«¿Cuándo se van?» Esta es la pregunta que, de manera sin duda más elegante, le realizarán hoy a Roberto Lavagna cuando se siente delante de los funcionarios del Fondo Monetario Internacional con los que debe negociar el tramo final de un miniacuerdo. El ministro ya conoce la pregunta, se la transmitió Guillermo Nielsen, su mano derecha, instalado en Washington desde el lunes pasado. Es más difícil que sepa la respuesta, si no quiere caer en formalidades poco convincentes, del estilo «el Presidente ya envió la renuncia al Congreso para retirarse el 25 de mayo próximo».
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Anne Krueger, Anoop Singh, el propio Horst Köhler, siguen la interna peronista con una minuciosidad que sólo exhiben algunos punteros del conurbano bonaerense. Recuerdan perfectamente que cuando los visitó Pablo Rojo, en representación de Carlos Menem, o Alberto Rodríguez Saá, delegado de su hermano Adolfo, afirmaron estar de acuerdo con el cronograma que había establecido Duhalde a partir de decretos. Este consenso se quebró a partir del congreso partidario en el cual el propio Presidente alentó la postergación de la interna peronista para el 19 de enero, más allá de las dudas que afloran sobre la decisión del gobierno de retirarse el 25 de mayo, inspiradas entre otras cosas por conversaciones del propio Presidente con su entorno que, como casi todo, trascienden a la prensa.
«Lo que pactemos aquí, ¿será cumplido por el actual gobierno durante todo el año que viene? ¿O deberemos negociar, como preveíamos, con otra administración en mayo?» Son preguntas derivadas del interrogatorio previo, que ya escuchó Nielsen y que Lavagna debería despejar. No son triviales porque, en último término, lo que se preguntan en Washington es si están por pactar con un gobierno en retirada, con aspiraciones que no exceden lo administrativo, o si, en cambio, el acuerdo se sellaría con un equipo que recién ahora iniciará una campaña para quedarse, con lo que eso significa, entre otras cosas, en materia de gasto público. No sólo en el Fondo, también en otros organismos como el BID le han insinuado al gobierno que existen incertidumbres institucionales que sería mejor despejar. Enrique Iglesias, el presidente de ese banco, lo puso por escrito en el borrador de carta de intención que le envió a Lavagna para comenzar a negociar, en paralelo con el Fondo, un desembolso de alrededor de u$s 300 millones.
• Leyes
La ruptura del mínimo consenso alcanzado en el seno del peronismo se traslada también al Congreso, donde el bloque oficial se muestra una herramienta cada vez más inadecuada para tramitar algunas leyes. Este clima, más el conflicto de Duhalde con los dos candidatos con mayores chances para sucederlo, son casi lo contrario de lo que había recomendado Köhler en su última carta al Presidente: en ella había pedido un acuerdo parlamentario, eventualmente suscripto por los gobernadores y que involucrara también a la sucesión.
Vale la pena observar que las coordenadas políticas de la negociación han cambiado en la percepción del Fondo Monetario Internacional. Sobre todo porque la discusión sustancial tampoco está concluida: en materia de actualización de tarifas de servicios públicos las diferencias son aún importantes y han llevado a los países europeos a reforzar su presión, adversa a los deseos del gobierno, en las últimas 48 horas.
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