4 de marzo 2005 - 00:00

Lanza Solá bloque anti-Duhalde

Los crujidos se silenciarán unos segundos para que se escuche el chasquido del quiebre. Felipe Solá llevará hoy al extremo, su ruptura con Eduardo Duhalde y el duhaldismo: romperá los bloques legislativos del PJ bonaerense para conformar bancadas leales.

La secesión que se formalizará este mediodía ubicará la cooperativa política entre Duhalde y Solá en un punto casi sin retorno. De allí a confeccionar un partido propio para competir por fuera del peronismo en octubre, habrá apenas un tranco de hormiga.

Amasada por días y noches, la determinaciónde fracturar pretende reconstruirdos décadas más tarde la renovación con que Antonio Cafiero, a mediados de los '80, desbarrancó a Herminio Iglesias, por entonces jefe del PJ. Esa analogía exita el sueño de los felipistas.

Algo de eso hay. Pensando en el marketing electoral, el felipismo bautizará su sector como Frente Peronista para La Victoria (Frepevi), identificación que remite inequívocamente al sello que utiliza el kirchnerismo en sus excursiones electorales.

No sería la única coincidencia. Juran en La Plata que hubo tanteos con la Casa Rosada antes de avanzar con la ruptura. El secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, fue uno de los que anotó los argumentos felipistas.

Hoy, en el Coliseo Podestá de La Plata, sin la presencia -hasta anoche- del gobernador, el felipismo mostrará sus dientes: 7 senadores y 18 diputados, que lo muestran como propietario de 20% de PJ del Senado y de casi 50% del peronismo de la Cámara baja.

Además tendrán como aliados tácticos a cinco transversales: 2 en el Senado; 3 en diputados.

El impacto de la maniobra se relató días atrás en estas páginas cuando se anticipó la ruptura: con el sablazo de los bloques, el felipismo expone su poder de fuego porque
le arrebata al duhaldismo el manejo del quórum de diputados y el control de los 2/3 del Senado.

Pero más allá del engorro que implica para la operatividad de la Legislativa -está probado que cuando el PJ se pelea todo se paraliza-, la jugada de Solá es puramente política:
busca ostentar su distancia y diferenciación del duhaldismo. «Es pura ganancia», arguyen.

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