La trama secreta de la puja SIDE- policías (Primera parte)

Política

La revista «Edición I», de reciente aparición y dirigida por el conocido periodista Edgar Mainhard, seguramente es hoy de las mejores informadas y escritas en temas políticos nacionales. No cae en ideologizaciones, oficialismo comprado o -directamente en la tilinguería de las llamadas «Sección política» de otras revistas nuevas y las pocas tradicionales que quedan, que salvan su superficialidad en ese sentido con más relieve en los restantes aspectos (espectáculos, libros, cultura, etc). Pero, sin otra pretensión que política bien informada, «Edición I» se ubica entre lo mejor del mundo de los semanarios, en ese aspecto. En su último número publicó un completo informe sobre el tema seguridad, el más importante hoy para la gente en el país, junto al desempleo y poco rentabilidad de empresas no vinculadas al agro o a la exportación. Lo vamos a reproducir casi en su totalidad en dos partes, por su extensión. Lo actualizamos o aclaramos entre paréntesis para mejor comprensión del lector. Tiene datos nuevos este informe periodístico y otros conocidos pero mejor resumidos y alineados en la trama política (concretamente quién es quién y quién manda a quién). Clarifica al lector sobre qué pasó entre la Policía Federal y la Bonaerense en el caso Blumberg. A qué se debe el nuevo alto poder de la SIDE, compitiendo a la par en « secuestros» con las fuerzas policiales y de seguridad y hasta peleándose con ellas tras no tener ya destino esa SIDE, pese a su presupuesto duplicado, para investigar sobre territorio eventual, nacional o internacional. O sea, enfrentamos una SIDE destinada en lo interno a secuestros, escuchas generalizadas como nunca y vigilancia ahora de «las derechas» por la llegada de la izquierda al poder. Es bueno saber de retornos, como el del otrora discutido pero siempre reconocido como muy experimentado comisario de la Bonaerense Mario Naldi; de los nuevos «hombres fuertes» como el ingeniero Antonio Stiuso, con máximo poder hoy en la SIDE. Saber cómo y por qué se fueron de la Policía Federal los otrora poderosos y protegidos del ministro Gustavo Béliz, comisarios Jorge Palacios, Carlos Sablich y anteriormente Roberto Giacomino. Para conocer algo de seguridad -o sobre posibilidades de inseguridad que nos acechan-es necesariosaber estas interrelaciones de hombres y fuerzas. También sus posibles enfrentamientos en el futuro, a partir de que ahora son 3 fuerzas en pugna (Policía Federal, Bonaerense y SIDE) pero el plan de seguridad del gobierno apunta a sumarle 3 más de actuación simultánea (la Agencia Federal o FBI argentino, la Metropolitana de Arslanian que comenzó a reclutar efectivos para actuar de uno y otro lado de la General Paz, y la que quiere Aníbal Ibarra bajo órdenes de la jefatura de la Ciudad). A estas 6 sumemos la actuación, también en el mismo territorio de la Capital Federal y Gran Buenos Aires, de efectivos de la Gendarmería y de la Prefectura. Y si se quiere llegar a 9 fuerzas simultáneas agréguese las Fuerzas Armadas aunque sea en aporte técnico. Sería una hazaña que todo este proyecto -en verdad demasiado apresurado y poco meditado parecierasalga adelante y bien, sin el riesgo de que la ciudadanía vaya a tener menos posibilidades de morir en un secuestro pero más de quedar atrapada en un tiroteo por confusión entre tantos efectivos operando juntos. Veamos el informe de «Edición I».

La Policía Federal ha perdido una batalla frente a la SIDE y la Bonaerense. ¿Ha perdido la guerra? Todavía es prematuro obtener una conclusión, pero al parecer ahora competirán por el control de la estructura de la Agencia Federal de Investigaciones. La Federal parece que perderá parte de su Superintendencia Metropolitana por la creación de una Policía Urbana; y parte de su cobertura federal por la Agencia. En la crisis, Gustavo Béliz reflotó el proyecto que Eduardo Bauzá le bloqueó en 1992, de crear un FBI que dependiera del Ministerio de Justicia. Ahora, el ministro lo revivió ante la emergencia que le provocó el acuerdo Cristina de Kirchner/SIDE (José Francisco Larcher) pero se ignora si podrá asegurar para su gente el control de la futura Agencia.

