Regresó Roberto Lavagna desde Europa para enfrentar su primera crisis de campaña. Por un lado, no consigue montar un esquema de comunicación confortable para su autoestima (ver «Opiniones del Periodismo» en página 8): suele no aprobar nada de lo que se publica sobre él y tampoco es demasiado dúctil para los consejos. Por otro lado, duró poco la estrategia de permanecer en alturas episcopales para que lo vayan a buscar con un diseño electoral ya acabado. El radicalismo residual y el peronismo ex duhaldista no se han puesto de acuerdo en el armado de una oferta bonaerense. Ni siquiera en la identidad del candidato a gobernador.
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Además, el radicalismo de la Capital se prepara para lanzar la candidatura a jefe de Gobierno de Rodolfo Terragno, complicando las perspectivas de un acuerdo con Mauricio Macri. A los radicales les sigue seduciendo la idea de vencer a Macri en la primera vuelta para, después, capturar sus votos en una segunda, contra Kirchner. Pero los peronistas prefieren al presidente de Boca como jefe de Gobierno para quedarse con la comuna. Por eso están enardecidos con la posibilidad de una candidatura de Terragno. Nadie sospecha lo más obvio: debe demostrarse todavía que Macri no es más que Lavagna a nivel nacional. Sobre todo para el electorado de centroderecha, ya que el de centroizquierda, presumiblemente, estará con Kirchner.
En este conflicto de todos contratodos de familias divergentes, el ministro debe recomponer también su discurso: hasta ahora, como publicó Jorge Asís en su «jorgeasisdigital.com», «
Lavagna provocó un maremoto en un florero», es decir, no trascendió todavía la frontera del público especializado. ¿Logrará hacerlo? ¿Conseguirá constituir un mensaje para el público común, gran parte del cual todavía no se enteró de su candidatura?
Convocados
De todas estas dificultades se habló ayer en el almuerzo que se celebró en las oficinas de Francisco de Narváez, en Las Cañitas. El diputado nacional y empresario -acaso el más consecuente apoyo que encontró hasta ahora el ex ministroconvocó allí al grupo El General: Eduardo Camaño, Jorge Sarghini, Juan José Alvarez. El encuentro, que sirvió para analizar estas peripecias, promete ser el primero de una ronda que piensa hacer Lavagna con distintos sectores. Su objetivo inmediato es conquistar una fuerza simbólica: el Partido Socialista, de tal manera que no le enrostren ser el mascarón de proa de elementos recesivos del panorama político.
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