11 de noviembre 2005 - 00:00

La Legislatura sesionó cercada por familiares de Cromañón

Las paredes del Palacio de la Legislatura porteña lucían ayer cubiertas de retratos de jóvenes fallecidos en la tragedia de Cromañón en reclamo del juicio político a Aníbal Ibarra.
Las paredes del Palacio de la Legislatura porteña lucían ayer cubiertas de retratos de jóvenes fallecidos en la tragedia de Cromañón en reclamo del juicio político a Aníbal Ibarra.
Una calma triste, miradas perdidas de las madres y una indignación generalizada por el «pase» de partidos protagonizado por Lorenzo Borocotó eran los componentes de la atmósfera que se vivía en la puerta de la Legislatura porteña ayer por la tarde.

Los padres, madres, hermanos, cuñados, tías y tíos se agrupaban frente a la entrada principal de la calle Perú para comentar ansiosos cuántos votos faltaban para poder alcanzar el pedido de juicio político de Aníbal Ibarra, a quien todos los carteles y afiches que empapelaban los alrededores equiparaban a Omar Chabán.

La reunión afuera era apolítica, sin banderas partidarias, solamente había recordatorios para los fallecidos. Ricardo, cuñado de Florencia Diez, quien murió a los 18 años el 30 de diciembre del año pasado en el incendio, admitía que no querían a los partidos políticos cerca. Mientras, a unos 300 metros, partidos de izquierda como el PO, el MST y la CCC comenzaban a desplegar sus banderas.

• Autocrítica

Ricardo ensayaba una suerte de autocrítica de los familiares de Cromañón al opinar que si no se enjuiciaba a Ibarra iba a ser por la falta de presión de los padres de los chicos muertos.

La indignación de las madres era tal que opinaban que la reunión de legisladores era nada más que un «circo», y temían lo que pudiera llegar a ocurrir en el interior del recinto si no conseguían su objetivo de enjuiciar al jefe de Gobierno porteño.

«Fue un mazazo en la cabeza, vergonzoso. Lo que hizo Borocotó no tiene calificativo. Kirchner lo llamó y hubo un arreglo un día antes de la votación»
, comentaba Gustavo Marchiano, quien perdió a su hija en la tragedia. «Es un traidor», agregaba Patricia Escobar, tía de una de las víctimas.

• Despliegue policial

En las inmediaciones, unos 600 policías, muchos de ellos armados con bastones antimotines, custodiaban las dos filas de vallas que había que atravesar para llegar a la Legislatura.

El operativo de seguridad fue tan riguroso que los familiares debieron acreditarse con anterioridad para ingresar a la sala de debate.

Allí podrían permanecer sólo un máximo de 170 personas que se hubieran inscripto con anticipación. Para que más familiares ingresaran, debían retirarse parte de los que ya estaban adentro.

Las velas y los improvisados altares con objetos personales de las víctimas (zapatos, remeras, bolsos) quedaron al descubierto cerca de las 16, cuando en silencio los familiares comenzaron a ingresar a la Legislatura.

Si bien el trámite fue rápido y prolijo, algunas madres se quejaban de las revisiones del personal de seguridad.
«No somos criminales, los asesinos están adentro», gritaban.

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