25 de julio 2008 - 00:00

Le costará ser jefe de ministros

Toda una señal: la primera foto fue con Julio De Vido, para avanzar con la reestatización de Aerolíneas Argentinas, sobre la que su antecesor, Alberto Fernández, derramó dudas. Clara postal del debut: Sergio Massa, recién asumido, sonrió ayer junto al archienemigo del renunciante.

No siempre, como ayer para la TV, Massa y De Vido estuvieron codo a codo. La historia registra un incidente entre ellos, en 2005, por el manejo de la campaña « Cristina senadora». En Planificación y en la ANSeS funcionaban dos ventanillas paralelas.

Los modos, algún gris respecto a las obras públicas para municipios aparecieron, luego, como factor de tensión entre el todavía ministro y el ahora jefe de Gabinete. Lo que no podían llorar en Casa Rosada, muchos alcaldes lo lamentaban en el despacho de Massa en la ANSeS.

El tiempo, y la fascinación que los dos Kirchner expresaban abiertamente por el hombre de Tigre, suturaron aquellos duelos. Al punto que, en 2007, uno de los principales sostenes de la campaña de Massa en su distrito fue, justamente, la cartera que comanda De Vido.

Esa tregua se produjo, no casualmente, durante una temporada de conflicto entre el tigrense y Alberto F.

Factotum de la concertación, el jefe de Gabinete animaba a los candidatos no PJ y, entre ellos, al rival de Massa en Tigre: el vecinalista Ernesto Casaretto.

Furioso, sobre la hora, el nuevo «superministro» logró desactivar la presencia de la candidata presidencial en un acto institucional en su distrito con los vecinalistas.

Aquellos episodios eran apenas chispazos. Con De Vido, Massa deberá ahora discutir asuntos espinosos como el tren bala, sobre el que en su retirada Alberto F. espolvoreó apreciaciones fulminantes.

Un dato aleja, en principio, enfrentamientos más bravos. Massa cree que deberá aprender a convivir con De Vido en el gabinete. No concibe, sin embargo, un INDEC fuera de su órbita. Esa será su primera pulseada.

«La gente no quiere peleas, quiere que trabajemos», repitió, como un karma, una frase de manual cada vez que la prensa lo consultó sobre algún tema delicado. Es el modelo Scioli; al gobernador le funciona. Hacia adentro, Massa necesitará más que titulares.

Restablecer el frágil equilibrio entre pingüinos y albertistas,que se desintegró con la caída del porteño, será uno de los ejercicios más complejos a los que, apenas llegado a un cargo de alta exposición, deberá abocarse el nuevo jefe de Gabinete.

De fondo, la batalla por los modos de gestionar y el sistema de alianzas con que se gobierna que enfrentó durante los últimos cinco años a De Vido y Fernández, es una réplica en su esencia de los matices que separan a Néstor y Cristina Kirchner.

El dilema irresuelto, todavía, es si Massa será una extensión del patagónico o si, como se intentó mostrar desde que fue citado a Olivos la mañana del miércoles, funcionará como un resorte con terminal prioritaria, aunque no exclusiva, en la Presidente.

Los que en Casa Rosada ahora esperan que se produzca la última hipótesis, fantasearon por un rato con el nombre de Carlos Bettini como sucesor de Alberto Fernández. Por su cercanía y amistad con la mandataria, el embajador en Madrid venía a «cristinizar» el gobierno. No ocurrió. Tampoco prosperó Florencio Randazzo, con quien Massa quedó cabeza a cabeza en la pulseada final. Con el ministro del Interior, de perfil y ejercicio político, Massa también arrastra forcejeos. Uno del otro han hecho comentarios impublicables.

En 2006, cuando se derrumbó la chance de reelección de Felipe Solá, Massa y Randazzo se tentaron con la gobernación. Hicieron, cierta noche, un pacto de caballeros: caminar cada uno por su lado y luego, encuesta mediante, conformar una fórmula conjunta.

El acuerdo nunca se cumplió y se dedicaron a castigarse.

Un motivo similar lo enfrentó con Aníbal Fernández, por entonces ministro del Interior, y también aspirante a gobernador. En Olivos, una tarde de sábado, el quilmeño lo provocó:

- Pibe, vos más que quererser gobernador tenés que recuperar para el peronismo la intendencia de Tigre.

- Sí, y que «Pepe» vaya a Lanús quiso distraer, entre risotadas, Massa en referencia José Pampuro.

- Ustedes hagan lo que quieran: yo ya tengo mi candidato los dejó mudos Kirchner sin revelar el nombre secreto.

Desde ayer, conviven en un mismo gabinete y, con Randazzo, que tiene pretensiones de ordenador político, se pisarán los territorios. Ahora, dicen ambos, las viejas inquinas se esfumaron. Se verá.

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