Fue inmensa la conmoción interior que sufrió el presidente Néstor Kirchner con la primera multitudinaria marcha a la Plaza de los Dos Congresos a que convocó Juan Carlos Blumberg, y no fue una casualidad que:

• al regresar a la quinta de Olivos, convaleciente, pidiera los legajos de los 95 oficiales superiores de la Policía Federal Argentina;

• uno de los encuentros que convocó durante su reposo fue con Gustavo Béliz, ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos; Norberto Quantín, secretario de Seguridad de la Nación; y el comisario general Eduardo Prados, jefe de la Policía Federal Argentina; y

• en su primera actividad al regresar a la Casa Rosada, participó del anuncio de un Plan Estratégico de Justicia y Seguridad, que creó una Agencia Federal de Investigaciones de 6.000 hombres.

¿De eso se trató la guerra entre servicios de inteligencia y de seguridad que ocurrió con el asesinato de Axel Blumberg como trasfondo? Sí, y el anuncio de esa futura Agencia Federal inicia una nueva puja, ahora por el control de la fuerza. («Página/ 12», órgano de Héctor Magnetto pero vocero oficial del gobierno, dijo que dependerá directamente del presidente de la Nación.)

Hubo una novedad no prevista en toda esta puja: la irrupción de Juan Carlos Blumberg, pero el gobierno cree que ya lo está superando.

«Kirchner aceptó que el cuestionamiento de la opinión pública lo rozó y que debía dar señales. La gente no aceptaría que los cambios se circunscribiesen a la Policía Bonaerense», explicó un colaborador presidencial, tan poco confiable acerca de lo que realmente opina el Presidente como casi todos los colaboradores presidenciales, a menudo desautorizados por éste.

No obstante, Kirchner toleró bastante más el mantener en la causa Blumberg a los fiscales federales Pablo Quiroga y Jorge Sica, tan cuestionados por la familia de Axel Blumberg. (El padre acató instrucciones del fiscal Sica y, en definitiva, perdió a su hijo Axel por no pagar 16.000 pesos según surge de los diálogos con los secuestradores que acaban de difundirse.)

Demoró casi 10 días en decidirse la suspensión transitoria de ambos fiscales. Lo hizo el procurador sustituto de la Nación, Luis González Warcalde, 72 horas después de que el ministro de Justicia, Gustavo Béliz, presentara una denuncia penal contra el fiscal Sica y su superior, Quiroga, a quienes acusó por presuntas irregularidades cometidas durante la investigación del caso.

El expediente Blumberg pasó de Quiroga y Sica a la fiscal Rita Molina. Esta es la hermana del ya fallecido senador nacional PJ-Santa Cruz Pedro Molina; y mujer del ex gobernador de Santa Cruz Arturo Puricelli, quien estuvo enfrentado durante años con Kirchner, pero perdió el control del PJ provincial a manos del Frente para la Victoria Santacruceña, de Kirchner.

Rita Molina hizo carrera en el fuero federal de San Martín, desde donde se enfrentó al juez Roberto Marquevich por la detenciónde Ernestina Herrera de Noble en la causa por presunta adopción irregular de sus dos hijos, Marcela y Felipe.

Molina investigó en diciembre de 2003 el secuestro de la docente Ana María Nordmann, esposa del presidente de la Asociación Colectividad Helénica de Buenos Aires, Eduardo Karavias, y logró armar un croquis de la banda criminal, que arrojó a un cajón, aparentemente, el fiscal Sica.

González Warcalde destacó que el trabajo antisecuestros de Quiroga y Sica permitió «que merme sensiblemente el número de estos delitos en la jurisdicción afectada» pero se necesita «adoptar una decisión urgente en pos de una mejor distribución de las tareas inherentes a la actuación fiscal entre todos los representantes del Ministerio Público de la zona en cuestión». (Le adjudicó a Sica 80% de eficacia.)

En este complejo contexto, Horacio Verbitsky, columnista del diario «Página/12» y presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS, un sello que usa políticamente), con algún predicamento sobre Kirchner durante los 11 meses iniciales en el poder, opinó acerca de la decisión presidencial de apartamientos, purgas y reenfoques: «No está claro qué busca Kirchner».

