La Legislatura sesionó cercada por familiares de Cromañón
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Las paredes del Palacio de la Legislatura porteña lucían ayer cubiertas de retratos de jóvenes fallecidos en la tragedia de Cromañón en reclamo del juicio político a Aníbal Ibarra.
«Fue un mazazo en la cabeza, vergonzoso. Lo que hizo Borocotó no tiene calificativo. Kirchner lo llamó y hubo un arreglo un día antes de la votación», comentaba Gustavo Marchiano, quien perdió a su hija en la tragedia. «Es un traidor», agregaba Patricia Escobar, tía de una de las víctimas.
• Despliegue policial
En las inmediaciones, unos 600 policías, muchos de ellos armados con bastones antimotines, custodiaban las dos filas de vallas que había que atravesar para llegar a la Legislatura.
El operativo de seguridad fue tan riguroso que los familiares debieron acreditarse con anterioridad para ingresar a la sala de debate.
Allí podrían permanecer sólo un máximo de 170 personas que se hubieran inscripto con anticipación. Para que más familiares ingresaran, debían retirarse parte de los que ya estaban adentro.
Las velas y los improvisados altares con objetos personales de las víctimas (zapatos, remeras, bolsos) quedaron al descubierto cerca de las 16, cuando en silencio los familiares comenzaron a ingresar a la Legislatura.
Si bien el trámite fue rápido y prolijo, algunas madres se quejaban de las revisiones del personal de seguridad. «No somos criminales, los asesinos están adentro», gritaban.



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