloteando la campaña de Cristina Kirchner a la presidencia, prescindiendo del ala peronista del oficialismo local, que ya ha lanzado su propia versión para la primera dama.

Pero la familia Ibarra quiere más consideración y ya ha desembarcado en una pelea de cargos. Son las siete sillas que tiene que renovar la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires, el organismo que debe controlar las cuentas del Estado porteño. Los mandatos están vencidos y prorrogados, pero la discusión y falta de acuerdo también aplazaron las presentaciones con las propuestas de nombres, que tenían que hacerse hoy en la Comisión de Etica para poner en funcionamiento el proceso de designaciones.

La Auditoría debe ser presidida por la oposición, y allí ya empieza el problema: si se elige ahora el presidente, le corresponde al macrismo; si se tiene en cuenta que Macri gobernará, le correspondería al kirchnerismo, en disputa con el telermanismo.

  • Nombres en pugna

    Los adherentes al gobierno nacional ya tienen más de tres nombres en pugna, cuando les correspondería sólo dos lugares. En principio, la presidencia estaba prometida al legislador y vicepresidente segundo de la Legislatura, Miguel Talento, un kirchnerista que termina de sintonizar con el resto del bloque. El abogado, quien supo animar el grupo de El Calafate con los primeros kirchneristas del distrito ( incluido Alberto Fernández, con quien compartió staff en la Superintendencia de Seguros), deja su banca en diciembre y no integró las boletas electorales en la pasada elección porteña.

    Pero Vilma Ibarra tiene una aliada que sobresalió durante la sentencia en el juicio político contra su hermano, a quien promover para el puesto. Es la ex izquierdista Beatriz Baltroc, una psicóloga que inició su militancia en el «peronismo de base», luego se fue del PJ con Carlos Chacho Alvarez, pasó por el Frente Grande, recaló en la lista del PDR de Miguel Bonasso, se apartó, en algún momento tocó en reuniones del ARI y finalmente mutó, claro, al kirchnerismo. Avanzó esa diputada en el juicio político contra Ibarra, pero en el momento de definir, decidió por la no destitución (no alcanzó, se sabe). Tanta buena voluntad lleva, seguramente, a que el sector ibarrista que comulga en el Frente para la Victoria esté de acuerdo con nombrarla auditora, una posición que al parecer no requiere demasiado entrenamiento técnico. Además se agrega que otra legisladora, Sandra Bergenfeld, una abogada que ingresó a la banca en las boletas de Macri, pero que también emigró al kirchnerismo, también integra la lista. A Bergenfeld, por cierto, apadrinada por Alberto Fernández, se le habría sugerido la posibilidad de un puesto en la Secretaría nacional de Romina Picolotti. La legisladora viene participando de foros ambientalistas, pero Picolotti -descargo mediante- no tendría ahora lugar para otra funcionaria.

    Vilma Ibarra, además, se ha colocado como pionera del armado de la campaña de Cristina Kirchner en la Capital Federal, junto a Graciela Ocaña, Patricia Vaca Narvaja y Marita Perceval, pero apunta a concentrar bajo su ala al kirchnerismo no pejotista.

    El sábado pasado, ese kirchnerismo realizó, organizado por Santa María, un seminario como primer acto de campaña para la primera dama, que no participó. En cambio, cerró la movida (de aprobación a libro cerrado de un documento a favor de su candidatura) Alberto F., junto a Carlos Tomada y, entre otros funcionarios, el secretario de Cultos, Guillermo Oliveri; y el gremialista Santa María. Hubo, sí, algún radical casi descolocado en ese escenario PJ, como Miguel Pesce ( Banco Central) o la siempre asistente María José Lubertino (INADI).

    No fueron de la partida, en cambio, el Partido de la Victoria de Vilma Ibarra ni otras siete agrupaciones que, a cambio, desplegaron una pegatina con nuevos afiches para la candidata.
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