Apenas Sergio Edgardo Acevedo desembarcó en la Secretaría de Inteligencia (al asumir Kirchner y no haber todavía elecciones a gobernador en Santa Cruz), se afirma que llamó a la Casa de su provincia, donde atendía, al ingeniero eléctrico Antonio Horacio Stiuso para autorizar el retiro de una partida de dinero imputada a cierta operación especial (que no siempre es una operación especial). Sin embargo, al parecer, Stiuso dijo que no podía autorizar el gasto, pese a ser el único funcionario con firma para ese desembolso, porque no había sido ratificado en su cargo tras la salida de Miguel Angel Toma del organismo.

La negociación que inició Acevedo con el funcionario de carrera más importante de la SIDE, no sólo consolidó la influencia de Stiuso en la inteligencia estatal, sino que fue ratificada por Héctor Icazuriaga, sucesor de Acevedo; ya que en ambas gestiones permaneció como N° 2 otro allegado al presidente Néstor Kirchner: Francisco José Larcher.

Hoy Stiuso goza de un poder dentro de la SIDE que ni siquiera tuvo cuando Miguel Angel Toma era el secretario de Inteligencia y le rogaba que resolviera el paradero de Horacio Conzi (dueño pasional de un restoránboîte de San Isidro que persiguió y mató, desde su auto, a un chico). Toma y Stiuso terminaron coincidiendo hasta en los choques con Oscar Rodríguez, por entonces el N° 2, esposo de la senadora nacional Mabel Müller y de la confianza de Eduardo Duhalde.

Hoy Stiuso es más influyente que cuando dirigieron la SIDE Hugo Anzorreguy, en días de Carlos Menem, o Fernando de Santibañes, con Fernando de la Rúa. En ambos períodos, Stiuso, o «Jaime Stile», debió competir con el mayor (RE) Alejandro Brousson, alias «Alejandro Bousquet», a quien pudo quitárselo de encima al vincularlo al pago del dinero de la SIDE al delincuente Carlos Telleldín por su relato sobre su relación con la Policía Bonaerense en ocasión del atentado contra la sede de la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina).

Stiuso también participó de la investigación, desde Contrainteligencia, la 85, a las órdenes de Jorge Lucas, pero afirma que sus opiniones no fueron atendidas. Probablemente Stiuso hubiera logrado más poder en la SIDE solamente si Enrique Nosiglia hubiese llegado alguna vez a la jefatura del organismo de inteligencia.

Detrás de Stiuso aparece como contratista o asesor el comisario bonaerense Mario Naldi, presidente de la Consultora «Global Solutions», especializada en operar sobre secuestros extorsivos. Stiuso ha integrado en la SIDE un grupo antisecuestros, apodado «Los Intocables», con privilegios como portar armas durante las 24 horas. Naldi ha sido el nexo entre la SIDE y la Bonaerense en la investigación de secuestros; y colisionaron en forma permanente con los comisarios de la Policía Federal Argentina, Jorge Palacios y Carlos Sablich.

Familiares o camaradas, Naldiy Stiuso mantienen una relación de confianza desde hace mucho, cuando ambos trabajaban para Anzorreguy.

Cuando Roberto Giacomino se hizo cargo de la Policía Federal Argentina, apenas Juan José Alvarez se transformó en el secretario de Seguridad de Adolfo Rodríguez Saá (tras la caída de De la Rúa y al presidir una semana el país), creyó que así dejaría conforme a Eduardo Duhalde y a Carlos Ruckauf. Comenzó a especularse con la « bonaerización» de la Policía Federal, dos fuerzas de seguridad de características, historia y tradición diferentes.

Giacomino había sido jefe de la custodia de Ruckauf, cuando éste fue vicepresidente de la Nación y presidente del Senado con Carlos Menem.

Luego consultor de seguridad de la gobernación bonaerense cuando Esteban Juan Caselli (con grandes y tradicionales vínculos en el Vaticano) se convirtió en secretario general de la Gobernación bonaerense, con Ruckauf gobernador. A menudo Giacomino, comisario en actividad de la Federal, atendía temas que involucraban a la Bonaerense, en una oficina en Puerto Madero, donde hoy funciona la embajada de la católica Orden de Malta, a cargo de uno de los hijos de Caselli. Giacomino ya al frente de la Federal quiso pasar a retiro a Palacios (en estos días relevado por orden de Cristina Kirchner), pero lo sorprendió la sólida relación de aquél y William Godoy, delegado del Federal Bureau of Investigations, de USA, y otras fuerzas de seguridad internacionales. Giacomino retrocedió, aunque dispuesto a ajustar cuentas con Palacios.

