5 de febrero 2008 - 00:00

Lavagna, de tribunales a espada contra Macri

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
«No se equivoquen: yo lo conozco muy bien a Roberto. No puede ser opositor, no tiene pasta para eso». Todavía no se habían contado los votos del 28 de octubre cuando Eduardo Duhalde, entre mates y raquetas, lanzó un pronóstico que cinco meses después dio en el blanco.

La «lectura» de escenarios posibles probablemente sea la última virtud que preserva el bonaerense y la que, por estas horas, induce a sus habitués a preconizar que el escribano de Lomas no será más que un observador ajeno en la normalización del PJ que encara Néstor Kirchner.

La inhabilidad para estar «del otro lado del mostrador» que Duhalde le atribuye a Lavagna es, sin embargo, sólo uno de los factores que explican la mudanza del ex ministro de un alianza con el radicalismo mínimo y rabiosamente anti-K a un abrazo con el patagónico.

No parece un dato menor que desde Raúl Alfonsín en adelante, pasando por la década Menem, la fugacidad de De la Rúa y el interinato de Duhalde, el ex ministro haya tenido roles en todos los gobiernos. «Siempre fue oficialista» lo castiga un ex socio peronista.

Arriesga, memorioso, que una tarde de febrero de 2007 abortó sin motivos un acuerdo semisellado con Mauricio Macri para enfrentar, en bloque, uno desde la Capital el otro desde la Nación a los candidatos -todavía no se sabía si Néstor o Cristina- de la Casa Rosada.

Por entonces, se manoteó un argumento biológicopolítico: a los 65 años, Lavagna interpretaba que no podía esperar otro turno para competir por la presidencia. El mismo concepto sobrevoló la decisión de abandonar la vereda opositora y cruzar el portón de Olivos.

No puede ignorarse, a su vez, que el acuerdo con la UCR venció el 28 de octubre a las 18.01 y que, además, el equipo lavagnista entró en una espiral de conflictos, típicos de los fracasos políticos: el más notable fue el que sostuvieron Alberto Coto y Javier González Fraga.

  • Olvido

    El coro de ángeles kirchneristas que le dio la bienvenida y pretende camuflar como un gesto valiente y desinteresado el regreso del ex ministro al planeta Kirchner olvida el tránsito de una eventual complicación judicial a un probable futuro de candidato.

    Veamos ese proceso:

  • Resignado a no poder convertirse en pilar de un armado que pueda desplazar o, siquiera condicionar a los Kirchner, Lavagna elige el camino corto del regreso. Lo tentó, más que el persistente convencimiento que ejercitó Eduardo Camaño -que en diciembre acordó su pasaje al oficialismo- una propuesta, todavía muy genérica, de convertirse en el futuro, luego de la promocionada normalización del PJ, en un actor relevante en el esquema oficial. Parece desmesurado imaginarlo otra vez como ministro de Economía aunque, no sin saña, entre los kirchneristas bromean con lo poco simpático que le debe haber resultado el regreso de Lavagna a Martín Lousteau, más aun cuando no se sabe todavía qué papel jugará Eduardo «Ratón» Pérez en este regreso. Más adelante, el ministro -a través de Camaño y Alejandro Rodríguez- amoldará su ingreso al universo oficial y cómo jugará en la interna del PJ. Pero su proyección es otra: escuchó o creyó escuchar que en 2009 -si sale más o menos bien parado de la trasmigración que algunos consideran una borocotización- podría convertirse en lo que no quiso ser meses atrás: candidato en Capital. De ese modo, sería la espada del gobierno para tratar de propinarle una derrota emblemática a Macri en el territorio porteño. Esa jugada, todavía imaginaria, es la que anima a algunos dirigentes -del oficialismo y del PJ opositor- a comparar la adquisición de Lavagna con la instalación de Daniel Scioli como candidato a gobernador en Buenos Aires.

  • Pero una eventual candidatura de Lavagna, por el sello K en Capital, sería el tránsito perfecto de una complicación judicial a un rol otra vez relevante en el elenco oficial. Una mirada conspirativa, siempre presente en estos avatares, sugiere que en diciembre había existido una expectativa en lo más alto del poder ejecutivo de que avance la causa del caso Greco lo que podría salpicar al entorno más íntimo del ex ministro. En ámbitos políticos se especulaba que uno de los procesados -funcionario durante la gestión de Lavagna- estaba dispuesto a involucrar a una figura de absoluta confianza del ex ministro, tan cercana que le resultaría difícil despegarse del incidente. Los malintencionados sugieren que el único rédito de Lavagna en su acercamiento a Kirchner fue, justamente, evitar un amanecer amargo en días venideros.
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