23 de noviembre 2005 - 00:00

La gran pregunta

La gran pregunta
Más allá de los profundos rencores que provocan en sus opositores, la gran pregunta es si actitudes grotescas de Hugo Chávez y similares arrebatos adolescentes de Néstor Kirchner son un precio que los pueblos venezolano y argentino tienen que pagar por logros económicos palpables que ambos mandatarios se están intercambiando. Es casi una ley política en el mundo que los centroizquierda llegan al gobierno de las naciones en épocas de bonanza económica, que es exactamente este el caso de los petrodólares de Chávez y los sojadólares de Kirchner. Lo dejan, urnas mediante en democracia, cuando malgastaron esa abundancia esporádica con subsidios, costos crecientes del sector público y exceso de dirigismo al suponer que el Estado es capaz de crear más riqueza y consiguiente empleo que la actividad privada.

En los países latinoamericanos, a su vez, existe el riesgo de que los centroizquierda gobernantes se inclinen al populismo, como hoy sucede en Venezuela y la Argentina. El centroizquierda de Chile no es populista ni estatista sino que aplica la racionalidad en el manejo económico, lo mismo que el Brasil de Lula da Silva y quizá, aunque no esté aún bien definido, el Frente de Tabaré Vázquez en Uruguay. Pero igual estos centroizquierda serios tienden a agotarse en el tiempo como hoy le sucede a Chile, donde tiene seria posibilidad de ganar la derecha con Sebastián Piñera y Joaquín Lavín. Lo mismo le pasa a Brasil, en dura puja de ideas por hacer un poco de populismo para lograr hacer reelegir a Lula el año que viene. La centroizquierda alemana representada por el perdidoso Gerhard Schröder es la prueba más cabal que igual el socialismo racional y moderno es vencido por el tiempo y ahora allí asumió la derecha con Angela Merkel.

Mientras se darán esos fenómenos políticos a mediano o largo plazo los centroizquierda de la Argentina y Venezuela logran negocios mutuos que los centroderecha quizá no habrían podido. Chávez no sería tan generoso en importar industria de la Argentina y darles cabida a sus empresas si no fuera precisamente afín el sector que gobierna la Argentina.

El viaje de Néstor Kirchner a Venezuela no puede tildarse de político sino de estrictamente económico no sólo porque la Casa Rosada se empeñó en mostrarlo así sino porque lo es a la luz de los resultados en negocios. La derecha argentina no puede imputarle al primer magistrado haber traicionado con el viaje a Estados Unidos.

En primer lugar porque Estados Unidos critica políticamente a Hugo Chávez pero hace buenos negocios con él y es lógico tratándose del quinto productor del mundo de petróleo. Si no se avanza a cuestiones nucleares ¿por qué negarles a otros los negocios que ellos hacen? En segundo lugar debe recordarse que el ministro de Economía José Martínez de Hoz durante el último Proceso Militar (1976-1983) desafió al gobierno norteamericano presidido por James Carter (1977-1981) y siguió enviando nuestros granos a la entonces Unión Soviética todavía en plena vigencia y no adhirió al boicot comercial mundial que ese mandatario norteamericano dispuso en su momento por la invasión rusa a Afganistán. No un gobierno de derecha sino de ultraderecha enfrentó al país del Norte en esa ocasión en defensa de los pingües negocios que hacían con los países comunistas del Este en el rubro cereales.

Nadie consideró por eso que aquel gobierno militar simpatizaba con el duro marxismo soviético. Inclusive no lo consideró así cuando los dirigentes del propio Partido Comunista argentino se allegaron a la Casa de Gobierno para apoyar la audacia de mantener las exportaciones. ¿Por qué entonces de un viaje de negocios de Néstor Kirchner se critica ahora que puede significar un apoyo a la postura antinorteamericana de Chávez?

Podrá ser quimera o no -el nuevo costo estimado de 4.000 millones de dólares lo hace más creíble porque en principio se hablaba de u$s 10.000 millones pero un gasoducto Caracas- Buenos Aires abasteciendo en el camino a Brasil y Uruguay puede ser una buena solución. Cabe pensar qué pérdida tiene para Paraguay su adhesión total a Estados Unidos al extremo de oponerse al ingreso de Venezuela en el Mercosur si termina quedando fuera de esta gigantesca obra.