William Godoy se encuentra arribando en junio próximo otra vez al frente de la oficina del FBI: un dato para tener en cuenta (sobre todo porque no está más su vínculo Giacomino, sacado y procesado por presuntos negociados).

Stiuso y Naldi han logrado, ahora, consolidar su control de las operaciones antisecuestros, y avanzar sobre espacios de poder de la Policía Federal Argentina, con el consentimiento de Larcher (SIDE) y los Kirchner. Además, Naldi puede ofrecerle a la Bonaerense una de las más importantes reivindicaciones de la fuerza de seguridad provincial: derribar la causa AMIA y lograr que no queden vinculados a ella miembros de la Policía Bonaerense.

«Si el ex subcomisario Juan José Ribelli permanece en prisión será por otros procesamientos, pero no por un tema que manche a la Fuerza», explicó un influyente ex comisario general bonaerense.

No es lo que opinan los representantes de la colectividad judía argentina, pero sí resultaría parte de un acuerdo entre Kirchner y Duhalde, probablemente presionado por algunos ex jefes de la Bonaerense.

La Policía Federal Argentina ha sufrido su tercera purga de cargos jerárquicos desde que Kirchner asumió la Presidencia, hace 11 meses. (Mucho debido a la insolvencia de su peor ministro, el agresivo, intrigante y voluble Gustavo Béliz.)

El lunes 2 de junio de 2003, luego de una reunión del Presidente con ese ministro Béliz, el secretario Quantín, los subsecretarios Abel Fleitas Ortiz de Rozas y Pablo Lanusse (hoy interventor federal en Santiago del Estero), y el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, Béliz anunció que el comisario general Roberto Giacomino permanecería hasta fin de año al frente de la Federal.

Luego, agregó que comenzaba «un cambio profundo no traumático en la Policía Federal» con modificaciones en la subjefatura general (Jorge Prados, hoy jefe de la Federal, reemplazó a Julio César Peremateu), las superintendencias Metropolitana, de Regiones, de Narcotráfico y de Investigaciones, y las 53 comisarías de la Ciudad de Buenos Aires.

En aquel momento, el dato importante fue el pase a retiro del superintendente de Seguridad Metropolitana, comisario general Alberto Carlos Capuchetti, el verdadero eje de la estructura desde que Giacomino había reemplazado a Rubén Santos en la jefatura de la Federal, y reincoporado a Capuchetti, enviado a disponibilidad por Asuntos Internos, tal como ocurre hoy con Palacios.

En agosto de 2003, Béliz y Giacomino citaron a los 53 jefes de las comisarías porteñas para el inicio de un programa de capacitación organizado con la Universidad Tecnológica Nacional para iniciar la certificación de calidad de gestión ISO 9000 en las comisarías. La Federal procuraba recomponer su imagen luego de lo ocurrido en setiembre de 2002, cuando miembros de la Comisaría 34a golpearon a tres jóvenes y los obligaron a zumbullirse en el Riachuelo. Uno de ellos, Ezequiel Demonty, se ahogó.

La segunda depuración comenzó el viernes 21 de setiembre, cuando Béliz pasó a retiro a Giacomino. Se dijo que Béliz tuvo conocimiento previo de una investigación que el diario «Clarín» publicaría el domingo 23 acerca de ciertas irregularidades cometidas por Giacomino, Béliz chequeó los datos, se los comunicó al Presidente, y éste ordenó el despido.

Béliz acusó a Giacomino de inducir la licitación de patrulleros a favor de la empresa Citroën, con sobreprecios y comisiones. Y que dos días antes del ingreso de Kirchner a la Casa Rosada, adjudicó contratos por $ 2 millones en servicios informáticos para el Hospital Churruca a empresas de familiares suyos, también pagando sobreprecios.

Giacomino participaba de una reunión de Interpol en la ciudad francesa de Lyon. El comisario Giacomino sintió el impacto pues aspiraba a un cargo futuro importante en Interpol.

Béliz dijo: «Va a haber más cambios, por supuesto».

Además del superintendente de Bienestar, Raúl Pigretti, también se desplazó al superintendente administrativo, Carlos Gandulfo, y se reorganizó el área de Asuntos Internos. En esas circunstancias fue ascendido al frente de Investigaciones Jorge Palacios, quien encabezaba Delitos Complejos.

Desde la Casa Rosada se dijo: «Hay una corrupción estructural muy sistemática en la Policía Federal». Y que personal -en actividad y también retirados- se estaría animando a «hablar».

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