8 de marzo 2006 - 00:00

La sentencia hace estallar a los partidos

La política porteña comenzará hoy un ciclo que encuentra a los partidos de la Ciudad en estado de indefinición. Hasta ayer, todas las porciones que apuestan a congraciarse con el electorado local permanecían expectantes ante el resultado del juicio político a Aníbal Ibarra.

La destitución del jefe de Gobierno provocó ayer una convulsión en varias fuerzas. Por empezar, el kirchnerismo del ala que responde al jefe de Gabinete nacional, Alberto Fernández, no lograba reponerse de la sorpresa por el voto de Helio Rebot (ver nota en Contratapa), un legislador que ingresó por la boleta de Mauricio Macri en 2003, pasó al bloque oficialista al igual que su terminal política Jorge Argüello y terminó votando con su lista de origen, el macrismo.

Pero además, Rebot pronunció uno de los discursos más duros y contundentes para pedir la destitución. Junto a Héctor Bidonde y Florencia Po l i m e n i protagonizó uno de los d i s c u r s o s más eficaces. Ni siquiera su propio grupo, el que integra con tres legisladores (Miguel Talento, «Chango» Farías Gómez y Elvio Vitali), desobediente con el jefe de la bancada (el joven abogado de empresas recuperadas, Diego Kravetz) sabía con certeza cuál era la definición.

Hasta sus colaboradores más cercanos confiaron en el recinto estar «asustados» por el efecto que generará ese voto. Rebot, al igual que muchos kirchneristas, nunca comulgó con la política de Ibarra, a quien consideraron siempre un «mal pagador», y reprocharon que llevara los acuerdos de gestión al recinto legislativo de la mano de la oposición.

Le ponen el mote de «dobles agentes» a un cuarteto dentro del cual Ibarra hasta delegó la búsqueda de los votos que ayer le fallaron. Nadie cree cómo uno de los más activos integrantes del «comité de crisis» ibarrista, el cultural Gustavo López, creyó en algún momento que uno de los peronistas de Macri votaría en contra de su bloque.

Anoche se mantenían reuniones del kirchnerismo en la Legislatura. Algunos diputados le pedían a Kravetz que apartara a Rebot del bloque, quien siempre le disputó la conducción de la bancada, pero ahora el legislador que desoyó las súplicas de Argüello queda como el protagonista de la destitución de Ibarra y «la venganzade Carlos Grosso».

Ese voto dejó quebrado al kirchnerismo local y desvaneciendo la hegemonía que en el PJ local impone Alberto Fernández y su mano aliada, Héctor Capacciolli. Ninguno de los dos logró ni siquiera conocer cómo votaría Rebot y hasta, como un tiro de gracia, escucharon atentos que Vitali se abstenía, cuando consideraban seguro que pediría la absolución de Ibarra. Sólo se consuelan con la disciplina partidaria de Sebastián Gramajo, quien responde al secretario de Cultos, Guillermo Oliveri, quien confrontó en esta guerrilla de la política urbana con su amigos Argüello y el ex coordinador de Rafael Bielsa, Eduardo Valdez, ahora con posibilidades de reflotar a su candidato Milcíades Peña, perdedor en las elecciones a las que se presentó con una boleta embanderada en las zapatillas que rememoran el trágico accidente del local Cromañón.

Por su parte, el ARI no sabía ayer cómo contener la crisis interna que prenuncia una ruptura en corto plazo. La propia
Elisa Carrió se ocupó de hacer difundir un comunicado en que Enrique Olivera llama a la calma. El titular del ARI Capital, Fernando Melillo -esposo de la secretaria de Educación porteña, Roxana Peraza-, no apareció ayer por la Legislatura, ni emitió opinión. Se conoce que él, como otros aristas, no está conforme con la votación de la destitución de Ibarra por parte de sus dos legisladores.

Otro, quizá con menor presencia, pero no por eso poder de fuego, que queda lastimado es el interbloque de izquierda, que quiere ya separar a
Beatriz Baltroc, la ex frepasista que ayer absolvió a Ibarra cuando los suyos esperaban que lo condenara. La legisladora, cuya vivienda fue violentada la noche anterior a la votación, sin embargo siguió firme en demostrarse enemiga del jefe porteño destituido.

Más tranquilo vivió el macrismo el resultado. Si bien
Mauricio Macri no salió ayer a dar su opinión, la discusión en esa fuerza gira por buscar contundencia para revertir la teoría del golpismo que instaló Ibarra en un buen papel mediático, pero olvidándose de que no le alcanzaba con movileros.

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