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Furioso, sobre la hora, el nuevo «superministro» logró desactivar la presencia de la candidata presidencial en un acto institucional en su distrito con los vecinalistas.
Aquellos episodios eran apenas chispazos. Con De Vido, Massa deberá ahora discutir asuntos espinosos como el tren bala, sobre el que en su retirada Alberto F. espolvoreó apreciaciones fulminantes.
Un dato aleja, en principio, enfrentamientos más bravos. Massa cree que deberá aprender a convivir con De Vido en el gabinete. No concibe, sin embargo, un INDEC fuera de su órbita. Esa será su primera pulseada.
«La gente no quiere peleas, quiere que trabajemos», repitió, como un karma, una frase de manual cada vez que la prensa lo consultó sobre algún tema delicado. Es el modelo Scioli; al gobernador le funciona. Hacia adentro, Massa necesitará más que titulares.
Restablecer el frágil equilibrio entre pingüinos y albertistas,que se desintegró con la caída del porteño, será uno de los ejercicios más complejos a los que, apenas llegado a un cargo de alta exposición, deberá abocarse el nuevo jefe de Gabinete.
De fondo, la batalla por los modos de gestionar y el sistema de alianzas con que se gobierna que enfrentó durante los últimos cinco años a De Vido y Fernández, es una réplica en su esencia de los matices que separan a Néstor y Cristina Kirchner.
El dilema irresuelto, todavía, es si Massa será una extensión del patagónico o si, como se intentó mostrar desde que fue citado a Olivos la mañana del miércoles, funcionará como un resorte con terminal prioritaria, aunque no exclusiva, en la Presidente.
Los que en Casa Rosada ahora esperan que se produzca la última hipótesis, fantasearon por un rato con el nombre de Carlos Bettini como sucesor de Alberto Fernández. Por su cercanía y amistad con la mandataria, el embajador en Madrid venía a «cristinizar» el gobierno. No ocurrió. Tampoco prosperó Florencio Randazzo, con quien Massa quedó cabeza a cabeza en la pulseada final. Con el ministro del Interior, de perfil y ejercicio político, Massa también arrastra forcejeos. Uno del otro han hecho comentarios impublicables.
En 2006, cuando se derrumbó la chance de reelección de Felipe Solá, Massa y Randazzo se tentaron con la gobernación. Hicieron, cierta noche, un pacto de caballeros: caminar cada uno por su lado y luego, encuesta mediante, conformar una fórmula conjunta.
El acuerdo nunca se cumplió y se dedicaron a castigarse.
Un motivo similar lo enfrentó con Aníbal Fernández, por entonces ministro del Interior, y también aspirante a gobernador. En Olivos, una tarde de sábado, el quilmeño lo provocó:
- Pibe, vos más que quererser gobernador tenés que recuperar para el peronismo la intendencia de Tigre.
- Sí, y que «Pepe» vaya a Lanús quiso distraer, entre risotadas, Massa en referencia José Pampuro.
- Ustedes hagan lo que quieran: yo ya tengo mi candidato los dejó mudos Kirchner sin revelar el nombre secreto.
Desde ayer, conviven en un mismo gabinete y, con Randazzo, que tiene pretensiones de ordenador político, se pisarán los territorios. Ahora, dicen ambos, las viejas inquinas se esfumaron. Se verá.




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