10 de enero 2008 - 00:00

La Presidente archiva vocero mudo y se queda con el de De Vido

Julio De Vido
Julio De Vido
Los Kirchner mandaron al archivo a Miguel Núñez. Creen que quedó identificado mal con el periodismo, engreído y vocero mudo del ex presidente. «Pero es lo que me pedían», se quejó. «Sí, pero ya eso no va, y has quedado pegado a esa imagen», le dijo un emisario de Kirchner que le promete a Núñez alguna función instrumental, como arreglar la cobertura de viajes. Pero no el manejo de pautas, que seguirán a cargo de Enrique Albistur. Lo que buscan ahora los Kirchner es un vocero formal, de mejor trato con la prensa. El portavoz político va a ser Alberto Fernández, con Florencio Randazzo para las «batateadas» (como responder por radio a la oposición, usando el cargo como si fuera un púlpito partidario; ayer le respondió a Elisa Carrió) en reemplazo de Aníbal, a quien como ministro de Justicia no le conviene hablar mucho). También habrá otros voceros más instrumentales. Uno ya debitó en la selva colombiana, es Alfredo Scoccimarro (a) «Corcho», quien acompañó a Kirchner a la algarada de Villavicencio. Se lo aconsejó Julio De Vido por su conocimiento del contexto venezolano y también porque lo cree un buen prensero. Está listo para empezar a hacer también de vocero de Cristina de Kirchner. Pero la señal es clara; los Kirchner quieren sepultar una forma de relacionarse con la prensa, que ellos mismos fomentan con el propósito de deslegitimar a quienes pueden discutirles políticas.

Todos estos castings los hace en gloria y majestad Alberto Fernández, quien avanza sobre posiciones enemigas. Sacarle el vocero a De Vido es quitarle uno de los seguros que tiene «Julio» para capear las tormentas que le arman desde la Jefatura de Gabinete. También busca nombres para ponerle a Martín Redrado en el Central. Ya tiene uno, Gabriela Ciganotto, a la que saca de la presidencia del Banco Nación para mandarla como directora del Central. Libera además el Nación, donde pretende poner a alguien más cercano a él (como Mercedes Marcó del Pont, que ha sido una diputada leal pero a reglamento). También tiene que ocuparse de otras colocaciones, como la de Rafael Follonier, ex secretario de Provincias, a quien lo llevaron también a la selva porque es de los pocos funcionarios que puede decirse amigo del «comandante» Chávez y ha cumplido desde 2003 el rol de gerente de asuntos piqueteros y con organizaciones de izquierda para el gobierno. Le prometieron cargos en la Cancillería (iba a reemplazar al ahora senador Marcelo Fuentes, pero designaron al ex intendente de Neuquén «Pechi» Quiroga, miembro del club de radicales K que perdieron en sus distritos, como Julio Cobos y Daniel Katz) o que iba a conservar su función en Interior. Ya le dijeron que le van a buscar funciones importantes en la Jefatura de Gabinete. Menos problemas tiene para colocar su gente Aníbal Fernández, que llevó a su secretaria Lía María (estuvo en Obras Públicas con Aníbal Ibarra y con Jorge Telerman hasta que éste hizo la alianza con Carrió) como responsable de Seguridad Ciudadana de la Nación. Una función insólita para quien viene de Obras Públicas de la Capital, pero gobernar es dar trabajo (Perón). La Argentina es el único país en donde quien entra en la política nunca más sale. Esta Lía María es otro ejemplo. Por eso el presupuesto público es un globo en permanente inflación. En una Argentina que no sale de una ola criminal imparable desde hace 10 años designar a aficionados en cargos de «seguridad» es ejemplo del Estado bobo. Es de lo que parece querer salir Macri, aunque es difícil que lo haga. Empezando porque su partido no debuta en esta gestión, sino que viene designando gente desde hace rato. Un ejemplo de este Estado bobo es el acuerdo con los gremios que crea un Registro de Empleados en Disponibilidad donde se anotarán todos los empleados innecesarios o que no trabajan, para reasignarlos en nuevas tareas o en cursos de capacitación. Es una política laboral aberrante y que se explica porque el Estado gasta sin mirar costos y con ingresos de los que no rinde cuentas. En una familia o en una empresa, ese registro no tendría sentido. Una empresa apartaría a ese personal sin esperar un día. ¿Nunca un gobierno va a anunciar una baja de los impuestos? Si no lo hace Macri, ¿quién lo hará? Una ilusión, porque arrancó aumentándolos.

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