Lanusse diputado: otro problema para Bielsa

Política

El laboratorio electoral de la Casa Rosada ya tiene definido su esquema de presentación en la Capital Federal para la próxima contienda de diputados: la lista estará encabezada por Rafael Bielsa, aunque todavía nadie le haya dado la noticia. La culpa la tiene él, por ufanarse de su condición de «soldado montonero», lo que tal vez lo obligue a enterarse de su suerte por los diarios. Lo cierto es que su candidatura es ya casi definitiva, igual que la de Patricia Vaca Narvaja, de quien cabe esperar que no quiera también autoproclamarse «soldada montonera» porque la broma comenzaría a generar dificultades a la lista en algunos vecindarios porteños (aunque, bien mirado, quienes deben cuidar los intereses de estos candidatos son ellos mismos).

Tal vez para que se equilibren un poco los antecedentes o, por lo menos, el peso simbólico de algunos apellidos, el gobierno ya resolvió ubicar en el tercer escalón de la nómina al ex fiscal y ex interventor en Santiago del Estero, Pablo Lanusse. Será un argumento casi supersticioso, pero nadie puede negar que hay familias de palabras con cierta carga histórica en la Argentina. Y una oferta Vaca Narvaja/Lanusse suena un poco disonante para los prejuicios setentistas, tan de moda en estos días.

No es por estas razones de nominalismo y tampoco por la reactivación de conflictos que responden a otras reencarnaciones pero esta trilogía pensada para enfrentar a Elisa Carrió y, eventualmente, a Mauricio Macri, ya comenzó a producir disgusto en algunos integrantes de la misma lista. En Bielsa, sin ir más lejos. Sus amigos se preguntan: «Si quieren darle un tono 'progre' a la propuesta del gobierno, el nombre de Lanusse resta, pesa 500 kilos». Nada contra el general Alejandro Agustín ni con otros famosos de esa familia. La objeción tiene más que ver con los antecedentes del propio ex fiscal, heredero dentro del gobierno del legado de Gustavo Béliz.

• Riesgo

Ya cuando lo incorporaron al Ministerio de Justicia este abogado contaba con un pasado poco explicable, como aquel de luchas contra mafias «tajeadoras» y de denuncias hechas por parientes que terminaron exhibiendo desequilibrios mentales. Pero después, ya como hombre de Kirchner, Lanusse siguió acumulando ruidos a su alrededor. Quienes organizan la campaña porteña del oficialismo temen que se desplomen estos recuerdos sobre la candidatura a diputado, recién lanzada. ¿No podrá ocurrir que, además de tener que justificar algunos enigmas del gobierno nacional, los candidatos deban también hacer frente a los múltiples reproches que despertó la gestión Lanusse en su intervención santiagueña?

Como Carlos Menem, también Kirchner decidió premiar a sus procónsules, interventores de provincia, con bancas en el Congreso o cargos en el Ejecutivo (Lanusse perdió ya la posibilidad de ocupar Justicia cuando Horacio Rosatti marche a hacer campaña en Santa Fe). Pero con el experimento actual el Presidente corre el riesgo, temen sus acólitos, de importar una innecesaria agenda santiagueña a una batalla de por sí complicada. En aquella provincia circula un largo inventario de quejas, que van desde contrataciones directas, modificaciones a toda la legislación (no logró, eso sí, cambiar la Constitución), sobreseimiento de empresas complicadas en causas de promoción industrial, hasta manejo electoral de los fondos públicos, etc. Lo curioso es que a Lanusse no le disparandes de la vereda de enfrente: también le tiran desde atrás. En efecto, Aníbal Fernández, nada menos que el ministro del Interior, no le perdonó nunca que haya echado a colaboradores suyos destinados en la intervención con acusaciones de corrupción.

La variante Lanusse, sin embargo, parece inconmovible para los estrategas de la Casa Rosada. Algo distinto de lo que sucedió con otros ensayos. Por ejemplo, la intención de postular para la lista de diputados a la interventora en el PAMI Graciela Ocaña. Alberto Fernández había pensado en esta opción, derivando a Vaca Narvaja a la lista de candidatos para la Legislatura local. Para Kirchner y los suyos el lanzamiento de Ocaña para renovar su banca hubiera sido invalorable: ¿quién mejor que ella para enfrentar a su antigua jefa, Carrió?

Sin embargo, la elasticidad de las normas no fue tanta como para permitir esa consagración: Ocaña no nació en la Capital ni tiene domicilio en ella. Por lo tanto, no puede representar al distrito en el Congreso, por más buena voluntad que ponga la jueza María Romilda Servini de Cubría.

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