Se lo puede criticar al gasoducto en que sería mejor y menos costoso el «anillo energético estratégico» que esbozaron en junio pasado Néstor Kirchner y su par chileno Ricardo Lagos en el paso fronterizo de Monte Aymond (en Santa Cruz). El «anillo» enlazaría a Perú, pasando por Chile, la Argentina y Uruguay con el propósito luego de sumar el gas boliviano ante la posibilidad de quedarse sin clientes vecinos. Esa variante y el nuevo gasoducto Caracas-Buenos Aires-Montevideo proyectado son el surgimiento de alternativas energéticas en definitiva para disminuir el envalentonamiento excesivo de Bolivia, aunque este país tiene la mayor riqueza en gas de América. En cambio Venezuela tiene más perspectivas que gas y además como derivado de la explotación petrolera.

De cualquier manera la Argentina, carente de una política de exploración ya hace largo tiempo interrumpida, podría quedarse sin petróleo ni gas propios en una década y ese fluido le sobra a Venezuela.

• Mala política

Explorar gas en el mar es más costoso que buscar nuevos yacimientos de petróleo y por eso un gobierno como el de Kirchner ni lo encara. Es una mala política de uso de la abundancia externa de dinero que hoy la privilegia. No sólo no se explora sino que se está permitiendo la explotación intensiva de las reservas existentes sin pensar que pronto tendremos que importar combustibles de seguir las cosas así.

Al gobierno Kirchner se lo puede criticar en lo económico por otros errores de conducción, pero no por los negocios con Venezuela. Un manejo racional de los fondos públicos en un gobierno de derecha o de izquierda no populista no destinaría 8.000 millones de dólares a subsidios como tiene proyectado el gobierno en el nuevo presupuesto para 2006. Desde ferrocarriles, peajes, gasoil, transporte y muchos rubros más se llevan buena parte de lo que fundamentalmente el agro aporta con retenciones e igual, con todos esos subsidios y taponada buena parte de la microeconomía para que no suban precios el gobierno tiene el gran problema de la inflación creciente que sería explosiva si no se malgastaran esos fondos. Además están los retrasos en tarifas de servicios públicos. También es criticable ese sueño imposible de Kirchner de querer irse del Fondo porque al mismo tiempo ello significa irse automáticamente de los créditos del Banco Mundial, del club de París, de perder la mitad de los créditos del BID y el alejamiento de otros organismos. Pero aun más grave es que irse del Fondo significaría ya directamente negar las imprescindibles inversiones externas que no van a países en desarrollo donde el control de las cuentas públicas no tenga una «auditoría» precisamente del FMI por los riesgos que implicaría.

También es criticable un Roberto Lavagna ortodoxo cuando se expresa contra los excesos sindicales y populista cuando habla de precios máximos. Si fuera correctamente ortodoxo usaría que el alza del precio de productos internos debe resolverse con importaciones que les compitan. Hasta agregaría demanda de dólares y aliviaría de comprarlos al Banco Central.

Pero enceguecerse con un presidente que negocia operaciones valiosas para la Argentina con un Chávez enfrentado a Estados Unidos no tiene seriedad. Quizá sí en un tema: ese otro sueño de Kirchner de que antes China -fue una utopía- y ahora Venezuela lo financien contra la deuda con el Fondo Monetario para no aceptar mínimas y lógicas imposiciones. Hugo Chávez y su gente no son para nada tontos en finanzas. Anuncian que comprarán 1.200 millones, pero adquieren títulos argentinos que son los de más alto rendimiento en el mundo actual. Y aquí el gobierno cree que eso es una gentil ayuda. Siempre es preferible acordar renovaciones con el Fondo, que tiene sus créditos a muy baja tasa de interés de no más de 4% anual que confiar en la «ayuda» de que Venezuela u otro nos compre títulos a tasas elevadas más del doble para cancelarle al Fondo.

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